The Kistch, the Camp and the Popular.

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Batman: Amor Loco y otras historias (Paul Dini y Bruce Timm) ECC Ediciones, 2014. Cartoné, 208 págs. Color, 20,50€

En mi relación con Batman hay tres momentos clave: el primero es el descubrimiento de la serie de los sesenta, en la que un no tan fornido Adam West interpretaba a Bruce Wayne/ Batman. Me encantaba, y lo sigue haciendo, la idea de lo pop y lo camp aplicado a la vida de un superhéroe que por aquel entonces todavía no era demasiado oscuro. Aquí se desarrollaba una idea de lo kistch aplicado sobre todo a las estéticas, el desarrollo de villanos, que eran el pop llevado al extremo; los mil gadgets del héroe cada uno destinado a solucionar un problema concreto (hasta el punto de encontrarnos un espray anti tiburones en la película), y los coches, el batmovil de la serie es quizás el vehículo más icónico de la ficción televisiva. Mi segundo momento clave es, el inevitable, The Dark Knight Returns de Frank Miller, donde se nos muestra al Batman más oscuro, en un realto que recoge la angustia ante la deriva de la sociedad estadounidense de mediados de los ochenta. La edad del personaje no ha pasado en vano no solo a nivel físico si no a también mental, se nos presenta a un personaje ultraconservador en una Gotham machada por la violencia e incapaz de salvarse a sí misma y dependiente de la oscuridad de un héroe incapaz de redimirse.

El tercer y último momento es la llegada de la serie de animación de los noventa a mano de Paul Dini y Bruce Timm. Ese trabajo aunaba los dos momentos anteriores. Por un lado la iconografía kistch de la serie de los sesenta en la que la imagen del superhéroe se veía realzada, y una revalorización de la estética de los enemigos de Batman que llevaba estancada en el cómic y que en ninguna de las pelis de Tim Burton y posteriormente Joel Schumacher habían conseguido revitalizar. Y por otro lado se mantenía la oscuridad de la obra de Miller, Gotham era aterradora a pesar de la camp en la descripción de los personajes. La serie en cuestión fue la primera animación seria de superhéroes que no dejaba de lado a ningún tipo de público y complacía a todo el mundo.

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Por eso para mí ha sido una gran noticia la aparición de Amor loco y otras historias, de Paul Dini y Bruce Timm dos autores capaces de reescribir a un héroe como el caballero nocturno de Gotham mientras mantienen la esencia del personaje. Amor Loco, la historia es un ejemplo del valor que aportan estos dos autores al microuniverso psicótico de la ciudad. Aquí retoman a un personaje que empezó como secundario en Batman – The Animated Series y que poco a poco fue adquiriendo valor; asistimos al origen del personaje, pero con el estilo único que aportan Dini a la narrativa y Timm al dibujo apartándose por completo de las estéticas del comic de superhéroes convencional e inclinándolo del lado del cartoon.

Pero la historia de los orígenes de Harley Quinn no es el único relato al que podemos asistir en este volumen. En la colección de Grandes autores que la editorial dedica a Batman suelen estar centrado en los  creadores, al igual que este volumen; sin embargo, este en cuestión es también un recopilación de la visión que estos dos autores tienen de los villanos ya que aparte de la revisitación de los orígenes de Harley Quinn nos encontramos con una revalorización estética de los villanos de la colección desde el Joker, a Poison Ivy pasando por el Espantapájaros, hasta la inevitable Catwoman. Incluso se atreven con la creación de un nuevo personaje Roxy Rocket. A todo esto Batman asiste, casi, como un personaje secundario del villano de turno. El tercer bloque de historias es un anual en el que explota una vertiente narrativa ligada al relato de género con carácter pulp. Una historia en la que aparece Ra’s Al Ghul y Jason Blood y su alter ego el Demonio Etrigan. Esta historia aparte de ser el colofón perfecto para este volumen es un hermoso tributo al gran Jack Kirby.

