Spain is pain #196: Disolución.

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Out of my brain. Viaje sin retorno (Miguel Ángel Martín) Rey Lear, 2014. Rústica, 120 págs. B/N 18,95€

Desde unos años antes de que China fuese escogida como sede olímpica, el gobierno de Pekín emprendió una serie de medidas enfocadas hacia una renovación urbanística de la ciudad. Dicha reconstrucción tiene como hito la ciudad de Shenzen una metrópolis que tiene como origen un pequeño pueblo de pescadores situado relativamente cerca de Hong Kong. Shenzen es la nueva China, por ahora, pero los planes pasan por unificar, más bien absorber, las diferentes ciudades que hay alrededor y crear megalópolis con poblaciones que superaran sin ningún tipo de esfuerzo la población total de España. Pero es evidente que para construir es necesario destruir, porque como parte de esa reconstitución a la nueva China se tienen que demoler los viejos edificios, tal y como recoge Jia Zhang Ke en Naturaleza muerta y la construcción del embalse de las tres gargantas. La cuestión es ¿Qué pasa con la memoria histórica que se constituye a partir del paisaje urbano? La demolición no solo es un acto físico, sino que también icónico, y así lo han entendido muchos artistas chinos que han decidido plasmarlo en obras efímeras en casas medio derruidas o aquellas que están destinadas a desaparecer y a las que se les condena con el carácter de la palabra chai gracias al cual los artistas saben sobre qué lugares actuar.

Creo que podemos equiparar en esa función a Miguel Ángel Martín en Out of my Brain. Viaje sin retorno, en la que nos muestra el tercer y último acto de su personaje más popular, Brian. ¿Por qué equiparo ambas funciones? Aunque en un principio podrían parecer diferentes, ya que los primeros son intervencionistas, actúan sobre algo que ya está hecho para resignificar el contenido de lo que estamos viendo para preservar la memoria de alguna manera, el segundo es un narrador, crea desde cero. O más bien, ha ido creando durante las dos últimas décadas. Este tercer acto ha sido un acto de demolición por parte del autor pero también una llamada para que no nos olvidemos de él. Brian, el chico con el cerebro por fuera de la cabeza, sigue estando ahí, no prosperó tras la adolescencia, se quedó atascado en una especie de bucle, al igual que los simios que van de laboratorio en laboratorio para que puedan hacer investigaciones con él.

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Para ello Martín nos muestra un doble acto de demolición: uno físico, el de Bio Lab, edificio en el que la madre de Brian hizo de conejillo de indias y por el que él salió con esas características físicas, y otro de carácter intelectual, Brian se va disolviendo poco a poco a consecuencia de lo hiperdesarrollado de su cerebro. Supongo que todos tenemos una imagen más o menos clara de lo que era Brian en sus primeras apariciones: un niño alegre que en un principio era inconsciente de lo excepcional de su físico para poco a poco empezar a darse cuenta de que esa era la causa por la cual sus compañeros lo fueron discriminando, y a pesar de eso Brian siempre se mantuvo más o menos cerca, para no perder el contacto humano. En el segundo acto de su historia Motor Lab Monqi se centra en la adolescencia de Brian en la que este es consciente de la incapacidad de mantener relaciones personales cercanas, aquí empieza el acto de demolición del personaje, el dibujo de Martín sigue siendo con formas redondas, sigue siendo amable, lo cual nos da una doble lectura, una pequeña esperanza: Brian puede esperar algo del futuro.

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Pero en el tercer acto el autor leonés se muestra implacable en el tono imperante, la narración y en un dibujo que podríamos denominar como áspero. Al menos en la descripción física de Brian. Mientras que el resto de personajes, casi todos secundarios, siguen teniendo formas más o menos amables a pesar de ser unos hijos de puta integrales. Pero en este último trabajo impera otra tónica, la cuasi desaparición de la ciudad. La obra de Martin se ha caracterizado no solo por narrar la vida de los personajes protagonistas sino también por la de ser un cronista de la evolución urbanista de la ciudad. Siempre hay una presencia importante e imponente de las arquitecturas diseñadas por el autor, estas han definido en gran parte el devenir de los personajes y de la evolución de estos. Creo que por primera vez en su obra lo urbano pasa a un segundo y tercer plano, pierde relevancia y por primera vez se convierte en fondo. Ahora sí, Brian es el protagonista único y completo de una obra, creo que Martín se lo debía, darle un final más o menos digno, un final que todos recordaremos durante mucho tiempo.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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De magos, reyes y sueños rotos

