Verano en el pueblo

manabe portada

Manabé Shima (Florent Chavouet). Salamandra Graphic, 2014. Rústica con solapas. 144 págs. Color. 25 €

El concepto de documental es como mínimo problemático, ya que entran en juego términos tan mal definidos como realidad o verdad, términos que desde el propio origen de la filosofía se han mostrado al menos esquivos. Pero por si esto fuera poco, la postmodernidad se ha empeñado con todas sus fuerzas en destrozar el propio concepto de realidad, llegando algunos autores como Baudrillard o Zizek a defender la inexistencia objetiva de la realidad, algo que se dice pronto. Hemos alcanzado tal punto que algunos, simplemente para desterrar el problema, han optado por utilizar el término de no-ficción en lugar de documental, pero claro, sin terminar de explicar qué significa en concreto una obra de no-ficción. Aunque si tuviéramos que tomar algún partido, me gustaría pensar que existen tanto la ficción como el documental, existiendo además la posibilidad de hibridar ambos conceptos en diversos medios y diferentes grados.

En este sentido, Josep M. Català Domènech habla largo y tendido sobre el documental y sus límites en su ensayo El murmullo de las imágenes, donde el cómic tiene un papel considerable. Català defiende la teoría, aceptada por muchos, de que el documental actual ha virado desde sus orígenes. Anteriormente el documentalista, normalmente el camarógrafo, buscaba registrar la realidad externa a través de la imagen mecánica mimética. Hoy en día, el documental sigue existiendo, pero no son pocos los autores que lo realizan desde el interior, haciendo de la subjetividad un valor positivo. Así que el cómic se convierte en un excelente medio para desarrollar el documental, pues el autor utiliza tanto la palabra como la imagen, creada por él, para llevarnos hasta lo más profunda de sus tesis. Esto es precisamente lo que encontramos en Manabé Shima, un documental en cómic realizado por el francés Florent Chavouet durante los dos meses que pasó en la isla que da nombre a su obra.

Aunque desde un punto de vista reduccionista Manabé Shima podría parecer simplemente un cuaderno de viaje, Florent Chavouet realiza muchísimo más, encontrándonos con una obra tan compleja que vira desde el slice of life más indie hasta el documental etnográfico de los sesenta. Es obvio que Florent Chavouet no ha intentado en ningún momento realizar un estudio minucioso de Manabé y sus habitantes, no hay un orden explicativo en el discurso que nos vaya suministrando información sobre la isla, desde lo más general hasta lo más concreto. Por contra, el autor se sumerge en el pequeño cosmos de la comunidad de forma gradual y tranquila, creando relaciones con los diversos vecinos hasta el punto de convertirse en un habitante más de la isla. Lejos del dilema sobre si la observación modifica el objeto de estudio, Florent Chavouet se descalza y entra hasta la cocina, se divierte y sufre con los vecinos participando de forma activa en todas sus actividades, convirtiéndose en un elemento activador. Manabé Shima puede entenderse al mismo tiempo como un documental sobre la vida en una pequeña isla del Mar Interior en Japón, como un estudio de la relación de dicha comunidad ante la presencia de un elemento extraño, el cual no es otro que un artista francés que no tiene donde caerse muerto.

manabe pag

Pero afortunadamente, Florent Chavouet no es un documentalista científico, con lo que la estancia en Manabé no se nos presenta como un estudio enciclopédico de la isla, siendo más bien una alegre conversación de sobremesa. Florent Chavouet se vale ante todo del humor, un humor fresco y puro basado únicamente en las relaciones y su visión de las mismas. El autor tiene una mirada tan irónica como infantil, la cual le permite enfrentarse a la realidad, y trasmitírnosla a nosotros, de una forma fresca y vitalista, hasta el punto de convertir su estancia en la isla en una novela picaresca llena de ternura. Evidentemente, esta visión del mundo se traduce en la representación de las personas, pues todos están retratados a través de una óptica humanística, de modo que los buenos son enternecedores y los antipáticos son personas entrañables de las que Florent Chavouet siempre tiene algo positivo, o al menos cómico, que contar.