Amor loco y otras historias, es un título refrescante que deja de lado las manidas narrativas actuales de superhéroes para convertirlas en un relato pulp, de culto de mano de dos autores capaces de reconvertir a uno de los iconos del cómic, la ciudad y sus villanos, abrirlos al mundo sin que pierdan un ápice de su encanto principal. Delicious.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

 

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Spain is Pain #200: Tierra y pueblo

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Tierra negra (José Antonio Ávila y Daniel Viñuales) GP Ediciones, 2014. Cartoné, 72 págs. Color, 14€

La vida de la mina está vinculada al colectivo que a la larga se convierte en una gran familia que sufre cada vez que tiene lugar un derrumbamiento. Desconozco por completo ese tipo de trabajo, pero creo que es duro, muy duro. Para mi las referencias más inmediatas son aquellas vistas en películas, documentales o noticiarios. De esto últimos me viene a la memoria aquella catarsis colectiva a nivel mundial de los mineros chilenos que quedaron atrapados durante meses y luego fueron sacados en honor de multitudes, por medio aparecieron rencillas con las familias, adulterios y propaganda pura y dura para los políticos y empresarios de turno. En cuanto a los documentales recuerdo el primer segmento del documental Workingman’s Dead (2005) de Michael Glawogger en el que un grupo de mineros de Europa del este realizan su trabajo sin amparo alguno en una mina en la que no se pueden poner de pie y van tumbados todo el rato. En ambos casos se trata de dos ejemplos en los que el colectivo se unifica por un bien común.

También existen casos en los que sucede lo opuesto, me viene a la memoria el film chino Blind Shaft (2003) de Li Yann, en el que dos mineros  se dedican a ir de mina en mina coger a incautos para que trabajen con ellos, matarlos dentro de la mina y hacerse pasar por familiares para cobrar algo de dinero por parte del empresario en cuestión. Este último ejemplo se aparta completamente de esa idea del colectivo ligado a la mina: no hay comunidad, no hay colectivo y no hay bien común. Y lo que es peor no hay un dolor compartido por la muerte de un compañero si no todo lo contrario. Blind Shaft es un ejemplo de una sociedad que está mutando radicalmente de un modelo económico a otro y de cómo eso perturba el sentido de trabajar para ganarse el pan.

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Más cercano a los dos primeros ejemplos y muy alejados del último encontramos Tierra negra de José Antonio Ávila y Daniel Viñuales. Un cómic de carácter costumbrista que ambientado en 1920 en la provincia de Teruel, concretamente en Utrillas, un pueblo minero que espera la inauguración de un hospital y de las oficinas de la empresa que gestiona la explotación de las minas. Pero durante el cambio de turno en la mina tiene lugar un derrumbamiento en el que quedan atrapados dos mineros un más joven que el otro. A partir de ese momento la inauguración de los edificios pasa a un segundo plano, y generándose una interesante narrativa de la espera. Mientras que las personas que están fuera trabajando a destajo para desenterrar a sus compañeros o los familiares de estos se muestran nerviosos e impacientes; los dos mineros atrapados se muestran tranquilos dándose consuelo el uno al otro.

Alejándose de un tono lastimero contándose la vida, generando panorámicas costumbristas de la vida del obrero de antaño: la llegada del tren, la familia, su entrada en la mina, etc. Pero sobre todo se nos muestra el funcionamiento de la jerarquía laboral del pasado, en ese aspecto hay un exceso de visión buenista hacia los mandamases y de excesiva complacencia por parte de los trabajadores. Los empresarios y la iglesia disponen mientras los obreros no tienen más remedio que acatar pacientemente el ritmo marcado por estos.

La faceta creativa de esta obra va de acuerdo con lo narrativo mostrar lo duro de la mina pero lo amable de aquellos tiempos, para ello se sirve de un trazo que juguetea con lo áspero y que saca provecho del bitono marrón. En cuanto a la historia es interesante y supongo que para los habitantes de la zona tendrá una vertiente emocional a pesar de no estar basado en hechos reales, tan solo la inauguración de los edificios. En conjunto la valoración es positiva pero echo de menos un contexto histórico de la región.