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Merlín (Robin Wood y Enrique Alcatena). ECC, 2014. Rústica. 144 págs. B/N. 11,95 €

Existen algunos mitos que están por encima de la historia, leyendas que incluso hoy en día prevalecen sobre los hechos verídicos en los que se inspiraron. En un tiempo en el que tenemos acceso a cualquier información a un par de clicks de ratón, la magia sigue siendo más fuerte que la piedra. De este modo, es difícil que en algún momento personajes históricos como Carlomagno lleguen a ser más conocidos que otros míticos como el Rey Arturo. Durante parte de los siglos VIII y IX, el imperio Carolingio dominaba todo el centro de Europa, convirtiendo al Rey de los Francos en el Emperador de Occidente y creando una cultura y sociedad que hoy en día conocemos como Edad Media. Durante ese siglo y el posterior, la literatura de lo que hoy es el Reino Unido y Francia se llenó con relatos del Rey Arturo, un rey bretón que durante el siglo VI defendió de las invasiones sajonas las islas británicas. No existe ninguna prueba histórica que demuestre la existencia real de Arturo, su fortaleza Camelot o Merlín, el mago que guió todos los pasos del rey.

La imagen de perfección como monarca de Arturo ha llegado con tanta fuerza hasta nuestros días que el mandato de John F. Kennedy fue conocido como el nuevo Camelot, presentando al Presidente y sus Estados Unidos como una promesa de justicia y libertad en la Tierra. Sin embargo, al igual que el malogrado presidente católico, la historia del rey bretón tiene un final triste y apagado, una luminosa promesa marchita antes de florecer. Esto es precisamente lo que nos encontramos en el cómic Merlín, obra del guionista Robin Wood y el dibujante Enrique Alcatena, quienes nos cuenta una versión tan oscura como plausible del mito artúrico. El Rey Arturo ha tenido cientos de representaciones, desde las que lo convierten en un centurión romano hasta los que lo llevan prácticamente al Renacimiento, sin obviar traslaciones más propias de la ciencia-ficción. Aunque en el caso que nos ocupa, parece que los autores se han documentado rigurosamente para plasmar su obra con una estética y un tono totalmente acorde a la Alta Edad Media, época en la que Merlín y Arturo deberían haber vivido.

El trabajo gráfico de Enrique Alcatena es actual y dinámico, lleno de energía, pero el continuo uso de elementos medievales, tanto dentro como fuera de las viñetas, le otorga a Merlín un poso arcaico, como si viéramos un tapiz medieval que ha cobrado vida, como si esas pequeñas figuras de líneas simples hubieran terminado el movimiento de su espada, como si el caballo hubiera lanzado espuma por la boca y hubiera saltado al galope. Aspecto artístico que se refuerza con el impactante uso del blanco y negro, con unas sombras que añaden un nivel casi surgido de una fantasía gótica. Si existía un dibujo que debiera contar la historia de Merlín, al menos este Merlín puramente medieval, oscuro y triste, no podría ser otro que el de Enrique Alcatena. Existen otras grandes adaptaciones del mito artúrico al cómic, pero en pocas encontraremos un acabado visual que nos traslade al reino medieval de Arturo, a los bosques llenos de sombras de Merlín y a las misteriosas brumas de Ávalon.