Todo este discurso, puramente humanista, está reflejado en el dibujo de Florent Chavouet. Pareciera que el autor utiliza Manabé Shima para defender la validez del documental interior, pues su dibujo, que varía desde el naturalismo más académico hasta el cartoon más desenfadado, está siempre al servicio de su discurso. El talento de Florent Chavouet está fuera de toda duda, tanto en su acabado técnico, sólo hay que prestar atención a su dominio de la perspectiva; como en su capacidad de plasmar sentimientos en los rostros, consiguiendo que todos los habitantes de Manabé Shima estén llenos de vida y transmitan emociones con sus gestos y miradas. Simplemente hojear las páginas de la obra nos permite entrar en un mundo ajeno y lleno de belleza, algo que se ve aumentado cuando leemos con tranquilidad sus páginas, momento en el que Florent Chavouet nos muestra de la mano las maravillas de la isla: desde la belleza de los peces de sus costas hasta la algarabía de las fiestas de sus vecinos. Manabé Shima es un cómic documental que lo pone muy difícil para no ser disfrutado, siendo casi imposible terminar su lectura sin una enorme sonrisa en el rostro y unas ganas tremendas de comer tako en el gori-gori de Honmura.

@bartofg
@lectorbicefalo

La génesis del caos

1900 portada1900 (Rafael Ruiz-Dávila y Nacho Tenorio). Grapa!, 2014. Grapa. 24 págs. Color. 3 €

Planteamiento, nudo y desenlace es un mantra que muchos escritor suelen repetir sin cesar para conseguir historias lo más cerradas y accesibles posible. Más si nos encontramos ante un público más centrado en la trama que en juegos metatextuales. Sin embargo, esto no quiere decir que no existan otras formas de contar historias, quizás más centradas en la plasticidad del relato o en la expansión del cosmos. Al final todo es matemáticas y geometría, ya hablemos de una línea recta que crece sin dudas hacia el infinito o de un fractal que crece sin pausa, expandiéndose hasta los confines de lo conocido. Lo importante es que la obra sea disfrutable por el receptor, ya quiera este una mera evasión o un reto intelectual. Todo es juego.

Y precisamente jugar es lo que hace Rafael Ruiz-Dávila en el primer número de 1900, el cómic que realiza junto a los lápices de Nacho Tenorio. Hablamos de juego porque este primer número de la futura miniserie se percibe más como un reparto de cartas y una apuesta inicial, que como toda una mano con las consiguientes ganancias y pérdidas. El lector tiene a su alcance la mayoría de las cartas, o personajes, que habitarán el universo de 1900, ahora sólo queda ver si la mecánica de la serie ronronea como un gatito o se atraganta como un enfermo terminal. El motor es bonito, siendo labor de Rafael Ruiz-Dávila mantenerlo y atrapar al lector para que vuelva a comprar el siguiente número.

Decimos que el motor es bonito porque la idea de base es buena, una ucronía donde la armada invencible no sólo llego a Gran Bretaña, sino que aplastó a los británicos hasta el punto de convertirlos en súbditos a la corona de España. Esto origina un mundo donde el Imperio de España controla prácticamente todo el globo con la ayuda de la Inquisición, la cual es una representación de su leyenda negra elevada a su máxima potencia. No es la primera vez que asistimos a una ucronía parecida, ya que los ejemplos son numerosos, especialmente si recorremos a los infames nazis, que han conseguido una hipotética victoria en la Segunda Guerra Mundial en cientos de obras de ficción. Así que es de agradecer el cambio en 1900, donde los españoles somos quienes dominamos al mundo y una pequeña heroína inglesa es la que debe acabar con el status quo para liberar a la esta vez no pérfida Albión.

