La importancia de una buena pareja sexual para robar un banco

sex-criminals-vol-01-releases

 

Sex Criminals: One Weird Trick (Matt Fraction y Chip Zdarsky). Image, 2014. Rústica. 25,5 x 16,5 cm. 128 págs. Color. 9,99$

Hace poco no tuve otra idea que ir al cine a ver Mil maneras de morder el polvo. Como es lógico, la sala estaba completamente llena de niños menores de 12 años, la inmensa mayoría sin sus padres. En un momento de la película un enorme bloque de hielo destroza el cráneo de un desgraciado con todo lujo de detalles, las risas de los niños eran ensordecedoras. En otra escena, el protagonista sufre un ataque de ansiedad al fumar marihuana, las carcajadas eran un torrente sin freno. Por último, en otro instante de la película, el protagonista por fin besaba a la chica, la sala se llenó de un silencio incómodo y denso, los chicos no podían más que murmurar molestos. No es nada nuevo que la juventud esté más preparada para la violencia que para el amor, y por extensión para el sexo. Con el tiempo esto sólo puede derivar en adultos insensibilizados ante la violencia y con carencias emocionales de primer orden.

Es fácil culpar a la tradición religiosa como principal fuente de este problema, pero lo cierto es que la sociedad actual, desde los educadores a los medios de comunicación, han confundido la sexualidad con la mecánica. Sólo hay que prestar atención a los productos culturales relacionados con el sexo, los cuales han pasado del erotismo, donde imperaba la relación entre los participantes, colocando el foco en conceptos como el deseo; hasta la pornografía, donde todo se resume al placer más primario, siendo la fricción de órganos sexuales el único punto de interés real. Así que nadie espere que los jóvenes que están por llegar sean mejores amantes, o simplemente compañeros de cama, debido a la sobre explotación visual de bombeos orgánicos.

Por suerte no toda la producción cultural se concentra en esa simplificación, sino que también existen propuestas que saben tratar el sexo desde una perspectiva mucho más abierta y profunda. Casos como el cómic Sex Criminals de Matt Fraction y Chip Zdarsky son un perfecto ejemplo de como el sexo tiene mil y una posibilidades. Matt Fraction se ha convertido rápidamente en uno de los guionistas más interesantes del mainstream americano, sabiendo trabajar tanto en obras personales como en longevas series de las editoriales más clásicas, casos en los que siempre consigue un valor añadido y una marca propia que le separa de la media. Sex Criminals es un cómic camino entre el romance y la ciencia-ficción, todo cubierto con una pátina de comedia, donde dos jóvenes, Suzie y Jon, tienen el extraño poder de congelar el tiempo cuando alcanzan el orgasmo. Aunque la trama general del cómic es el robo, más bien su preparación, de un banco utilizando sus capacidades suprahumanas, lo cierto es que al menos durante su primer arco argumental, Matt Fraction nos habla principalmente sobre el despertar sexual y la convivencia en pareja.

La capacidad de congelar el tiempo cuando se alcanza el clímax no es más que una excusa para sustentar la trama de ciencia-ficción, pero el verdadero valor de Sex Criminals se encuentra en la historia de Suzie y Jon, tanto la conjunta como la que cada uno ha vivido por separado hasta el momento en el que se han encontrado. La historia de Suzie es una continua ruptura de tabúes en la que Matt Fraction habla sin tapujos de la sexualidad femenina. En la mayoría de la producción de cómics de temática sexual, la mujer se presenta como un objeto de deseo pasivo, y en las contadas ocasiones en las que toma la iniciativa lo hace copiando el modelo clásico masculino, mostrándose más a un hombre con vagina que a una mujer. Pero Suzie no es la típica fantasía que convierte a las mujeres activas en ninfómanas, es una chica normal con sus propias necesidades, las cuales no tiene problemas en saciar, pero siempre desde su propia óptica. Son especialmente notables las escenas de la adolescencia de Suzie, donde queda perfectamente plasmada la idea de como la mujer es acorralada por la sociedad cuando intenta obtener la más mínima información sexual.

sexcriminals1-08

Por su parte Jon es completamente diferente, el hombre no suele tener problemas para explorar su sexualidad, siendo la sociedad mucho más permisiva con él. Así que Matt Fraction en lugar de conformarse con un hombre estándar que se masturbó en exceso durante su adolescencia para pasar a ser un adulto egoísta en la cama; construye un individuo lleno de claroscuros y aristas. El problema de los hombres actuales no es decir que les gusta el sexo, sino asumir que son imperfectos, y eso es precisamente lo que hace Jon, intentar lidiar con sus demonios interiores, tanto con su propio esfuerzo como con el apoyo de Suzie. Quizás sin quererlo, Matt Fraction ha conseguido construir una pareja tan real y compleja que deja en evidencia a la inmensa mayoría de las series que tratan única y exclusivamente dichos temas. Para Suzie y Jon el sexo existe y está siempre presente, como debería estarlo para cualquier persona.

