Autobús a ninguna parte

el bus portada

 

 

El bus (Paul Kirchner). Ninth Ediciones, 2014. Cartoné. 24 x 17 cm. 96 págs. B/N. 15€

La búsqueda de los límites de cualquier expresión artística obliga ineludiblemente a evolucionar hacia un campo donde el texto más críptico y el concepto más obvio se dan la mano, un lugar donde la subjetividad del autor entra en conexión con la objetividad, que no deja de ser una subjetividad compartida y consensuada por la mayoría. Elementos como la pintura abstracta o el post-humor no tienen más remedio que apelar a un nivel tan interno que muchas veces o el consumidor se muestra receptivo o es incapaz de desentrañar el código de la obra. Como decía un profesor mío, hay que tener las orejas abiertas, o lo que viene siendo lo mismo, hay que estar dispuesto a participar en el discurso, a meditar no sólo lo que la obra representa por si misma, sino también a lo que significa para nosotros en lo más profundo.

Es cierto que la técnica siempre estará presente, no hay que ser ningún amante del arte para disfrutar del fresco La escuela de Atenas de Rafael, la calidad de la obra apabulla a cualquier ser humano con sistema nervioso que pasee por el Vaticano y se encuentre con esa obra magna. Pero siempre se puede ir un paso más allá, hasta el punto de abandonar incluso el valor de la técnica y quedarnos únicamente con la fuerza del concepto que se esconde más allá. El artista urbano Banksy basa gran parte de su producción en plantillas o stencils, sin necesidad de dominar el trabajo con su muñeca, pero el poder de la idea, de ese material críptico y abierto, le convierte en un comunicador universal. Este efecto podría ser aplicado a la obra El bus de Paul Kirchner, una producción que partiendo del chiste mudo es capaz de estirarse, volverse absurdamente metafísica y habitar los rincones más oscuros de cualquiera de nosotros, quienes no dejamos de ser hombrecitos grises sin objetivos en la vida pero con unas rutinas marcadas de la forma más estricta y protocolaria.

El bus se publicó desde 1978 hasta 1985 en la revista Heavy Metal, no siendo más que una tira a media página sin continuidad. Los únicos elementos estables dentro de la obra son el propio autobús urbano y un pasajero sin personalidad del que nunca llegamos a saber nada, ni siquiera su nombre, así que mucho menos su vida al margen de esperar el bus, pagar el billete, esperar durante el trayecto y bajarse en su destino. Aunque en su simpleza podría considerarse que El bus se limitaría a mostrar bromas comunes alrededor de un viaje en autobús, lo cierto es que Paul Kirchner parece desconocer cualquier limite en lo concerniente al humor. Es cierto que en el bus encontramos algún que otro gag visual, especialmente en las primeras tiras, en las que Paul Kirchner domina el humor clásico más cotidiano, consiguiendo la carcajada cómplice del lector, siempre y cuando éste haya viajado más de un par de veces en transporte público. Pero poco a poco la obra se va infectando por un humor más inaccesible y por una notable combatividad dialéctica, obligado al lector a pensar, congelando más de una vez la sonrisa para mostrar verdades más que incómodas disfrazadas de un inocente chiste.

bus pag

Los temas a tratar son variados, desde la lucha de clases hasta la propia existencia de una realidad física, todo con un sentido del humor cáustico que sin dejar de ser cómico visualiza al lector mucho más. Paul Kirchner sabe ir hilando fino, pasando de la broma cotidiana al estudio antropológico del ser humano y el propio autobús, quien poco a poco se convierte en un ser biológico con su propia personalidad. Por si esto fuera poco, Paul Kirchner no tiene problemas en usar El bus para simplemente realizar experimentos visuales, explorando los límites de la narrativa gráfica y de la plasmación en dos dimensiones. Hasta cierto punto podría considerarse al autor de El bus un lunático que no tiene mucha idea de lo que hace, alguien con la suerte de que todo lo que intenta, ya sea un chiste sobre un paraguas olvidado, un juego con la escala del dibujo o una crítica marxista a la sociedad, termina teniendo un éxito apabullante. No hay tira mala en El bus, sólo diferentes intenciones con diversos resultados.

Afortunadamente, Paul Kirchner decidió abandonar la serie en el momento que se aburrió de la misma, con lo que El bus termina en un punto álgido en lugar de tener que soportar un lento declive en el que fuera perdiendo fuerza y profundidad. Posteriormente, Paul Kirchner trabajó en cómics relacionados con series infantiles, así como el diseño de juguetes, para en la actualidad centrar su trabajo en el mundo de la publicidad. Pero ese trabajo efímero no hace más que agrandar a El bus, sin duda una obra a tener muy en cuenta, algo difícil de encorsetar, pues definir El bus como un recopilatorio de tiras gráficas es quedarse muy cortos teniendo en cuenta el enorme y salvaje potencial que Paul Kirchner despliega con un simple autobús de ruta y un pasajero despistado que sólo quiere leer el periódico sin que el mundo exterior le moleste.