1900 pag

Como es lógico, cuando se juega con el tiempo hay que ser cuidadoso, siendo precisamente las ucronías las creaciones que irónicamente exigen más verismo histórico. Rafael Ruiz-Dávila sale victorioso a la hora de enfrentarse a la investigación histórica y literaria de la época, quizás demasiado. El guionista demuestra un dominio de la época, llenando las páginas de continuas referencias a personajes históricos y literarios, aunque quizás sature al lector que en algunos momentos debe escarbar entre los guiños para acceder a la acción más pura. Aunque al tratarse todo el primer número de 1900 de una introducción de personajes, siendo tan numerosos los mismos, es perdonable una leve saturación siempre y cuando en números posteriores estas figuras se lancen a una vorágine de sexo y violencia, tal y como nos promete la contraportada del cómic.

Del acabado gráfico de 1900 pocas cosas se pueden decir que no sean positivas, el dibujo de Nacho Tenorio se adapta al tono de la obra, pudiéndose observar una evolución en el trabajo del artista que invita a un optimismo más que sano. Reseñable es también el trabajo del colorista Adrián Suárez, quien convierte el producto final en un folletín casi de época que invita a la lectura dentro de una atmósfera totalmente ucrónica.

Rafael Ruiz-Dávila y Nacho Tenorio han lanzado el guante con el primer número de 1900, ahora sólo queda esperar a que la apuesta suba para que el lector quiera volver una y otra vez a ese mundo de sexo, violencia y ucronías. El mundo de Ana Verónica y Sheldon Ford.

@bartofg
@lectorbicefalo

Spain is Pain #192: (Des) Idealizar.

primero1

Lo primero que me viene a la mente (Juaco Vizuete) Astiberri, 2014. Rústica con solapas. B/N, 384 págs.17 €.

Los que somos hijos de los 70 y los 80 nos dividimos en dos, aquellos que ven movidas estilo “Yo estudie EGB” como algo guay y que los diferencia de la juventud contemporánea, pero con cierto grado de superioridad. Por otro lado estamos aquellos que vemos ese tipo de modas como algo triste a través de lo que se intenta remontar una especie de cultura colectiva generacional donde me da la sensación que no la había, sino que una serie de items populares y de la cultura de consumo, que en cierta manera ayudan a unificar cierto ideal de ese periodo en concreto.

La primera tendencia se ve incrementada por todo tipo de publicaciones (generalmente libros), páginas web y de Facebook que tratan de hacer de un recorrido icónico a través de los productos infantiles de esas dos décadas: cromos, videojuegos, pelis, series de televisión, juguetes, bollería industrial, etc. Que ayudan o más bien busca dar esa sensación de unidad generacional. Aunque creo que lo que hacen es incrementar la sensación de experiencia individual en torno a esos productos.

En la otra vertiente esta, aunque de manera indirecta, Lo primero que me viene a la mente de Juaco Vizuete un relato que se olvida de esa falsa centralidad y supremacía pretendida de los que fuimos niños en ese momento. Se trata de un relato hábil que juega a ser un biopic de alguien cercano, incluso propio, pero que en realidad se trata de una ficción. Se trata de un pequeño juego en el que el autor en esa falsa realidad dentro de un contexto histórico real, empieza a narrar el pasado de un chico a partir de un punto concreto, y de ahí en adelante todo lo que sucede parece parte de un sueño del pasado muy largo. Aunque la gracia es que ese punto de inicio podría situarse en el pasado o en el futuro con respecto a ese inicio y el resultado hubiese sido igualmente efectivo.

loprimeroquemevienealamente2

Las referencias históricas son comunes a todos nosotros, incluso para aquellos que en su infancia no leyeron demasiados cómics, ni tampoco les intereso mucho el cine o la música. Viniendo de donde venía España posiblemente se nos ha olvidado, o nos han querido hacer olvidar que la historia del país la hicieron los ciudadanos, y no tal y como nos han impuesto con esa visión redentora de la transición política. En esta obra se resume la importancia de la microhistoria en el desarrollo y crecimiento de una nación, de como algo tan pequeño como los sucesos que acontecen a dos hermanos pueden repercutir y reformar, a pequeña escala, el imaginario colectivo.