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Pero todo ese dibujo no significaría nada sin la historia que Robin Wood fragua en Merlín. El guionista paraguayo de ascendencia australiana toma como punto de partida una interpretación muy purista del mito artúrico. Aún siendo cierto que fusiona y elimina algunos pasajes y personajes para hacer la historia más directa, la mayoría de la historia se encuentra en su guión, contada sin añadir grandes elementos de su cosecha. Aunque lo que es innegable, es que Robin Wood toma partido de forma muy decidida en su narración, no sólo ya tomando como protagonista de la historia a Merlín por encima de Arturo, sino colocando el foco en los elementos más oscuros y pesimistas de la leyenda. Arturo se ha presentado muchas veces como la perfección del gobierno, un tirano ideal tanto en tiempos de guerra como de paz, contando siempre con el sabio consejo de Merlín, un mago de poder y sabiduría fuera de toda duda. Interpretación que Robin Wood desmonta mostrando a Merlín como un hombre cargado de buenas intenciones pero de funestos resultados, un héroe que no duda en colocar los fines muy por encima de los medios sin darse cuenta que condena su propio fin. El resto de los personajes quedan en segundo término, relegados a meras marionetas de Merlín, quien creyendo salvar al reino no hace más que hundirlo.

En cierto sentido, Merlín de Robin Wood y Enrique Alcatena es un ejercicio muy parecido al realizado por Santiago García y David Rubín en Beowulf, pero mientras los segundos se centraban en el valor heroico del mito, en la fuerza más pura y sangrienta; los primeros hacen un estudio sobre las implicaciones del uso del poder. Mientras Beowulf busca la gloria en la sangre, donde sólo puede encontrar victoria y derrota, Merlín se pierde en el control y dominio de todo un reino. Como es lógico, Merlín no puede más que fracasar, por eso no encontramos en Merlín la leyenda de una victoria heroica, sino la historia de un intento, heroico eso sí, pero fracasado. Robin Wood nos habla al mismo tiempo de lo que fue y de lo que pudo haber sido, de como la utopía choca siempre con la realidad sin que esto sea excusa para no intentarlo un poco más, pues al final, Merlín lo único que buscaba era la paz y aunque las intenciones no significan nada, Robin Wood nos muestra la épica de un fracaso.

@bartofg
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Mañana me pongo y me apunto al gimnasio

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Jano in corpore sano (Bernal). GP Ediciones, 2014. Rústica con solapas. 96 págs. Color. 12 €

La culpa es posiblemente uno de los sentimientos más decisivos a la hora de comenzar algún cambio. No es precisamente casualidad que sea a principios de enero y septiembre cuando los kioscos se llenan de coleccionables de lo más variado, todos nos encontramos en horas bajas, llenos de culpabilidad y arrepentimiento por los excesos de la Navidad y el verano, dispuestos a llenar nuestras vidas de significado, ya sea construyendo un galeón de guerra o decorando nuestra librería con las obras completas de Julio Verne. En este sentido, el ejercicio físico es sin duda uno de los reyes, viviendo su momento de mayor esplendor tras las fiestas navideñas, cuando seres destrozados por la comida y la bebida, se miran ante el espejo y se prometen que esculpirán su cuerpo con tesón para llegar al verano como héroes grecolatinos. Entonces se apuntan al gimnasio. Después no van.

Esa gran miseria, la de querer hacer pero no poder, no poder debido a la vagancia y a la apatía, no es más que el reverso de otra miseria, el que sí va al gimnasio. Porque desgraciadamente, hoy en día tanto ejercitar el cuerpo como despreciarlo es algo que no está exento de mediocridad y derrota. Algo que ante todo es muy divertido, y si alguien tiene una duda no tiene más que leer el cómic Jano in corpore sano de Bernal. Por suerte, el autor no se ha quedado en una descripción de las malas bestias pardas vigoréxicas que pueblan los gimnasios de barrio de toda la geografía española, sino que utiliza una forma aún más despreciable para entrar en el mundo atlético, ya que su obra está protagonizada por un sujeto que realmente disfruta del deporte, Jano, una de esas personas que juega una pachanga de fútbol siete con los amigos de vez en cuando, que no le hace ascos a salir con la bici al monte, y que incluso levanta pesas sin consumir anabolizantes.