@Mr_Miquelpg

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La nieve que arde

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Tungsteno (Marcello Quintanilha). La Cúpula, 2014. Rústica. 188 págs. B/N. 18,50 €

Londres siempre está cubierta por la niebla. En Seattle siempre llueve. Por eso muere gente allí, los malhechores y los asesinos se ocultan entre las sombras, bajo enormes abrigos mojados. El último aliento termina convertido en un vaho blanco y denso, que se pierde en la noche. Los grandes maestros de la serie negra siempre se han ocultado en climatologías adversas, hasta el punto que muchos se han valido en exclusiva de la noche cuando sus héroes habitan climas más benignos. Philip Marlowe puede quejarse profusamente del calor de Los Angeles, pero el grueso de su acción tendrá lugar cuando caiga el sol, las calles se vacíen de gente honrada y la luna hiele las calles y la sangre.

Esta tendencia hacia la estandarización de un género es algo totalmente comprensible, tanto desde el punto de vista del autor como del consumidor. El autor busca que su obra sea rápidamente reconocible por el público, quienes seguramente estén buscando una obra que se parezca a tal o cual que acaban de disfrutar. Por eso, las roturas son tan complicadas, es tremendamente complejo innovar en un género temático pues es difícil llegar a ese punto donde la obra es reconocible aún dentro de los parámetros del género, pero se separa lo suficiente como para alcanzar eso que llamamos originalidad. Esta rotura controlada suele ser más exitosa cuando se mantiene el género pero se aleja de las cronotopias más transitadas.

Tenemos un ejemplo perfecto de la rotura del thriller en el nuevo cine Coreano, donde autores como Na Hong-Jin o Kim Jee-Woon han convertido el martillo es un símbolo de una fuerza imparable. Algo parecido es lo que consigue Marcello Quintanilha en Tungsteno una obra pura de serie negra capaz de romper los esquemas predeterminados del género para transitar los mismos caminos de siempre pero desde una perspectiva y unos parámetros totalmente nuevos. Marcello Quintanilha centra toda la acción de Tungsteno bajo el sol de Salvador de Bahía, concretamente en un turístico fuerte colonial situado en la playa. En este lugar tan concreto se cruzan las vidas de varios personajes conectados por dos pescadores furtivos que lanzan explosivos al mar. La luz y las gafas de sol toman el lugar del frío y las gabardinas para hacer que la entrada en la lectura de Tungsteno sea como mínimo curiosa. Marcello Quintanilha llena el cómic de un costumbrismo brasileño lejos de la visión externa de un turista, dando un nivel superior en la presentación de los personajes.

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Porque ante todo, los personajes de Tungsteno son tan reales como creíbles. En este sentido no hablamos de personajes redondos o complejos, sino de personajes reales. Muchas veces se ha presentado a los héroes de la serie negra como paladines del bien mancillados con algún defecto perdonable a la larga. Pero Marcello Quintanilha huye rápido de policías alcohólicos de buen corazón y granujillas de la calle llenos de humor. Todos los personajes de Tungsteno creen actuar en base al bien, como cualquiera de nosotros, pero todos son unos cabrones egoístas para según que tema, igualmente como nosotros. Así que de entrada puede parecer algo complejo empatizar con cualquier habitante del cómic, porque absolutamente todos tienes defectos imperdonables, defectos que en ningún momento intentan eliminar, pues para más de uno pueden incluso considerarlos hasta virtudes. Pero ante la negación de la empatía llega la comprensión, el entendimiento de unos personajes más reales que complejos.