Para ello Vizuete se basa en tres hechos que en cierta manera determinan el paso de la infancia a la madurez: el descubrimiento del sexo, el desarrollo de un suceso (normalmente un asesinato o una desaparición) relacionado con un niño, y un evento histórico que sucede durante la infancia, en este caso el 23-F. Tres historias que estimulan la imaginación de los protagonistas, y que destapan las tensiones habituales en los críos de esas edades: con el sexo un hipnotismo que le empuja a descubrir y preguntarse de manera continuada el que y el cómo; imaginar aventuras en las que resuelven casos y asesinatos o el choque con la realidad del golpe de estado.

Esos son algunos de los puntos fuertes de un título en el que muchos encontraran referentes muy cercanos que le obligarán a una lectura más personal, intuitiva y cercana; y en el que el formato juega en favor de ese tipo de un tipo de lecturas más íntimas y relajadas, recordando lo bueno y lo malo de esos años.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

El universo en un instante

gran guerra portadaLa Gran Guerra (Joe Sacco). Penguin Random House, 2014. Cartoné. 16 págs. B/N. 23,90 €

El tiempo es una de las mayores incógnitas a la que nos enfrentamos, ya sea en algo tan cotidiano como nuestro día a día o algo que busque una gran transcendencia como querer organizar por etapas el devenir de la raza humana. Al fin y al cabo el tiempo sólo existe si lo observamos desde fuera, si somos capaces de tomar un punto de referencia y darle una duración exacta a los instante, sólo así habrá una diferencia entre el 27 de enero de 1984 y el 14 de abril de 1985, en cualquier otro caso, esos dos grupos de 24 horas no tendrán la más mínima relación, pudiendo estar separados por algo más de un año o por más de 30 millones de segundos. Pero así es el hombre, ha de organizarlo todo, pues al final es necesario saber que pasó el 11 de septiembre del 2011 del mismo modo que podamos explicar en que consistió la Baja Edad Media. El tiempo es útil, o al menos su codificación y medida, porque nos permite conocer y reflexionar el pasado y organizarnos de cara al futuro.

Así que no es de extrañar que hayan sido mucho los autores que han tratado de atrapar periodos del tiempo para poder explicarlos, ya fueran siglos, años, días o minutos. Un poderoso ejemplo de este tratar de dominar el tiempo lo encontramos en el documental soviético Un día en la guerra realizado en 1942 por Mihail Slutsky. Para realizar el documental, más de 200 cámaras realizaron diversas tomas por toda la Unión Soviética durante el 13 de junio de 1942, posteriormente todo el metraje fue montado para intentar mostrar el zeigest de una única jornada del enfrentamiento entre la URSS y la Alemania Nazi. Pero al igual que esa obra trataba de condensar un día de la existencia de todo un país, también se realizaban otras producciones que cerraban el espectro territorial pero ampliaban el temporal, casos como el documental Leningrado en Guerra, realizado el mismo año por el famoso Roman Karmen, quien recogió y transmitió toda la intensidad y atrocidad de la Batalla de Leningrado. Al final los autores, directores en este caso, trataban de dar sentido al tiempo, de decir que tal día o tal compendio de días o semanas tenían un significado.

Esto mismo es lo que ha intentado hacer, y podemos decir que con un resultado más que positivo, el autor y periodista Joe Sacco con La Gran Guerra, quizás una de las reflexiones más puras y desnudas sobre la Primera Guerra Mundial, aquel conflicto llamado a terminar con todas las guerras. Pero Joe Sacco no opta por realizar una densa obra en la que exponer todo el largo y complejo proceso del conflicto, sino que se centra en una única batalla, en un único día de la misma, e incluso en sólo uno de los bandos. De esta forma sólo somos testigos de la primera jornada de la Batalla del Somme en Francia, centrándonos en ese 1 de julio de 1916, un enfrentamiento que se alargaría hasta mediados de noviembre, sesgando la vida de decenas de miles de súbditos de los imperios británicos y alemanes. Joe Sacco nos acompaña de la mano, casi literalmente, a lo largo de esa jornada en la que los británicos lanzaron millones de obuses mientras recorrían kilómetros de trincheras llenas de barro y una zona en tierra de nadie donde la muerte campaba a sus anchas.

