Spain is pain #196: Disolución.

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Out of my brain. Viaje sin retorno (Miguel Ángel Martín) Rey Lear, 2014. Rústica, 120 págs. B/N 18,95€

Desde unos años antes de que China fuese escogida como sede olímpica, el gobierno de Pekín emprendió una serie de medidas enfocadas hacia una renovación urbanística de la ciudad. Dicha reconstrucción tiene como hito la ciudad de Shenzen una metrópolis que tiene como origen un pequeño pueblo de pescadores situado relativamente cerca de Hong Kong. Shenzen es la nueva China, por ahora, pero los planes pasan por unificar, más bien absorber, las diferentes ciudades que hay alrededor y crear megalópolis con poblaciones que superaran sin ningún tipo de esfuerzo la población total de España. Pero es evidente que para construir es necesario destruir, porque como parte de esa reconstitución a la nueva China se tienen que demoler los viejos edificios, tal y como recoge Jia Zhang Ke en Naturaleza muerta y la construcción del embalse de las tres gargantas. La cuestión es ¿Qué pasa con la memoria histórica que se constituye a partir del paisaje urbano? La demolición no solo es un acto físico, sino que también icónico, y así lo han entendido muchos artistas chinos que han decidido plasmarlo en obras efímeras en casas medio derruidas o aquellas que están destinadas a desaparecer y a las que se les condena con el carácter de la palabra chai gracias al cual los artistas saben sobre qué lugares actuar.

Creo que podemos equiparar en esa función a Miguel Ángel Martín en Out of my Brain. Viaje sin retorno, en la que nos muestra el tercer y último acto de su personaje más popular, Brian. ¿Por qué equiparo ambas funciones? Aunque en un principio podrían parecer diferentes, ya que los primeros son intervencionistas, actúan sobre algo que ya está hecho para resignificar el contenido de lo que estamos viendo para preservar la memoria de alguna manera, el segundo es un narrador, crea desde cero. O más bien, ha ido creando durante las dos últimas décadas. Este tercer acto ha sido un acto de demolición por parte del autor pero también una llamada para que no nos olvidemos de él. Brian, el chico con el cerebro por fuera de la cabeza, sigue estando ahí, no prosperó tras la adolescencia, se quedó atascado en una especie de bucle, al igual que los simios que van de laboratorio en laboratorio para que puedan hacer investigaciones con él.

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Para ello Martín nos muestra un doble acto de demolición: uno físico, el de Bio Lab, edificio en el que la madre de Brian hizo de conejillo de indias y por el que él salió con esas características físicas, y otro de carácter intelectual, Brian se va disolviendo poco a poco a consecuencia de lo hiperdesarrollado de su cerebro. Supongo que todos tenemos una imagen más o menos clara de lo que era Brian en sus primeras apariciones: un niño alegre que en un principio era inconsciente de lo excepcional de su físico para poco a poco empezar a darse cuenta de que esa era la causa por la cual sus compañeros lo fueron discriminando, y a pesar de eso Brian siempre se mantuvo más o menos cerca, para no perder el contacto humano. En el segundo acto de su historia Motor Lab Monqi se centra en la adolescencia de Brian en la que este es consciente de la incapacidad de mantener relaciones personales cercanas, aquí empieza el acto de demolición del personaje, el dibujo de Martín sigue siendo con formas redondas, sigue siendo amable, lo cual nos da una doble lectura, una pequeña esperanza: Brian puede esperar algo del futuro.

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Pero en el tercer acto el autor leonés se muestra implacable en el tono imperante, la narración y en un dibujo que podríamos denominar como áspero. Al menos en la descripción física de Brian. Mientras que el resto de personajes, casi todos secundarios, siguen teniendo formas más o menos amables a pesar de ser unos hijos de puta integrales. Pero en este último trabajo impera otra tónica, la cuasi desaparición de la ciudad. La obra de Martin se ha caracterizado no solo por narrar la vida de los personajes protagonistas sino también por la de ser un cronista de la evolución urbanista de la ciudad. Siempre hay una presencia importante e imponente de las arquitecturas diseñadas por el autor, estas han definido en gran parte el devenir de los personajes y de la evolución de estos. Creo que por primera vez en su obra lo urbano pasa a un segundo y tercer plano, pierde relevancia y por primera vez se convierte en fondo. Ahora sí, Brian es el protagonista único y completo de una obra, creo que Martín se lo debía, darle un final más o menos digno, un final que todos recordaremos durante mucho tiempo.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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