Para cualquiera que haya estado apuntado a un gimnasio de forma continuada, o que al menos haya pagado la primera sensualidad y lo haya dejado al tercer día, ese subreino de la realidad presenta una fauna extraña ante la que sólo podemos asustarnos al no llegar a comprenderla. Bernal se vale de Jano como un aventurero dentro del mundo de la vigorexia, dándole algunos compañeros de viaje aún más extraños, como el amante de la comida Paco o el escuálido Umberto, quienes aunque podrían ser con quienes más empatice el lector, son los extraños en el universo del cómic. Bernal reparte sus chistes de mala leche entre ambos grupos por igual, entre los descerebrados anabolizados y los perdedores de Jano y sus amigos, mostrando que el ejercicio es un imán para el humor desde todos los puntos de vista.

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Jano in corpore sano está construido en base a las páginas, como es lógico si hablamos de un recopilatorio de publicaciones semanales, lo que permite una lectura tranquila del cómic, pudiéndose leer de un tirón o de forma más reposada sin que afecte a su disfrute. Bernal opta más por construir un universo en expansión que por contar una historia lineal, y aunque a lo largo del cómic se desarrollan pequeñas tramas de varias páginas, lo cierto es que no tenemos la sensación de ver el desarrollo de Jano, sino más bien vamos entrando en su rutina diaria, en su práctica del deporte, el cual le da tanto alegrías como penas; alegrías de las que somos cómplices y penas que nos sacan alguna que otra carcajada.

El trabajo gráfico de Bernal es sin duda el mejor vehículo para la obra que quiere desarrollar, su trazo es limpio y simple pero está lleno de detalles y matices, con lo que consigue llenar la página de vida sin hacerla pesada. Aunque esto debería de ser lo habitual, no es sencillo encontrar tal acabado, siendo demasiado común encontrar dibujos demasiado simples sin personalidad, y páginas tan cargadas que hacen farragosa su lectura. En Jano in corpore sano Bernal sale victorioso consiguiendo no sólo un dibujo utilitarista, sino también mostrando una personalidad propia en el trazo que lo hace reconocible y ya predispone al lector para enfrentarse a una obra de humor.

@bartofg
@lectorbicefalo

Spain is Pain #195: Señor del tiempo.

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Kiosco (Juan Berrio) Dibbuks, 2014. Cartoné, 144 págs. Color. 18 €

Juan Berrio es el autor que más ha aparecido en esta sección desde que esta se alojaba en el otro blog. De su obra me fascina prácticamente todo: la creación de espacios, la humanidad de unos personajes creados sin artificios, la habitabilidad de unos no-lugares perfectamente amueblados, la planificación de unas situaciones complicadamente sencillas, pero sobre todo su capacidad de manejar los tiempos e inculcárnoslos al lector. De todo lo mencionado esto último me parece lo más complejo, y más en un momento en el que el consumo de textos, sean libros, videos, juegos, etc…, está presidida por la urgencia y por una posibilidad inmediata de abortar la lectura en cualquier momento. Aun así Berrio es capaz de plasmar un ritmo único a sus obras que te obliga a leerlas de un tirón y tal y como él las ha planteado.

Kiosco al igual que sus últimos trabajos plasma una extraña mezcla de rutina y excepcionalidad en la que la causalidad narrativa viene dada de la mano de una casualidad perfectamente planificada, al igual que los grandes narradores Berrio es capaz de imprimirle un halito de frescura sin que esta nos parezca forzada en ningún momento  y por muchas veces que volvamos al texto en cuestión. Esta sensación es un tema recurrente; aparecía en Miércoles, un trabajo en el que un buen número de situaciones planteadas como aleatorias le daban cuerpo a una historia coral que al final redundaba en la idea de que cada una de nuestras vidas repercute en la de otras tantas personas, y en el que rondaba cierta idea de denuncia social por la situación del país. En Cuaderno de frases encontradas Berrio se convierte en un cazador furtivo de la cotidianeidad recogiendo en el momento exacto una frase adecuada que en cierta manera nos identifica como una comunidad con rasgos culturales colectivos.