34a3368f1a8766a9907c43f5afd58102

Para esta labor, Joe Sacco aceptó una propuesta de su editor, con lo que en lugar de ser un cómic lleno de páginas, viñetas y bocadillos, La Gran Guerra es una única ilustración de más de siete metros de largo donde al modo de los tapices medievales la historia fluye en una única línea que avanza inexorablemente en el tiempo y el espacio, desde la preparación de la batalla hasta el entierro de los muertos. Este despliegue técnico de Joe Sacco, con una línea clara y negra que no deja lugar a la duda, mantiene una avance seguro hacia la destrucción más caótica, pues mientras durante la preparación de la batalla las figuras son perfectamente reconocibles dentro de su disciplina; tras pasar por el humo y el caos de la batalla, donde la metralla desdibuja a los hombres; nos volvemos a encontrar un mundo nuevamente reconocible pero esta vez atrapado en el caos de los heridos y los muertos. Mientras que el inicio y el final de La Gran Guerra se podría leer como un cómic bélico francobelga clásico, su parte central, sin recurrir a la fantasía, se convierte casi en una representación del infierno, un caos donde no sabemos si las explosiones las provocan los obuses que caen del cielo o si son originadas desde el corazón de la tierra.

Pero si algo distingue La Gran Guerra de Joe Sacco más allá de su apuesta formal, es sin duda la óptica elegida, pues mientras la mayoría de los textos bélicos tratan de generar un juicio de valor respecto a la contienda, ya sea alabando la heroicidad de un bando, remarcando la maldad del otro, o subrayando el absurdo del conflicto, Joe Sacco opta por mostrarnos los hechos de la forma más objetiva posible. Asistimos a la mayor masacre sufrida por el ejercito británico sin siquiera ver a uno solo de sus enemigos. En cierto sentido somos como el General Douglas Haig, testigos mudos del horror que se presenta ante nuestros ojos. Afortunados quienes tengan una pared de siete metros libres para colgar La Gran Guerra y simplemente observarla, devorarla con los ojos y perderse en las trincheras.

joe-sacco-la-gran-guerra

@bartofg
@lectorbicefalo

Hora de aventuras.

johan-y-pirluit-VOL-1

Johan y Pirluit. Volumen 1 (Peyo) Dolmen Editorial, 2014. Cartoné, 184 Págs. Color 31.95 €

Existe el convencimiento más o menos cierto que los niños han abandonado el cómic como fuente masiva de entretenimiento. Creo que estoy de acuerdo con esa idea, creo que si fuese un niño a día de hoy el cómic no sería mi fuente principal de entretenimiento, al menos tengo esa impresión. Y no se trata de pesimismo si no de que la oferta electrónica de ocio juvenil e infantil es sencillamente apabullante. A eso hay que sumarle que aquellos cómics destinados al entretenimiento masivo de los más jóvenes, al menos en principio, están cambiando y desplazando su plataforma de textos primarios, véase las adaptaciones (por ahora) de las películas Marvel. Posiblemente la edad de entrada del cómic se halla desplazado unos años, una vez pasado el furor de lo electrónico en la infancia.

Pero es que tampoco existe una oferta real como la que hubo antaño sobre todo tras la desaparición de los cómics de los quioscos, lo cual los convertía en un producto habitual y deseado en nuestro día a día, destinada a este público en los formatos con los que hemos crecido los lectores de cómics actuales. Entre mis primeros recuerdos como lector de tebeos están los cómics de la colección Ole, y entre estos guardo un grato recuerdo de los cómics de Johan y Pirluit, creo que fueron entre todos mis favoritos, y aunque sea una paradoja los de Los Pitufos nunca me llegaron a gustar demasiado. Sin embargo, a pesar de que los segundos nunca estuvieron entre mis favoritos hay algo que no se le puede negar a Peyo: su capacidad de hacer un cómic de aventuras, entretenido, asequible sin ser simple pensados para los jóvenes lectores.

