El último héroe libertario

BATMAN_A_O_100Batman año 100 (Paul Pope). Debolsillo, 2014. Rústica. 200 págs. Color. 14,95 €

El problema de la ideología es que todos pensamos que hemos llegado a la nuestra a través del razonamiento y la reflexión libre mientras que los demás, aquellos que no coinciden con nosotros, han terminado llegando a sus propias conclusiones a partir de la estupidez y el dejarse llevar por mentes carismáticas pero equivocadas. Es así de sencillo y no hay más. Con esto no vamos a defender el relativismo absoluto, pero si vamos a señalar que mientras la defensa de las ideas sea más pasional que reflexiva, el otro será antes un tonto que alguien con ideas complementarias. Este proceder llega a límites absurdos en el campo del arte, donde muchas personas se niegan a aceptar la innegable calidad de una obra simplemente por la animadversión ante la ideología del autor.

La deriva histórica de España ha marcado de forma muy clara a los creadores y a las líneas de pensamiento, haciendo que buena parte de la creación se sienta más atraída hacia un extremo que hacia el otro, extremo que puede que no haya hecho mucho por la cultura, pero al menos no ha sido tan claramente destructivo como su oponente. Así que a veces la gente no sabe como reaccionar ante autores de reconocido talento pero que se alejan completamente del estereotipo del autor de izquierdas, no por ello siendo menos comprometidos. Un caso paradigmático es el del director de cine Clint Eastwood, quien se define como un libertario extremista, hasta el punto de rozar el anarquismo capitalista. Pero claro, tampoco faltan autores así en el cómic, siendo un ejemplo claro, tomado por muchos casi como una parodia, Frank Miller, aunque obras como Batman año 100 de Paul Pope no se alejan mucho de esa visión libertaria del universo. El error es principalmente del lector, quien ante un texto digamos marxista ve a un creador comprometido y reflexivo, mientras que ante una obra libertaria se empeña en buscar la ironía, buscando siempre la excusa, minimizando la implicación ideológica de la obra.

Pero no nos engañemos, Frank Miller está muy convencido de lo que dice y se limita a usar la expresión artística como vehículo de su ideario. Ocurre exactamente lo mismo con Paul Pope, quien en su Batman año 100 realiza una crítica directa, un ataque sin concesiones, al estado totalitario, pero no defendiendo la revuelta social, sino el poder único del individuo, defendiendo a Batman no como un catalizador que derive en una revuelta social, sino como un individuo que se basta y sobra para enfrentarse a un estado alienante que no tiene problemas en maltratar a sus ciudadanos, si es que los habitantes de ese Estados Unidos futuro merecen tal apelativo. Paul Pope simplemente transmite su ideología, o simplemente la misma se cuela en su obra de ficción. Texto que ante todo es divertido, intenso y coherente, muy coherente, sin hacer ninguna concesión buenista. En Batman año 100 existen los daños colaterales porque las víctimas eligen ser víctimas, ya sea por su adhesión a un sistema injusto o por la aceptación de su papel como cordero ante los opresores.

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En cierto sentido, el Batman de Paul Pope es equiparable a ciertas representaciones de los villanos de un Batman más clásico, especialmente a sus recientes adaptaciones cinematográficas. Al igual que el Joker o el Bane de Nolan, el Batman de Pope es un agente del caos, pues la sociedad futurista del cómic no es más que una proyección de los miedos libertarios actuales. Mientras que la izquierda teme una sociedad sin estado al servicio de megacorporaciones, la derecha se asusta ante un estado tan fuerte que esté por encima de cualquier iniciativa privada, tanto individual como colectiva. Evidentemente esto no es nada nuevo, es una idea que siempre ha estado ahí, poblando la cultura popular, una corriente a la que Paul Pope se suma con un cómic de calidad sobresaliente. Batman año 100 es el superhéroe norteamericano llevado un paso más allá, parecido a El regreso del señor de la noche de Frank Miller pero cambiando la espectacularidad operística por una acción más directa y cruda.

Del trabajo gráfico de Paul Pope poco se puede decir que no sea positivo. Es cierto que el autor cuenta con un estilo muy personal, lo que puede crear predisposición hacia filias y fobias por parte de los lectores, aunque pocos argumentos pueden existir para criticar el trazo de Paul Pope más allá de la subjetividad. El dibujo de Paul Pope consigue llenar de epicidad cualquier viñeta, cargando cada línea con una potencia cinética que parece a punto de explotar. Paul Pope es uno de esos pocos artista capaces de insuflar vida al dibujo estático, haciendo que sus figuras salgan de la página. Este acabado está presente en todas sus obras, como la juvenil Battling Boy, pero lo cierto es que casi funciona mejor en Batman año 100, ya que cierta suciedad en su trazo mejora la sociedad futura distópica, haciendo que la ciudad y las fuerzas que la controlan sean aún más despreciables y aterradoras. Aunque por suerte contamos con Batman, un héroe que no va a permitir que nadie le aplaste, dispuesto a luchar por su libertad cueste lo que cueste.

@bartofg
@lectorbicefalo

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