Esta nueva obra se encuentra a medio camino de los dos trabajos anteriores, por un lado dibuja a un personaje que intenta interactuar con el resto de seres que pueblan la narración pero a causa de su trabajo, o más bien por la carencia de este, le cuesta mucho. Pero por otro lado es un compilador de historias, lo cual me lleva a formular una pregunta un tanto absurda ¿Es este camarero un trasunto de Juan Berrio? A mí me lo parece, realiza la misma función que el autor en Cuaderno de frases encontradas: mira, observa, recoge y extrapola posibles situaciones que den pie a que terceras personas se acerquen a su kiosco a tomar algo. Pero para que eso suceda tiene que dejar de “tomar notas” y ser parte de la historia, no solo un mero observador dejar de funcionar a modo de demiurgo para formar parte de la intrahistoria, dejar de ser un narrador omnisciente para ser protagonista.

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El desarrollo de la historia es sencilla, un tipo se levanta cada mañana y se prepara para ir a trabajar en un kiosco que funciona a modo de bar con un par de mesas y poco más. El trasfondo del personaje va mucho más allá de la mera idea estereotípica del camarero como personaje plano y secundario, aquí vemos la complejidad de este desde que se levanta se arregla su piso, pinta en un pequeño lienzo, trabaja, y al final del día se enamora. La profundidad viene dada por eso y por el trayecto que realiza desde su casa hasta el lugar de trabajo en el que este recorre la ciudad a través del paisaje urbano. Pero los matices vienen en el carácter individual de la historia: vive solo, trabaja solo, y es capaz de mantener una vida plena sin la necesidad de tener a nadie a su lado. Un urbanita puro con una capacidad para la observación innegable, otorgada en gran parte por la falta de popularidad del kiosco que regenta.

No se si decir que este es el mejor trabajo de Juan Berrio, porque posiblemente me encuentre en la misma tesitura con su próxima obra. Cada nuevo título de este autor es una nueva sorpresa, por el momento que está se encuentra a medio camino entre el clasicismo narrativo y lo experimental. Kiosco es una obra muda que se puede leer de principio a fin, en el sentido de lectura convencional, o al revés con la misma efectividad narrativa, sin que nos resulte extraño ni ajeno. Es una obra obligatoria para todos los amantes del cómic, para los fans acérrimos del autor y para aquellos que quieran tener una muy buena primera experiencia dentro del mundo del cómic.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Porque salvar el mundo no paga las facturas

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Hulka: Ley y desorden (Charles Soule, Javier Pulido y Ron Wimberly). Panini Comics, 2014. Rústica con solapas. 144 págs. Color. 13,50 €

Al final de la película Saint Laurent (Bertrand Bonello, 2014) el afamado diseñador francés, durante los últimos años de vida, cena con una antigua colaboradora, ambos de etiqueta y frente a la atenta mirada de un mayordomo pétreo. La mujer no para de alabar el talento de su antiguo empleador, defendiendo como su inspiración bebía de Proust mientras los diseñadores actuales mancillan el oficio tomando como referentes el mundo del cómic. Yves Saint Laurent le da la razón a su empleada, definiéndose como el último gran modisto mientras con una cuchara de oro le da caviar a su perro. Durante el documental La danza (Frederick Wiseman, 2009), centrado en el ballet de la Ópera de París, un coreógrafo intenta explicarle durante un ensayo a dos bailarines, vestidos con mallas y camisetas sudadas, como expresar un amor imposible mediante el baile. El coreógrafo termina pidiéndoles que se imagen que son X-men, criaturas llenas de poder pero cuya potencia les impide amarse, llegando incluso a imposibilitarles el contacto físico.