Aunque por si esta endiablada construcción de personajes fuera poco, Marcello Quintanilha se empeña en contarnos la historia de sus personajes centrada en un solo instante. El autor sabe contar en muy poco toda la carga vital que llevan sus personajes a las espaldas para dar un nuevo nivel de entendimiento a las acciones de sus criaturas. De este modo, aunque el grueso de la acción de Tungsteno no llegue en tiempo diegético a un par de horas, como lectores somos conscientes de todo lo que ha llevado a los personajes hasta ese punto. En la narración también encontramos aciertos propios del medio difícilmente extrapolables a otros, como el salto temporal continuo que permite a Marcello Quintanilha avanzar y retroceder continuamente, haciendo dudar al lector de si algo acaba de ocurrir antes o después de la escena que acabamos de leer.

El dibujo de Marcello Quintanilha también refuerza el valor de serie negra de Tungsteno con una acción y unos gestos propios del thriller más moderno, optando siempre por los encuadres y perspectivas más cinematográficas. Quizás no resalte demasiado en las escenas más estáticas, pero no se puede negar que el autor consigue cargar de movimiento las secuencias de acción, aunque las mismas se alejen de los grandes tiroteos y se centren más en alguna pelea y disparo suelto. Lo que ayuda a incrementar el tono general del cómic, tan localista como interesante. En resumen, Tungsteno es una lectura muy interesante, una obra noir bajo el sol de Brasil pero huyendo de todos los tópicos que desde fuera relacionamos con el gigante sudamericano.

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Jugando a ladrones y policías

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Bandette: Presto! (Paul Tobin y Colleen Coover). Aleta Ediciones, 2014. Cartoné. 144 págs. Color. 17,95 €

La imaginación puede llegar a considerarse casi un error evolutivo, algo parecido a lo que el detective Rust Cohle, el protagonista de True Detective, comenta sobre la autoconciencia. La inteligencia es útil, ya que ayuda a solucionar nuevos o viejos problemas con nuevas soluciones, mientras que la imaginación tiene poco uso más allá de la evasión y el juego, es casi una cualidad onanista reservada al placer puro. En el caso de los niños es donde más protagonismo adquiere la imaginación, pues mientras desde fuera podemos ver a un grupo de niñas y niños, dentro del mismo se puede librar una batalla en una selva perdida, un tiroteo en el salvaje oeste, el abordaje de un galeón en las antillas españolas o el asalto por la fuerza a un banco lleno de lingotes de oro. Como es lógico, los defensores del juego, dirán que mediante el mismo los niños desarrollan la inteligencia, el pensamiento abstracto y la capacidad de trabajar en grupo; entre muchas otras capacidades, pero lo único cierto es que los niños viven sus aventuras y las disfrutan.

 Ante esta situación tan beneficiosa y divertida, pues pocas veces seremos tan libres como trepando a un árbol creyéndonos Tarzán, la sociedad actual parece empeñada en acabar con la imaginación. Quedan pocos textos puros que sirvan como trampolín directo a la acción más pura y libre. Películas como Piratas del Caribe o El llanero solitario de Gore Verbinski son una invitación directa al juego, enormes patios de recreo mentales que invitan a los más pequeños, y algunos inmaduros como el que escribe, a querer ser piratas y vaqueros. Un sentimiento que he vuelto a tener al leer Bandette de Paul Tobin y Colleen Coover, quienes en su primer volumen, Presto!, han conseguido que me enamore de una ladrona adolescente parisina y de sus jóvenes compinches. Aunque cuando uno se enamora de Bandette no quiere comprar flores o bombones, quiere saltar por las azoteas y robar diamantes negros.

 En un mercado donde la mayoría de los cómics de entretenimiento son obras adultas infantilizadas, es de agradecer encontrar cómics como la propuesta de Paul Tobin y Colleeen Coover, quienes se preocupan por construir un universo personal y divertido que invita, casi obliga, a la diversión y el juego. El tono de Bandette es ligero y fresco como una carcajada espontánea. En el planteamiento inicial no encontraremos elementos ni muy originales ni muy complejos. Bandette es una ladrona de guante blanco que reparte su tiempo entre robar a mafiosos y ayudar a la policía, siempre acompañada por un grupo de ayudantes que van desde un repartidor de comida hasta un trío de bailarinas de ballet, todo sin olvidar a su perro Pimento. Como es lógico, Bandette tiene su némesis en Absenta, líder de la organización criminal Finis, con diversos maleantes a su servicio como la feroz asesina Matador. Después hay personajes en tierra de nadie, como el ladrón Monsieur o el inspector de policía B. D. Belgique, aparentes enemigos pero verdaderos aliados de la joven ladrona.