Pero por si esto fuera poco, Sex Criminals es además un cómic tremendamente divertido y entretenido. El descubrimiento y dominio de los poderes de los protagonistas tiene poco que envidiar a los grandes cómics de superhéroes, igual que el universo que se intuye en los primeros números, con ideas tan bien aprovechadas como la Policía Sexual. Sex Criminals está recomendada para lectores adultos, aunque yo no vería descabellado recomendar su lectura a adolescentes con un mínimo de formación, pues al fin y al cabo van a ver cosas mucho peores y al menos podrán aprender algo realmente útil cuando Suzie, perfecto reflejo de Frank Underwood en House of Cards, rompe la cuarta pared y deja claro al lector lo que es importante en la cama y en la vida.

@bartofg

@lectorbicefalo

Anuncios

Entre lo gótico y el terrorismo esteta.

fantasma

El fantasma de la Ópera (Christophe Gaultier y Gaston Leroux) Impedimenta, 2014. Cartoné, 20 x 28 cm, 112 Págs. Color.21,95 €

Creo que fue hace un par de días que se dio a conocer la identidad real del asesino en serie más popular de la historia, de hecho el primero de la edad moderna con unas características propias y que da forma al concepto de serial killer. Evidentemente estamos hablando de Jack el Destripador. Que en realidad parece haber sido inmigrante polaco llamado Aaron Kosminski, de profesión peluquero. Y punto, se acabó la popularidad y lo mítico en torno al personaje que ahora renace como ser humano con cara, nombre y apellidos, se acabaron las especulaciones y las conspiraciones y todos los relatos de ficción en torno al personaje.

Hay quien dice que el siglo XX empezó con el primer crimen del criminal londinense, y con él la aparición del serial killer como una patología de una sociedad que preconizaba el capitalismo más salvaje y el periodo más brutal del ser humano. Aproximadamente una década después del último asesinato atribuido al destripador. Gaston Leroux empieza a publicar en Le Gaulois de manera serializada uno de los relatos góticos por excelencia El fantasma de la ópera, que comparte con Jack el destripador el ser un personaje que se refugia en el anonimato, a la vez que ser popular. Aunque también comparte cierto periodo histórico.

En esencia, Erik, el fantasma de la ópera, no deja de sr un asesino en serie, sobre el cual se acentúa lo romántico y desdichado de su situación. Sin embargo, esos motivos lo alejan de ser un asesino que mata por el placer de hacerlo. Lo cual lo aleja de ser una persona asocial para convertirse en un ente que busca causar el terror entre los asistente y los trabajadores del teatro, es decir, es un terrorista. El cual implanta sus condiciones de convivencia, pide su impuesto revolucionario a cambio de no llevar a cabo alguna de sus planificadas y premeditadas acciones.

fantasma-de-la-opera-02

El terrorista se configura como un portador de la muerte y la muerte se representa a través de una calavera, tal y como Christophe Gaultier describe al fantasma en esta adaptación al noveno arte de esta obra, creando un héroe, ya no romántico sino necromántico volcado en provocar el único momento inevitable en la vida de cualquier ser vivo. El relato de Gaultier es un canto lánguido a las relaciones humanas en las vísperas de un siglo XX que está dispuesto a cambiar todo lo que hasta aquel momento se había fraguado. El amor figura casi como una excusa desapasionada, como un leit motiv que empuja a los personajes a moverse más por los prototipos sociales que por las motivaciones personales.

El relato de Leroux filtrado a través de Gaultier se muestra fiel pero aplicando una vertiente oscura a medio camino entre el gótico más clásico y el terror urbanita más contemporáneo, respetando siempre los parámetros y los topos cronológicos del relato original pero dejando de lado lo romántico, en el sentido estricto de la palabra, de lado. Decantándose por mostrar lo obsesivo del acto de amar tanto por parte de Erik y Pierre en su forma de abordar a Ingrid. Pero, es ante todo, una adaptación con personalidad propia que respeta el original.