137B

Ese era mi pensamiento original sobre el recuerdo que tenia de las aventuras de estos dos personajes. Mi sorpresa ha sido cuando casi treinta años después he vuelto a releer sus aventuras aprovechando la edición del primer volumen de los integrales editados por Dolmen. La frescura de las historias a pesar de ser las primeras dedicadas a estos personajes se mantiene. La gracia de esta colección, en concreto de este volumen, es ver la evolución de un Johan primigenio que nace en las tiras de la prensa de manera torpe para constituirse como un personaje solido a partir de la primera de sus aventuras El castigo de Basenhau, en el que se convierte en piedra angular del relato.

Lo mejor de la construcción de Johan es una de las mejores características de Peyo como autor: el personaje ficticio hace las veces de protagonista, otras de observador, aunque tiene una función secundaria que cumple a la perfección, servirnos como acompañante y mostrarnos el mundo en el que habita. Dicho en otras palabras, nos hace sentir sus compañeros, nos explica las costumbres del pueblo, la situación social, el contexto pseudohistorico. En el otro vértice está Pirluit un adulto que no ha madurado demasiado, un tanto pueril y que a diferencia de Johan busca las soluciones fáciles y directas, casi una representación del niño, o no tan niño, lector que tiene entre sus manos este volumen. Aunque creo que los buenos recuerdos que tengo de estas historias no solo se deben a las aventuras vividas por los personajes, si no a la experiencia lectora en sí misma. Las aventuras dibujadas por Peyo son perfectas para introducir al pequeño lector en el lenguaje de cómic, en la narrativa gráfica y en la estructura de los tebeos, aunque de eso uno no se da cuenta hasta que pasan unos años y vuelve a releer estas historias justo antes de irse a dormir.

El volumen integral se cierra con las historias El amo de Roucybeuf y El duende del bosque de las rocas, en la que tiene lugar la primera aparición de Pirluit. Aunque el volumen en cuestión ya sería redondo en sí mismo con estos tres álbumes, este se completa con las primeras apariciones de Johan en prensa, páginas pérdidas, un texto sobre la historia que hay detrás de la creación de estos personajes y otro a cargo de Alfons Moliné sobre la andadura de Dupuis en España, a parte de otro material extra. En definitiva, una gran oportunidad para releer, para recuperar, para conocer más de aquello que nos gustó tanto en nuestra infancia, pero lo que es más importante una gran oportunidad para enseñar a leer cómic y enganchar a los niños.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is Pain #191: Otredad.

Virginia Mori_0001

Virginia Mori (Virginia Mori) El verano del cohete, 2014. Rústica, 80 págs. Dos tintas. 16,50 €

 

“Si bastan dos mitades para hacer la unidad,

somos tercios en la nieve buscando un tullido más

para completar nuestra propia trinidad,

para engañar a nuestro destino final”

Tulsa – Te ofrecí

 

Mirarse en el espejo detenidamente y ver a otra persona es algo que sin ningún tipo de dudas nos ha pasado a todos alguna vez. Tener la sensación de no acabar de reconocer a la persona que tenemos enfrente por que se aleja del constructo ideal que tenemos de nosotros mismos. El espejo nos revela ese otro yo a veces no tan deseado que se convierte en un doppelgänger que nos muestra nuestras imperfecciones hasta el punto que en ocasiones desearíamos hacer como Alicia: pasar al otro lado del espejo para rendir cuentas con ese bastardo que reniega de nosotros.

En la ficción la construcción del otro a través de uno mismo suele ser algo complejo que nace, en muchas ocasiones, del odio y el rencor que los personajes sienten hacia así mismos; con un rechazo primitivo a las formas del yo-original. Edificar el yo-reflejo pasa por crearlo como un ser perverso, que en la mayoría de los relatos se constituye como un anti yo-original basado en quebrantar todas las reglas morales impuestas por la sociedad, teniendo como origen contemporáneo de estos relatos El extraño caso del Doctor Jekyll y el señor Hyde de Robert Louis Stevenson, en el que esa rotura con lo social era la base de la relación bipolar del personaje principal consigo mismo, y el que la deformación física, reelaborada a través de las múltiples adaptaciones cinematográficas, constituyen la base de la percepción visual de la oposición en la representación del yo.