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 Aunque la aparente falta de originalidad en la disposición de los elementos narrativos, se pierde totalmente cuando entran en movimiento, ya que Paul Tobin consigue llenar cada trama y escena con una inteligencia y vitalidad que invitan a la sonrisa y el salto. La pequeña Bandette es la típica adolescente capaz de atraer todas las miradas y simpatías, sino enamorando al menos convirtiendo en aliado a cualquiera que se cruza en su camino. De este modo es fácil acompañarla en la montaña rusa de su aventura, preguntándonos continuamente cuál será su próximo plan perfecto y absurdo, o como se pondrá nuevamente su vida en peligro. Por suerte, el dibujo de Colleen Coover está totalmente adaptado al tono de la historia, consiguiendo no sólo llenar de vitalidad las páginas, sino reforzando la autoparodia de las historias. Quizás con otro acabado gráfico, Bandette perdería su magia y podría parecer una obra liviana o incuso tonta, pero Colleen Coover da la puntilla perfecta, haciendo que Bandette alcance la misma iconicidad que la detective Nancy Drew o la gamberra Pipi Calzaslargas.

 No se pueden negar las referencias que Paul Tobin y Colleen Coover han tomado para crear Bandette, mezclando en una coctelera elementos tan dispares como las novelas de aventuras para jóvenes del mercado anglosajón y el cómic juvenil francobelga. Hay elementos que se pueden considerar guiños como el propio nombre de B. D. Belgique, pero toda la obra habita un universo de un París ficticio surgido más de las referencias culturas que de la propia historia o geografía. El París de Paul Tobin y Colleen Coover es más la ciudad reimaginada por el público estadounidense que una recreación real de la ciudad. Esto no debería entenderse como una falta de profesionalidad, sino como un juego en el que chocan diferentes referentes para crear un mundo imposible. El mundo de Bandette. ¡Presto!

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Spain is Pain #199: Fiesta de reencuentro

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Serie B (Andres G. Leiva) Dibbuks, 2014. Cartoné, 152 págs. Color, 18 €

En su ensayo Casablanca o el renacimiento de los dioses Umberto Eco hace un análisis de la película de Michael Curtiz desde una doble perspectiva: la del fan y la del académico. Habla del film como un texto de culto que basado en su condición de película de retorno cíclico a la que se vuelve una y otra vez a pesar de conocer el argumento, los personajes, la resolución de la trama o independientemente de la calidad de la narración. El espectador vuelve porque la obra es interesante y la consideran hermosa. Para Eco un texto de culto es aquel que está completamente amueblado, que es desmontable y que sea un texto de textos. Se trata de una serie de elementos que dan lugar a la fascinación, haciendo que un texto sea, y cito, “un fenómeno digno, sino de otra cosa de veneración” es decir de culto.

Pero el teórico italiano establece una condición más para que el texto de culto sea considerado como tal, o funcione como tal, esta es la utilización de arquetipos eternos, o dicho de otra manera situaciones que han presidido las historias de todos los tiempos incluyendo la utilización de mitos históricos y contemporáneos: de manera que, citando directamente a Eco, “cuando todos los arquetipos irrumpen sin pudor alguno, se alcanzan profundidades homéricas. Dos clichés producen risa. Cien, conmueven. Porque se percibe vagamente que los clichés hablan entre sí y celebran una fiesta de reencuentro”.