@bartofg

@lectorbicefalo

Al norte del Mississippi, al sur del Elba

huck finn portada

 

Huck Finn (Olivia Vieweg). Impedimenta, 2014. Rustica. 17 x 24 cm. 144 págs. Color. 21,95€

Si la infancia debe caracterizarse por algo en particular no debería ser por la inocencia o la ternura, sino más bien por la ausencia de límites, pues aunque un niño es capaz de vivir el amor en su máximo grado, no es menos cierto que la crueldad y la maldad son elementos que no se quedan precisamente por detrás en cuestión de intensidad. Las grandes obras con infantes como protagonistas no dejan de ser cantos a la individualidad más extrema, casi defensas a ultranza del darwinismo social, así relatos como El lazarillo de Tormes o Oliver Twist, salvando sus diferencias, nos muestran como los niños están capacitados para la bondad en mismo grado que para la supervivencia. Pero si hay alguna obra que se ha convertido en el paradigma de las infancias y adolescencias turbulentas no puede ser otra que el díptico de Mark Twain ambientado en el gran Mississippi, compuesto por las novelas Las aventuras de Tom Sawyer Las aventuras de Huckleberry Finn.

Estas dos obras, consideradas como parte de la primera hornada de las grandes novelas norteamericanas son tanto una perfecta descripción del sur de Estados Unidos durante los años previos al estallido de la Guerra Civil, como un estudio del alma salvaje e indómita de la juventud. En los libros se mezclan terratenientes sureños de intachable honor con viudas piadosas, borrachos de pueblo y esclavos negros, creando un crisol donde las mayores injusticias se mezclan con un hambre atroz por la libertad. La trama de las novelas se mezcla de forma tan orgánica con sus coordenadas espaciotemporales que muy difícilmente nos podemos imaginar a un Tom Sawyer o un Huck Finn lejos del Mississippi de mediados del siglo XIX. Aunque como es lógico, esto no ha sido impedimento para que variados artistas hayan tomado como punto de partida la obra de Mark Twain para llevarla a su terreno, sin descartar la opción de mover por el tiempo y el espacio a sus protagonistas. Cuando hablamos de Beowulf de Santiago García y David Rubín, vimos como el guionista optó por ser lo más fiel posible a la obra original, algo que la alemana Olivia Vieweg descarta totalmente en su cómic Huck Finn donde el joven Huckleberry Finn viaja hasta la actual Alemania, tratando eso sí de mantener su personalidad característica.

El trabajo de Olivia Vieweg es considerable, pues pocos lugares pueden ser más distintos que el sur de Estados Unidos a mediados del XIX y el norte de Alemania durante los primeros compases del siglo XXI. Aunque lo sencillo hubiera sido mantener la trama intacta cambiando únicamente los nombres de los lugares y la arquitectura de los edificios. Olivia Vieweg realiza a conciencia su labor, consiguiendo contar lo mismo que Mark Twain en la Alemania actual sin que se produzcan demasiados rechinamientos. La situación de Huck Finn se mantiene de forma parecida, aunque en lugar de ser acogido por una viuda rica, ahora vive bajo los cuidados de una voluntaria de una asociación de niños desfavorecidos. Aunque la mejor mutación sin duda es la del negro Jim, que pasa de ser un esclavo fugado de una plantación a una prostituta asiática de nombre Jin. Como es lógico, Jin es perseguida por mafiosos especializados en la trata de mujeres, que no dejan de ser el reflejo de los trabajadores del antiguo amo de Jim. Olivia Vieweg consigue un paralelismo excepcional en el que deja claro que siguen existiendo ciudadanos de segunda sin importar los avances de la sociedad. Estos criterios se ven nuevamente superados por la inocencia del niño, que sin dejar de ser un maleante es el único que se apiada de un alma en peligro.

huck finn pag

Desgraciadamente, Huck Finn se resiente un poco cuando el protagonista se ve envuelto en una venganza de sangre entre dos familias. Aunque este elemento de honor es perfectamente entendible entre sureños con trajes de lino blanco, extraña un poco entre familias veganas de la Alemania actual. No resulta demasiado sencillo imaginarse a un padre de familia que practica yoga y toma mermelada ecológica matando a su vecino con una puñalada durante un duelo. Por fortuna, este intento de traslación tan directa que no termina de funcionar no lastra totalmente la obra, consiguiendo que Olivia Vieweg termine el viaje de Huck y Jin de forma más que notable, logrando que la amistad entre el granuja de Halle y la antigua prostituta asiática tenga poco que envidiar a la del canalla de St. Petesburg y el antiguo esclavo negro. Huck Finn es una adaptación más que notable, aunque también se debe  reconocer que la obra de Olivia Vieweg funciona perfectamente al margen del texto original de Mark Twain, sabiendo la autora crear una obra con personalidad propia, tanto por las decisiones que toma a la hora de trasladar el argumento como gracias a su acabado visual, con un dibujo y una narrativa puesta siempre al servicio de la historia que quiere contar.

@bartofg

@lectorbicefalo