Evidentemente son dos formas de ver la cultura, de percibir la historieta, incluso los superhéroes, como referente y dinamizador de la sociedad. Por fortuna parece que cada vez la sociedad en general es más receptiva a un medio de comunicación que ha tenido que luchar a brazo partido por conseguir su lugar en la cultura global, enfrentándose tanto a censores del buen gusto como a talibanes que se negaban a soltar su objeto de deseo. Pero el tiempo ha abierto las ventanas dejando pasar el aire, demostrando que el cómic tiene mucho que decir. Si alguien tiene alguna duda no tiene más que sentarse un rato y leer el primer tomo de Hulka de Charles Soule, Javier Pulido y Ron Wimberly. El guionista Charles Soule no lleva demasiado tiempo escribiendo cómics, profesión que desde 2009 compagina con la abogacía, actividad a la que ha dedicado la inmensa mayoría de su vida laboral. Sin embargo, colecciones como Inhumanos para Marvel o Red Lanterns para DC demuestran cierta valía como guionista de superhéroes mainstream. Aunque si Hulka tiene algo, es su alejamiento total de cualquier cosa que se acerque a un cómic clásico de superhéroes, siendo al mismo tiempo todo lo que un lector de superhéroes espera encontrar. Puede sonar absurdo, pero la ruptura continuísta de Charles Soule funciona con eficacia, eso sí, contando la ayuda excepcional de Javier Pulido, dibujante estable de la serie; y Ron Wimberly, que realiza dos números del primer volumen de Hulka.

La serie de Charles Soule es continuísta porque Hulka es una colección llena de acción y misterio, una continua invitación a seguir leyendo, tanto en lo referente a cada número, los cuales funcionan de forma autónoma sin problemas, como en el sentido de saga de la historia. Charles Soule sabe gestionar la información para sin que aparentemente pase nada, Hulka entretenga sin exigir demasiado al mismo tiempo que va construyendo una red de relaciones y causalidades al rededor de Jennifer Walters, la profesional abogada que recibió una transfusión de sangre de su primo Bruce Banner, heredando su precioso tono esmeralda y buena parte de sus poderes. Pero en la actual colección de Hulka, el poderío físico de la protagonista se sitúa como mucho al mismo nivel que su portento intelectual, especialmente en lo referente a su labor como letrada, pues Charles Soule llena el cómic con algo que domina en su vida profesional, el derecho, haciendo que los juicios y las demandas no sean sólo elementos secundarios en la colección, pues su Hulka es primero abogada y después heroína.

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Charles Soule es un abogado experto en inmigración y derecho corporativo, con lo que no extraña que dos de los primeros casos de Hulka sean una demanda por violación de patente y la petición de un asilo político, aunque los demandantes sean respectivamente la viuda y el hijo de sendos villanos. Todo este conocimiento ajeno al mundo del cómic enriquece Hulka hasta el punto de que su lectura se aleja de la típica sucesión de combates, Charles Soule nos cuenta principalmente la historia de una joven profesional que trata de abrirse camino en el difícil mundo de la abogacía, intentando al mismo tiempo mantener una vida personal estable, si es que su trabajo se lo puede llegar a permitir. Se podría decir que Hulka es el slice of life de una joven abogada de Nueva York que abre su propio bufete, con la salvedad de que es verde, mide dos metros y tiene una fuerza sobre humana, una fuerza sobre humana que no impide que las pequeñas derrotas del día a día sean menos dolorosas.

Para rematar la jugada, nos encontramos con el dibujo de Javier Pulido, quien con un estilo totalmente alejado del clasicismo superheroico ata a tierra Hulka, haciendo a los personajes, y especialmente a su protagonista, más redondos y humanos. Pulido refuerza el tono de Soule, consiguiendo los dos autores unos personajes femeninos como pocas veces se han visto en el cómic de superhéroes, mostrando una visión realista y colorida, lejos de simplificaciones y estereotipos. El dibujo de Ron Wimberly, tan diferente del de Pulido como del estilo clásico, también trae novedad a la obra, pero sus constantes juegos estilísticos y su obsesión con la perspectiva enfatizan más el dinamismo que la carga emocional de la historia. El tandem entre Soule y Pulido, sin desmerecer en ningún momento a Wimberly, conforma una de las mejores colecciones mainstream de la actualidad, presentando unos resultados parecidos a los del Ojo de Halcón de Matt Fraction y David Aja, donde también trabajó Pulido. Quizás ésta sea la salida, la evolución lógica, historias diferentes con acabados artísticos también diferentes, donde los héroes no dejan de ser héroes pero sin olvidar que las facturas no se pagan solas.