Eso es lo que es exactamente Serie B de Andres G. Leiva, una fiesta de reencuentro de arquetipos vinculados a las narrativas cinematográficas del cine hecho para el entretenimiento puro y duro. Pero es una fiesta que necesita una invitación para entrar: el background cultural. Algo de lo que Eco nos hablaba en su obra Obra abierta, la necesidad de tener un background cultural para poder cerrar la obra. En este título Leiva nos propone un gran juego, una metanarración en la que los protagonistas se mueven en un equilibrio muy fino a medio camino de la ficción y la realidad. La puesta en escena es la siguiente: un director de cine por lo que parece bastante experimentado dirige un film que encarna la pura esencia del cine de serie b, con la excepcional de que el cast está compuesto por personajes reales y actores. Estos últimos bastante mediocres.

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Pero el quid de la cuestión es la similitud en la construcción de un film como Casablanca (a la que se hace referencia visual en este libro), que se fue elaborando de una manera un tanto caótica, con la cinta que se rueda en las páginas de esta obra que parece no tener ni pies de ni cabeza. Aunque nosotros como lectores y viendo solo partes de esa cinta podemos percibir por completo en su complejidad, que en realidad es simplicidad por el excelente manejo que el autor realiza de los lugares comunes de las narraciones que nos indica el camino correcto para hilar la historia narrada en segundo plano.

Pero el hilo que unifica toda la narración es el drama de Getrud, una amante despechada que ingiere un experimento científico de su amante a modo de venganza y la convierte en una mujer de un tamaño inmenso que sigue siendo acosada por los hombres. Ella el único deseo que tiene es reducir su tamaño, pasar desapercibida. La conversión física de esta lejos de convertirla en un monstruo al que la humanidad tiene que temer sus acciones la convierte en una estrella, es asumida por la cultura pop, forma parte de ella se convierte en una historia de cine. Gertrud es una sosias de Nancy Fowler Archer, la protagonista del film El ataque de la mujer de 50 pies, pero no es la única referencia, Gertrud comparte papeles con King Kong, Gort y Robby el robot entre otros personajes de la ficción cinematográfica de género.

En otros términos podríamos definir Serie B como un pastiche, pero no entendamos esa categorización como algo negativo y menos viniendo de este autor, en el que se hace necesaria la colaboración del lector para entrar en un juego de referencias culturales que aquí nos encontramos plasmadas con gran maestría y alejadas de lo críptico. Todo lo contrario es un canto de amor a la iconografía del cine tal y como se entendía hace unas décadas, cuando el cine, los libros, los cómics, se convertían en obras de culto a golpe de lectura, de hablarlo y de hacer revisiones continuadas; y no a golpe de ratón.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

 

El cuñado que vive en ti

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Ranciofacts (Pedro Vera). ¡Caramba!, 2014. Rústica. 112 págs. Color. 18 €

Una vez tuve un cuñado que era un ser perfecto de luz. Un ente capaz de traspasar océanos de sabiduría para colocar la última puntilla de perfección en cualquier conversación. Historia precristiana, música electrónica belga o el mejor sitio para comer una tortilla de patatas, siempre tenía respuesta para todo. Se colaba en cualquier conversación, se disculpaba sin un ápice de humildad y te salvaba la vida. De poco importaba que le pusieras delante una enciclopedia que lo desmentía, que tú tuvieras un doctorado sobre el tema que te estaba discutiendo o que el supuesto local no hubiera tenido en su carta tortilla de patatas en la vida. Ese libro estaba mal, no todo se puede aprender en los libros y aquel día el cocinero le hizo tortilla de patatas a él porque lo conoce desde pequeño, que jugaban juntos al fútbol. Por si esto fuera poco, el tío era gracioso y lo sabía, así que no tenía problemas en llenar cualquier hueco existencial con chascarrillos populares cuya autoría reclamaba. Nada de chistes, sólo frases rotundas, certeras, oneliners demoledores.