@MrMiquelpg

@lectorbicefalo

Spain is pain #185: Codex Ja Ja Jaijinianus

Culto1

Culto Charles (José Ja Ja Ja) Fulgencio Pimentel, 2014. Rústica con solapas. 21,7 x 29,7 cm. 64 páginas. B/N. 19€

No sé a partir de qué momento un hábito se convierte en tradición, pero como mínimo es el segundo año consecutivo que un grupo de “aficionados” a esto del cómic deciden cargar contra una obra o un autor concreto por traspasar ciertas fronteras que parecen que no se han de quebrantar dentro de lo que es las estructuras canónicas, o ultracanónicas, a la hora de narrar, plantear y presentar una historia. No es ni de lejos la primera ni la última vez que desde ciertos sectores se desautorizan ciertos trabajos que lo único, y no es poco, que hacen es plantear preguntas, crear dudas y esbozar nuevos caminos dentro del noveno arte.

El año pasado fue Pulir de Nacho García, una apuesta sobre la libre interpretación de los límites de la historieta, y Esto se ha hecho mil veces de Xabi Tolosa, un trabajo sencillo que se queda con lo esencial de la narración dejando lo accesorio de lado. En el presente curso la obra que ha dado que hablar ha sido Culto Charles de José Ja Ja Ja, una obra magna de difícil clasificación, y el debate que genera no es si es o no es comic, porque realmente a estas alturas da igual. Lo importante es la conceptualización de la obra, su estructura y los modos de lectura que aporta. Es en esto último donde este trabajo da un paso de gigante con respecto a las obras publicadas en los últimos años en cuanto a la construcción de relato y la multinarrativa dentro de la misma página viñeta.

Si bien en su última entrada Barto nos hablaba a propósito de El Bus que en cierta manera para innovar hay que ser críptico a la vez que obvio. Utilizar lo clásico y lo moderno por partes iguales para elaborar una narración coherente, eso no consiste en hacer un popurrí temático ni semántico; sino elaborar a partes iguales a partir de una deconstrucción total del discurso visual. Con Culto Charles  me vienen a la cabeza dos textos indispensables que remiten a lo dicho anteriormente de los modos de lectura. El primero de ellos es que es lo que me encuentro o como me dispongo a leer dicha obra: ¿Qué es Culto Charles? Yo veo un codex, un libro de usos y costumbres de un periodo concreto, en este caso contemporáneo que ligo con la primera de las obras que me viene a la cabeza el Codex Seraphinianus de Luigi Serafini, creado a mediados de los setenta y que no deja de ser una obra que busca causar un sinsentido escrito en una lengua creada exprofeso para un volumen que emula una enciclopedia visual de un mundo inexistente. Ese sería mi primero modo de lectura de la obra de José Ja Ja Ja el plantearnos un mundo desconocido o escrito de una manera para que lo habitual parezca extraño. Para que ese primer modo tuviera lugar han jugado dos aspectos en su favor: las muy evidentes construcciones narrativas-visuales que recuerdan al Entierro del Conde de Orgaz de El Greco, con una estructuración por capas dentro del mismo relato y la edición en libro intonso.

culto3

El libro intonso remite en cierta manera a lo que Umberto Eco denominaba obra abierta, aunque en el caso de este título se trata de algo más físico se puede denominar como tal. Sacar el DNI para separar las páginas ayuda a crear una idea de lo inédito y lo inexplorado de la llegada de algo salvaje que esta por dominar, y en eso último no nos equivocamos mucho. Eso me lleva al segundo modo de lectura, y al segundo texto que me viene a la cabeza: El nombre de la rosa del mismo autor que Obra abierta. Contienen ambas obras, la del escritor italiano y la del español, un paralelismo en la estructura, salvando distancias estilísticas, pero sobre todo me gustaría fijarme en las portada de Culto Charles y el prólogo de la obra de Eco, el cual habla de un texto ajeno de que no es suyo sino un palimsesto de una historia anterior. Dos elementos que funcionan de la misma manera, aportando misterio y causando interés en el lector.

Pero esta obra es mucho más que eso, es una obra de principio a fin de la portada a la contraportada, las solapas, la información contenida en su forma de narrar una especie de apocalipsis doméstico naïve, las estructuras de página y la narrativa viñeta a viñeta. Pero es ante todo una apuesta importante por entender el cómic no como un nicho intelectual de mercado y si como una opción y una oportunidad para abrir espacios de creación. Para mí, desde ahora, uno de mis favoritos forever que necesitaré revisar de tanto en tanto.