@bartofg
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(mini) Fundación

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Los hombrecitos. Primeras historias. 1967-1970 (Albert Desprechins y Pierre Seron) Dolmen Editorial, 2014. Cartoné, 192 págs. 29,95€

Uno de los grandes problemas de la ciencia-ficción actual es que se ha convertido en narrativas de acción ambientadas en futuros posibles, ya sean lejanos o de pasado mañana. Esto sucede sobre todo en el ámbito cinematográfico y del noveno arte. La literatura de este género ya hace décadas que decidió apartarse de ese camino de la pornografía de efectos especiales y centrarse en la exploración antropológica y el devenir de la civilización occidental enfrentados a los retos de toda la vida en otros entornos, aunque siempre hay excepciones y también hay títulos SF que abordan las temáticas desde el ámbito del entretenimiento más ramplón. En esa onda esta The shape of things to come de H.G. Wells uno mis escritores favoritos. En ese libro el autor británico especula sobre la evolución de la humanidad desde 1933 hasta 2106, viendo como a pesar del desarrollo de la misma se ha encaminado hacia la constitución de una comunidad pacífica sienten cierta nostalgia los rasgos más primitivos de la raza humana.

Especular, esa debería ser, en principio la base de todo relato de ciencia ficción. Intentar recrear aquello que sucedería si determinados caminos fuesen tomados o si una situación al azar procura una nueva oportunidad a la humanidad, o bien si esta se la quita. Sin embargo no toda especulación ha de ser demostrativa de lo equivocado de las decisiones de la raza humana como especie, ni de carácter negativo. La ciencia ficción nos ofrece una oportunidad de lo que el futuro nos puede ofrecer, y puede ser ciertamente didáctica. A mí me gusta pensar que Los hombrecitos de ser Albert Desprechins y Pierre Seron es un relato fantástico sobre un futuro posible dentro de un presente real que ofrece una visión optimista y didáctica de lo que puede ser el desarrollo humano visto desde un punto de vista muy positivo.

Pero vayamos por partes, ¿Qué valores positivos tiene? El primero el de la superación grupal. Los habitantes de Rajevols tras verse afectados por la caída de un meteorito que reduce de tamaño a todo aquel que lo toca, deciden no venirse abajo y crean una nueva ciudad a su medida dentro de unas cisternas que había en la antigua ciudad. La nueva urbe recibirá el nombre de Eslapión. Esta al igual que la descrita por Orwell en su novela vive un desarrollo tecnológico y social continuo. Los medios de transporte están más desarrollados, la comunidad está más cohesionada, y el tamaño actual de sus habitantes no les ha hecho menguar su espíritu de superación. Pero ¿qué es lo que sucede en las otra civilización? la de los grandes. El tenerlo todo fácil y hecho a su medida les ha dado a estos habitantes una capacidad inmovilista a la hora de evolucionar. Es decir, el estatismo provocado por la carencia de retos erosiona la capacidad de superación de la humanidad.

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Todo esto es, quizás, una lectura excesivamente trascendental para un tipo de historieta cuya principal misión es entretener a lectores de todas las edades. Y cuando digo entretener no lo digo como algo menor, sino como todo lo contrario, pero en el caso de cómics como Los hombrecitos ese tipo de lectura trascendental se hace necesaria o en todo caso es algo que emana del propio texto. En este primer volumen se recogen las primeras historias de esta colección, para bien o para mal se aprecian aquellos aspectos que hacen que la narración no sea tan fluida en pos de cierto lucimiento estético, algo que a medida que vayan publicando los siguientes volúmenes veremos cómo evoluciona para bien.

Las historias incluidas en este primer volumen abarcan de 1967-1970 son: Alerta en Eslapión, Los fugitivos, El hombrecito que ríe, El gallo en su salsa, Pascuas para dos niños y Ratones y hombrecitos. Son historias cuyo leit motiv son misiones para solucionar un problema de la comunidad normalmente son de interacción con el mundo de los grandes pero que nos ofrecen una visión cultural de lo belga como es el caso de la penúltima historia de este volumen. Los hombrecitos son un digno representante de la Escuela de Marcinelle caracterizada por el dinamismo de sus viñetas y por los caricaturesco en la representación de los personajes y lo exagerado y suelto de su dibujo. Pero es quizás algo más: la constatación que un cómic entretenido no pasa de moda y que a pesar de sus defectillos y aspectos que han quedado culturalmente desfasados sigue siendo un gran entretenimiento para todo tipo de lectores.