Aquel ser supongo que fue llamado para grandes cosas y desapareció de mi vida. Gracias. Aunque lo que no desaparecerá nunca será el temor, el horror, la angustia vital de saber que sigue vivo por ahí, de que hay muchos más como él y que dentro de todos nosotros bulle un cuñado, cultivado profusamente por nuestra sociedad, que lucha por abrirse paso por nuestro pecho, desgarrar nuestras mandíbulas y hacernos decir: “El potaje está más rico de un día para otro”. Porque no nos engañemos, todos somos cuñados y el cuñadismo extiende sus alas mucho más allá de las cenas de Navidad. Si alguien lo duda, no tiene más que sentarse tranquilamente y leer Ranciofacts de Pedro Vera. Primero te vas a reír, te vas a reír mucho, pero después te vas a sentir muy mal, porque te vas a ver totalmente reflejado en la historia. No hace mucho dije que Hechizo total de Hanselmann era un espejo oscuro en el que la juventud fracasada podía verse reflejada. Ranciofacts es en cierto sentido el mismo ejercicio filosófico, sólo que Pedro Vera nos obliga a mirar a la cara a nuestra naturaleza más rancia, a ese piloto automático que por acción u omisión todos tenemos dentro para llenar conversaciones, saber comportarnos en sociedad y supuestamente ser graciosos.

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En este sentido, el valor de Pedro Vera va más allá de documentar un hecho, ya que él fue el principal creador del concepto #ranciofacts en su perfil de Twitter, una forma de documentar las miserias del español medio, desde el cateto de pueblo hasta el hipster de capital, que ha calado durante años en la red social. Esto es sin duda algo meritorio, pues cuando ya nadie se acuerda de los grupos “señoras que…” los ranciofacts no paran de resurgir continuamente, quizás porque precisamente son cualquier cosa menos una moda pasajera, son la mejor definición del hombre español desde la Generación del 98. Ya en Ortega y Pacheco, Pedro Vera reflejó sin el más mínimo complejo la España más cruda y real, tirando directamente por reflejar lo que hay por nuestras calles sin pasarlo primero por el filtro de la cultura popular americana. El autor murciano es capaz de colocar la Derbi Senda en el mismo plano mitológico que el Cadillac Eldorado. Pues al final, nuestras miserias son nuestras particularidades, lo que nos hace diferentes.

Diferencias que juegan al despiste con el estereotipo y el tópico. Todos nos queremos creer especiales cuando realmente seríamos incapaces de vivir sin la calidez de los tópicos, esos lugares comunes que nos permiten distinguir a alguien por su ropa o saber que decir en un velatorio. Eso es Ranciofacts la visualización de la comodidad convertida en norma, de tonterías que repetimos tantas veces que terminan juntándose por sedimentación y creando al prohombre español. Olé, olé y olé. De modo que Ranciofacts se convierte más en un repaso que en un estudio, Pedro Vera no te va a decir nada que no sepas, va a señalar con el dedo muy serio. Aunque claro, el dibujo de Pedro Vera va a obligarte a reírte, su trazo personal e inconfundible es casi una institución en el cómic español, creando un universo propio tan real como aterrador. No quiero desmerecer las capacidades como guionista de Pedro Vera, que son muchas, pero podría pasarme horas viendo sus dibujos, pasando delicadamente mis dedos por sus dibujos de gitanas gordas y famosos estrábicos. La frase “este tío parece dibujado por Pedro Vera” es un ranciofacts en si mismo. Si no miren al Pequeño Nicolás o a Camarón.

Así que te invito a que seas un hijo de puta, cómprate primero Ranciofacts para ti y te lo lees, luego compra alguno más y se los regalas a tus cuñados, los cuales se van a reír mucho sin darse por aludidos. Aunque claro, quizás a nosotros nos pase exactamente lo mismo, quizás como una gran broma cósmica, todos leemos Ranciofacts proyectando su imagen siempre hacia al otro, sin pararnos a pensar en nosotros mismos. Porque al final del día, todos somos sinceros, amigos de nuestros amigos y sabemos divertirnos pero con cabeza.