 

@MrMiquelpg

@lectorbicefalo

Autobús a ninguna parte

el bus portada

 

 

El bus (Paul Kirchner). Ninth Ediciones, 2014. Cartoné. 24 x 17 cm. 96 págs. B/N. 15€

La búsqueda de los límites de cualquier expresión artística obliga ineludiblemente a evolucionar hacia un campo donde el texto más críptico y el concepto más obvio se dan la mano, un lugar donde la subjetividad del autor entra en conexión con la objetividad, que no deja de ser una subjetividad compartida y consensuada por la mayoría. Elementos como la pintura abstracta o el post-humor no tienen más remedio que apelar a un nivel tan interno que muchas veces o el consumidor se muestra receptivo o es incapaz de desentrañar el código de la obra. Como decía un profesor mío, hay que tener las orejas abiertas, o lo que viene siendo lo mismo, hay que estar dispuesto a participar en el discurso, a meditar no sólo lo que la obra representa por si misma, sino también a lo que significa para nosotros en lo más profundo.

Es cierto que la técnica siempre estará presente, no hay que ser ningún amante del arte para disfrutar del fresco La escuela de Atenas de Rafael, la calidad de la obra apabulla a cualquier ser humano con sistema nervioso que pasee por el Vaticano y se encuentre con esa obra magna. Pero siempre se puede ir un paso más allá, hasta el punto de abandonar incluso el valor de la técnica y quedarnos únicamente con la fuerza del concepto que se esconde más allá. El artista urbano Banksy basa gran parte de su producción en plantillas o stencils, sin necesidad de dominar el trabajo con su muñeca, pero el poder de la idea, de ese material críptico y abierto, le convierte en un comunicador universal. Este efecto podría ser aplicado a la obra El bus de Paul Kirchner, una producción que partiendo del chiste mudo es capaz de estirarse, volverse absurdamente metafísica y habitar los rincones más oscuros de cualquiera de nosotros, quienes no dejamos de ser hombrecitos grises sin objetivos en la vida pero con unas rutinas marcadas de la forma más estricta y protocolaria.

El bus se publicó desde 1978 hasta 1985 en la revista Heavy Metal, no siendo más que una tira a media página sin continuidad. Los únicos elementos estables dentro de la obra son el propio autobús urbano y un pasajero sin personalidad del que nunca llegamos a saber nada, ni siquiera su nombre, así que mucho menos su vida al margen de esperar el bus, pagar el billete, esperar durante el trayecto y bajarse en su destino. Aunque en su simpleza podría considerarse que El bus se limitaría a mostrar bromas comunes alrededor de un viaje en autobús, lo cierto es que Paul Kirchner parece desconocer cualquier limite en lo concerniente al humor. Es cierto que en el bus encontramos algún que otro gag visual, especialmente en las primeras tiras, en las que Paul Kirchner domina el humor clásico más cotidiano, consiguiendo la carcajada cómplice del lector, siempre y cuando éste haya viajado más de un par de veces en transporte público. Pero poco a poco la obra se va infectando por un humor más inaccesible y por una notable combatividad dialéctica, obligado al lector a pensar, congelando más de una vez la sonrisa para mostrar verdades más que incómodas disfrazadas de un inocente chiste.

bus pag

Los temas a tratar son variados, desde la lucha de clases hasta la propia existencia de una realidad física, todo con un sentido del humor cáustico que sin dejar de ser cómico visualiza al lector mucho más. Paul Kirchner sabe ir hilando fino, pasando de la broma cotidiana al estudio antropológico del ser humano y el propio autobús, quien poco a poco se convierte en un ser biológico con su propia personalidad. Por si esto fuera poco, Paul Kirchner no tiene problemas en usar El bus para simplemente realizar experimentos visuales, explorando los límites de la narrativa gráfica y de la plasmación en dos dimensiones. Hasta cierto punto podría considerarse al autor de El bus un lunático que no tiene mucha idea de lo que hace, alguien con la suerte de que todo lo que intenta, ya sea un chiste sobre un paraguas olvidado, un juego con la escala del dibujo o una crítica marxista a la sociedad, termina teniendo un éxito apabullante. No hay tira mala en El bus, sólo diferentes intenciones con diversos resultados.

Afortunadamente, Paul Kirchner decidió abandonar la serie en el momento que se aburrió de la misma, con lo que El bus termina en un punto álgido en lugar de tener que soportar un lento declive en el que fuera perdiendo fuerza y profundidad. Posteriormente, Paul Kirchner trabajó en cómics relacionados con series infantiles, así como el diseño de juguetes, para en la actualidad centrar su trabajo en el mundo de la publicidad. Pero ese trabajo efímero no hace más que agrandar a El bus, sin duda una obra a tener muy en cuenta, algo difícil de encorsetar, pues definir El bus como un recopilatorio de tiras gráficas es quedarse muy cortos teniendo en cuenta el enorme y salvaje potencial que Paul Kirchner despliega con un simple autobús de ruta y un pasajero despistado que sólo quiere leer el periódico sin que el mundo exterior le moleste.