mori

Pero ¿Qué pasa cuando la idea de esa bipolaridad se construye sobre la igualdad física y moral de nuestro propio yo? Pues en esas trata de respondernos la obra de Virginia Mori, ilustradora italiana enamorada del negro, y de sus pocos, pero existentes matices. En esas pequeñas variaciones del no-color encuentra el espacio perfecto para relanzar un discurso no carente de influencias pero que se cimienta sobre todo en su visión personal del yo-original y el yo-reflejo basada en la no-diferencia o dicho de otra manera sin pervertir ni demacrar el yo-reflejo con respecto al yo-original.

Entre las influencias podríamos estar hablando de Emiliy the Strange y The Addams Family de Charles Addams, esta última dio pie a la mejor sitcom de la historia de la televisión. Pero se trata más bien de influencias estéticas, aunque en el caso de la obra de Addams encontramos un punto de inflexión en Miércoles, la pequeña niña gótica que a través de todas las atrocidades que planea cometer intenta encontrarse así misma sin ningún tipo de complejo. Eso es lo que le pasa a los personajes que pueblan las ilustraciones de Virginia Mori, no existe un enfrentamiento dialectal y a pesar de las torturas que ejerce sobre si misma o sobre sus otras yo existe siempre una aceptación, no hay el más mínimo rechazo ni a la autoinflicción de dolor ni al impuesto por las otras.

mori2

El volumen editado por El verano del cohete, recoge la obra de esta ilustradora con un formato muy interesante que consiste en agrupar las ilustraciones en cuatro bloques precedidos de unas microhistorias escritas por: Alejandra Acosta, Christiane Cegavske, Sara Morante y Ana Sender. Lo cual ayuda a reescribir y a reimaginar la obra de esta autora  permitiéndonos sumergirnos en la historia que nos cuenta cada una de las ilustraciones o circunscribirlas en alguno de los bloques narrativos propuestos por cada una de estas autoras y la editorial.

Virginia Mori es uno de los must have de esta temporada, un título de los que dará que hablar durante mucho tiempo, y espero que sea la entrada definitiva de esta autora en nuestro país. La capacidad de Virginia es tal que sabe filtrar y aunar un lenguaje y una idea muy occidental en la elaboración del yo con ciertas estéticas naif, y utilizando referencias culturales niponas que buscan subyugar al lector a través de situaciones que por momentos encajan perfectamente en el surrealismo y a veces en lo DaDa. Como resultado tenemos un libro que se revaloriza con las segundas lecturas, aquellas en la que te obligan a buscar esa imagen que te ha estado obsesionando durante toda la semana.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Viejo corazón y nueva mente

toxico 001Tóxico (Charles Burns). Random House Mondadori, 2011. Cartoné. 64 págs. Color. 17,90€

la colmena 001
La colmena (Charles Burns). Random House Mondadori, 2013. Cartoné. 64 págs. Color. 17,90€

En el prólogo de la edición española de Señores del caos, Javier Calvo defiende la idea de que el black metal fue la última vanguardia artística, algo lógico si comparamos el devenir de estos jóvenes noruegos con los actos de los surrealistas en París, en cierto sentido, la juventud de Luís Buñuel en París poco tiene que envidiar a la quema de iglesias de Varg Vikernes. Pero no sólo murieron las vanguardias durante los noventa, ya que en la misma época nos encontramos al que quizás ha sido el último movimiento artístico articulado y transversal, la nueva carne. Desde principios de los ochenta hasta los últimos coletazos del siglo, autores como David Cronemberg, Clive Barker o Charles Burns crearon un corpus artístico y filosófico donde el humanismo más extremo se convertía en un charco de sangre a los pies del futuro. Pero tanto el black metal como la nueva carne, e incluso otras tendencias igual de interesantes, como el cyberpunk, no tardarían mucho en morir. El presente se comió el futuro, los smartphones tomaron el papel de los implantes cibernéticos, el porno amateur se convirtió en la expresión máxima del cuerpo humano, y Lady Gaga, por alguna extraña circunstancia, es considera extrema y provocativa.