P.D.- Gentes de Dolmen; ¿Tardaremos mucho en ver algún recopilatorio de Benoit Brisfer de Peyo por nuestras tierras?

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is Pain #194: Ut pictura poesis.

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Inercia (Antonio Hitos) Salamandra Graphic, 2014. Flexibook, 128 págs. Color 19 €

Tienes que ir de Huelva a Sevilla y como por tren la comunicación es más bien precaria tienes que ir en autobús. El trayecto es corto, de apenas una hora, eso siempre que no cojas el que va parando por todos los pueblos. Pero ese no, no lo coges. Te subes al que va directo, te sientas más o menos por mitad del autobús. El trayecto es corto pero da igual sacas un libro que intentas leer hasta que te das cuenta que hay un tipo a tu lado que parece sacado del Seattle de los noventa en el momento de mayor esplendor del grunge, hasta ahí bien. Este mira atentamente a todos y cada uno de los pasajeros que compartirán durante una hora el mismo espacio con él como si tomara nota de las actitudes de cada uno de ellos. No solo los mira, lo hace como si tomara nota mental, como si los dibujara trazo a trazo, y luego vuelve la mirada hacia su skate comparándolo con el resto de seres del bus. Después de observar, después de mirar, después de comparar comprende, y acaricia su monopatín intentando encontrar humanidad donde no la hay.

La búsqueda de la humanidad, y en cierta manera de la deshumanización, en las urbes es el tema de fondo de Inercia de Antonio Hitos. Una obra en la que la figura humana aparece en la mayoría de ocasiones en un plano entero. El fondo deshumanizador lo proporcionan las relaciones entre unos personajes que podríamos definir como próximos pero no cercanos y cuyo máximo nivel de comunicación es la cercanía física. Jaime busca la calidez en un objeto al cual dota de una serie de atributos o virtudes, según se vea, en el contexto de una ciudad aplastante pero más humana que cualquiera de los seres que la habitan, por ser más narrada, en extensión, que los propios personajes.

La urbe toma un protagonismo al estilo de las antiguas sinfonías dedicadas a las grandes ciudades europeas. Películas que buscaban la belleza de lo material en la que los hombres no tenenian una función más allá de convertirse en un mero acorde. Inercia recupera ciertas ideas de lo sinfónico desglosando la ciudad en unas maravillosas páginas dobles en la que esta pierde profundidad y corporeidad con una serie de perspectivas planas en las que los humanos dejan de ser meros acordes para conjugarse con esos fondos urbanos.

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Jaime y Juan viven su vida en la calle, los lugares cerrados están abocados a un hábito mortal que les lleva a vivir el día a día bajo la losa más pesada: la rutina. Ambos se ven envueltos en una conducta vital a medio camino entre lo vulgar y lo banal. Constantes que trascienden en un discurso que podemos denominar como postcientifico en el que se desarrolla una idea de lo inútil de considerar la vida humana como el centro de gravedad del planeta. Esa vertiente explota en las primeras páginas cuando al romperse el skate de Jaime este se convierte como un colisionador de electrones generando un agujero negro que escupe pasado, presente y ¿futuro? Que hace entrar en juego a una cucaracha, a modo de un dios repugnante, cuya misión principal es proporcionar patadas de realidad y certeza que ponen de manifiesto e infravaloran la falsa autocompasión del protagonista.

Para desplegar tal complejidad Hitos muestra un arsenal gráfico respaldado por un uso del color que va más allá de lo meramente decorativo para convertirse en un elemento narrativo de peso que unifica determinados momentos de la historia. Esto redunda en el uso de la metáfora, a pesar de ser un cómic escrito en tiempo presente guarda en su interior espasmos de poesía que nos obligara a releer la obra más de una vez para poder disfrutarla en todo su esplendor.

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