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Los hombrecitos. Primeras historias. 1967-1970 (Albert Desprechins y Pierre Seron) Dolmen Editorial, 2014. Cartoné, 192 págs. 29,95€

Uno de los grandes problemas de la ciencia-ficción actual es que se ha convertido en narrativas de acción ambientadas en futuros posibles, ya sean lejanos o de pasado mañana. Esto sucede sobre todo en el ámbito cinematográfico y del noveno arte. La literatura de este género ya hace décadas que decidió apartarse de ese camino de la pornografía de efectos especiales y centrarse en la exploración antropológica y el devenir de la civilización occidental enfrentados a los retos de toda la vida en otros entornos, aunque siempre hay excepciones y también hay títulos SF que abordan las temáticas desde el ámbito del entretenimiento más ramplón. En esa onda esta The shape of things to come de H.G. Wells uno mis escritores favoritos. En ese libro el autor británico especula sobre la evolución de la humanidad desde 1933 hasta 2106, viendo como a pesar del desarrollo de la misma se ha encaminado hacia la constitución de una comunidad pacífica sienten cierta nostalgia los rasgos más primitivos de la raza humana.

Especular, esa debería ser, en principio la base de todo relato de ciencia ficción. Intentar recrear aquello que sucedería si determinados caminos fuesen tomados o si una situación al azar procura una nueva oportunidad a la humanidad, o bien si esta se la quita. Sin embargo no toda especulación ha de ser demostrativa de lo equivocado de las decisiones de la raza humana como especie, ni de carácter negativo. La ciencia ficción nos ofrece una oportunidad de lo que el futuro nos puede ofrecer, y puede ser ciertamente didáctica. A mí me gusta pensar que Los hombrecitos de ser Albert Desprechins y Pierre Seron es un relato fantástico sobre un futuro posible dentro de un presente real que ofrece una visión optimista y didáctica de lo que puede ser el desarrollo humano visto desde un punto de vista muy positivo.

Pero vayamos por partes, ¿Qué valores positivos tiene? El primero el de la superación grupal. Los habitantes de Rajevols tras verse afectados por la caída de un meteorito que reduce de tamaño a todo aquel que lo toca, deciden no venirse abajo y crean una nueva ciudad a su medida dentro de unas cisternas que había en la antigua ciudad. La nueva urbe recibirá el nombre de Eslapión. Esta al igual que la descrita por Orwell en su novela vive un desarrollo tecnológico y social continuo. Los medios de transporte están más desarrollados, la comunidad está más cohesionada, y el tamaño actual de sus habitantes no les ha hecho menguar su espíritu de superación. Pero ¿qué es lo que sucede en las otra civilización? la de los grandes. El tenerlo todo fácil y hecho a su medida les ha dado a estos habitantes una capacidad inmovilista a la hora de evolucionar. Es decir, el estatismo provocado por la carencia de retos erosiona la capacidad de superación de la humanidad.

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Todo esto es, quizás, una lectura excesivamente trascendental para un tipo de historieta cuya principal misión es entretener a lectores de todas las edades. Y cuando digo entretener no lo digo como algo menor, sino como todo lo contrario, pero en el caso de cómics como Los hombrecitos ese tipo de lectura trascendental se hace necesaria o en todo caso es algo que emana del propio texto. En este primer volumen se recogen las primeras historias de esta colección, para bien o para mal se aprecian aquellos aspectos que hacen que la narración no sea tan fluida en pos de cierto lucimiento estético, algo que a medida que vayan publicando los siguientes volúmenes veremos cómo evoluciona para bien.

Las historias incluidas en este primer volumen abarcan de 1967-1970 son: Alerta en Eslapión, Los fugitivos, El hombrecito que ríe, El gallo en su salsa, Pascuas para dos niños y Ratones y hombrecitos. Son historias cuyo leit motiv son misiones para solucionar un problema de la comunidad normalmente son de interacción con el mundo de los grandes pero que nos ofrecen una visión cultural de lo belga como es el caso de la penúltima historia de este volumen. Los hombrecitos son un digno representante de la Escuela de Marcinelle caracterizada por el dinamismo de sus viñetas y por los caricaturesco en la representación de los personajes y lo exagerado y suelto de su dibujo. Pero es quizás algo más: la constatación que un cómic entretenido no pasa de moda y que a pesar de sus defectillos y aspectos que han quedado culturalmente desfasados sigue siendo un gran entretenimiento para todo tipo de lectores.

P.D.- Gentes de Dolmen; ¿Tardaremos mucho en ver algún recopilatorio de Benoit Brisfer de Peyo por nuestras tierras?

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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