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Profesión y género

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Natacha (Walthéry) Dolmen Editorial, 2014. Cartoné, 160 Págs. Color, 29,95€

Natacha de Walthéry es uno de esos trabajos que transita en un difícil equilibrio en lo que se refiere al diseño de personajes sexualizados en publicaciones destinadas inicialmente al público infantil-juvenil. Pongámonos en situación: las aventuras de esta azafata empiezan allá por 1970 cuando la segunda ola del feminismo está en su momento álgido. Tan solo 2 años antes el colectivo New York Radical Women encabezaba la protesta No More Miss America por considerar el certamen de belleza sexista y racista. Dichas protestas tienen como piedra angular el desmontar una visión del cuerpo de la mujer que pasa por unos cánones de belleza muy concretos que marcan un estereotipo sexualizado de la mujer muy determinado.

Quien conozca un poco a la azafata que protagoniza los cómics de Walthéry sabrá que Natacha encarna esos prototipos de belleza contra los que protestaban las New York Radical Women. Y posiblemente en aquel momento ese ideal de mujer fuese diametralmente opuesto a aquel planteado por las mujeres que reivindicaban su derecho a decidir sobre su propio cuerpo y a crear un espacio propio en el que desarrollarse sin tener que someterse a los cronotopos patriarcales clásicos. Posiblemente a día de hoy esas dos visiones de la mujer no sean tan opuestas, los cánones de bellezas preestablecidos por el patriarcado en el pasado no son sinónimo de alienación si no de la conquista de la mujer de su propio cuerpo.

¿Qué papel juega ahí Natacha? Evidentemente es una mujer que por su físico podemos considerar como sexy, ¿Es feminista? Seguramente no, rotundamente no. Pero a pesar de eso es capaz de delimitar su espacio físico, personal y decidir por sí misma los riesgos que desea correr. Natacha no deja de ser una ensoñación de un personaje que encarna un prototipo de mujer vinculado a una profesión que hasta hace un par de décadas se podía considerar exótica. A parte del aspecto laboral el físico de esta mujer se ve constreñido por el género narrativo en el que se circunscriben sus acciones: aventuras y espionaje. Resumiendo: por todas esas razones el físico de Natacha debe de tener esas formas por lo vinculado a los topos de esas historias.

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Dejando de lado ciertas lecturas el cómic de Walthéry se enfrenta de entrada a un gran escollo el hacer de un personaje que parece sacado de un cómic para adultos en protagonista de un tebeo destinado para los más jóvenes de la casa. A pesar de la sexualidad que brota de Natacha, ni el dibujante ni los guionistas (en este volumen participan Gos, Borgers y Wasterlain) se salen nunca de lo preestablecido para este tipo de narrativas, que más bien son de carácter iniciático. Por otro lado Natacha es un buen cómic de género muy cercano al giallo en cuanto a lo rocambolesco de la resolución de las tramas de unas historias que están destinadas a entretener a todos los públicos.

Si bien, como decía antes, lo exótico de la profesión de azafata se ha perdido por el camino, al igual que el hecho de volar que era algo que hace 40 años no podía hacer todo el mundo, las historias encarnadas por esta mujer siguen teniendo un gran encanto, lo cual justifica esta edición a cargo de Dolmen, que nos sirven para ver cómo se percibía las diferencias culturales entre el primer y el tercer mundo. Pero Natacha es sobre todo un cómic divertido con un derroche visual impresionante. En este primer integral ya se puede apreciar la evolución estilística de un dibujante que brilla, por encima de todo, en las escenas de acción, las persecuciones y en la descripción de personajes (el diseño de la protagonista y en el de Walter, su sidekick, también es auxiliar de vuelo). La serie se enmarca perfectamente en esas narrativas en la que la profesión de la protagonista define las circunstancias de las acciones en las que esta se encontrará en el futuro y el que el lector poco a poco va conociendo algo de ese mundillo profesional. Natacha es otro volumen imprescindible para ver en todo su esplendor a uno de los autores clave de la “Escuela de Marcinelle” amen de una oportunidad estupenda para recuperar a uno de los personajes más icónicos de la revista Spirou.

@Mr_Miquelpg

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