Pero del mismo modo que De Mysteriis Dom Sathanas de Mayhem sigue siendo un disco que tiene mucho que decir, la lectura de Agujero Negro de Charles Burns es un acto obligatorio para cualquiera que quiera saber que significa ser humano, cambiar y sobrevivir a pesar de su propio cuerpo. Aunque no se debe olvidar que más allá de Agujero Negro, Charles Burns tiene una notable, aunque no muy numerosa, producción artística. En este sentido, la actual trilogía que está  desarrollando, la cual se inició con Tóxico en 2010, para continuar con La colmena en 2012, y cerrarse este otoño con Cráneo de azúcar, de próxima publicación en el mercado español, es un perfecto ejemplo. Afortunadamente para cualquier lector conocedor de la obra de Burns, la trilogía iniciada con Tóxico mantiene por un lado suficientes elementos como para seguir recorriendo el universo personal de su autor, sin dejar de lado nuevas propuestas e ideas que expanden su discurso.

toxico 029

La historia de Doug, un joven aspirante a artista, se engloba dentro de la iconografía más pura de Charles Burns y la nueva carne, pero yendo un paso más allá haciendo constancia de que el cuerpo no es la única fuente de problemas, incluyendo la mente en ese discurso. Hasta ahora, el cuerpo se había vendido en la obra de Burns como un obstáculo, como un lastre que impedía que la mente, donde realmente residía el ser humano, pudiera expandirse. En Tóxico y La colmena no encontramos eso, pues en este caso la mente es lo problemático, no como peso muerto, sino como un laberinto de espejos y humo que no nos deja avanzar. Así que si el cuerpo nos lastra y la mente nos engaña, ¿en qué podemos confiar?

La estructura de Tóxico y La colmena es tremendamente simple, chico conoce a chica, sin embargo, al jugar con planos superpuestos y utilizar la elipsis como herramienta continua, el lector se encuentra en una carrera continua a la búsqueda de respuestas. Todos queremos saber que pasó exactamente entre Doug y Sarah o por qué Doug tiene ese vendaje en la cabeza y qué es ese mundo donde un álter ego mezcla de Doug y Tintín intenta sobrevivir. Por desgracia para nosotros, cada respuesta nos presenta dos o tres preguntas nuevas, lo que va complicando cada vez más el relato, añadiendo más y más capas a la historia. Cuando una escena parece arrojar algo de luz entre Doug y Sarah, nos damos cuenta de que lo que realmente sucede es que se abre un gran interrogante sobre la relación del protagonista y su padre. Como es lógico, este desarrollo puede desembocar o en una resolución de todos los conflictos o en una amalgama de caos donde todo quede abierto. La resolución total es difícil conociendo la obra de Charles Burns, aunque seguramente no sea necesaria, ya que si aprendemos algo con el camino transitado en Tóxico y La colmena, es que todos tenemos problemas del mismo modo que todos desconocemos las respuestas.

la colmena 031

A falta de conocer el tercio final de la obra de Charles Burns, es difícil decir a que altura quedará su trabajo, ya que aunque de momento el recorrido es un tour de force fuera de toda duda, queda por saber que gusto final dejará Cráneo de azúcar. De momento no se puede negar que las varias líneas que se abren al rededor de Doug presentan un recorrido de lo más estimulante, desde su vida como joven artista y amante hasta su existencia como reflejo oscuro de Hergé, donde la línea clara francobelga se aúna con un universo tan incierto como asfixiante. En cierto modo, la trilogía de Charles Burns es un paso más en el desarrollo de la nueva carne del mismo modo que lo fue la película eXistenZ de Cronemberg, pues aunque la ruptura del cuerpo físico esté cada día un poco más alejada del imaginario colectivo, la fractura y descomposición de nuestra mente, y por hende de nuestro mundo, es un pulso cada día más fuerte y seguido.

@bartofg
@lectorbicefalo