@bartofg

@lectorbicefalo

Al norte del Mississippi, al sur del Elba

huck finn portada

 

Huck Finn (Olivia Vieweg). Impedimenta, 2014. Rustica. 17 x 24 cm. 144 págs. Color. 21,95€

Si la infancia debe caracterizarse por algo en particular no debería ser por la inocencia o la ternura, sino más bien por la ausencia de límites, pues aunque un niño es capaz de vivir el amor en su máximo grado, no es menos cierto que la crueldad y la maldad son elementos que no se quedan precisamente por detrás en cuestión de intensidad. Las grandes obras con infantes como protagonistas no dejan de ser cantos a la individualidad más extrema, casi defensas a ultranza del darwinismo social, así relatos como El lazarillo de Tormes o Oliver Twist, salvando sus diferencias, nos muestran como los niños están capacitados para la bondad en mismo grado que para la supervivencia. Pero si hay alguna obra que se ha convertido en el paradigma de las infancias y adolescencias turbulentas no puede ser otra que el díptico de Mark Twain ambientado en el gran Mississippi, compuesto por las novelas Las aventuras de Tom Sawyer Las aventuras de Huckleberry Finn.

Estas dos obras, consideradas como parte de la primera hornada de las grandes novelas norteamericanas son tanto una perfecta descripción del sur de Estados Unidos durante los años previos al estallido de la Guerra Civil, como un estudio del alma salvaje e indómita de la juventud. En los libros se mezclan terratenientes sureños de intachable honor con viudas piadosas, borrachos de pueblo y esclavos negros, creando un crisol donde las mayores injusticias se mezclan con un hambre atroz por la libertad. La trama de las novelas se mezcla de forma tan orgánica con sus coordenadas espaciotemporales que muy difícilmente nos podemos imaginar a un Tom Sawyer o un Huck Finn lejos del Mississippi de mediados del siglo XIX. Aunque como es lógico, esto no ha sido impedimento para que variados artistas hayan tomado como punto de partida la obra de Mark Twain para llevarla a su terreno, sin descartar la opción de mover por el tiempo y el espacio a sus protagonistas. Cuando hablamos de Beowulf de Santiago García y David Rubín, vimos como el guionista optó por ser lo más fiel posible a la obra original, algo que la alemana Olivia Vieweg descarta totalmente en su cómic Huck Finn donde el joven Huckleberry Finn viaja hasta la actual Alemania, tratando eso sí de mantener su personalidad característica.

El trabajo de Olivia Vieweg es considerable, pues pocos lugares pueden ser más distintos que el sur de Estados Unidos a mediados del XIX y el norte de Alemania durante los primeros compases del siglo XXI. Aunque lo sencillo hubiera sido mantener la trama intacta cambiando únicamente los nombres de los lugares y la arquitectura de los edificios. Olivia Vieweg realiza a conciencia su labor, consiguiendo contar lo mismo que Mark Twain en la Alemania actual sin que se produzcan demasiados rechinamientos. La situación de Huck Finn se mantiene de forma parecida, aunque en lugar de ser acogido por una viuda rica, ahora vive bajo los cuidados de una voluntaria de una asociación de niños desfavorecidos. Aunque la mejor mutación sin duda es la del negro Jim, que pasa de ser un esclavo fugado de una plantación a una prostituta asiática de nombre Jin. Como es lógico, Jin es perseguida por mafiosos especializados en la trata de mujeres, que no dejan de ser el reflejo de los trabajadores del antiguo amo de Jim. Olivia Vieweg consigue un paralelismo excepcional en el que deja claro que siguen existiendo ciudadanos de segunda sin importar los avances de la sociedad. Estos criterios se ven nuevamente superados por la inocencia del niño, que sin dejar de ser un maleante es el único que se apiada de un alma en peligro.

huck finn pag

Desgraciadamente, Huck Finn se resiente un poco cuando el protagonista se ve envuelto en una venganza de sangre entre dos familias. Aunque este elemento de honor es perfectamente entendible entre sureños con trajes de lino blanco, extraña un poco entre familias veganas de la Alemania actual. No resulta demasiado sencillo imaginarse a un padre de familia que practica yoga y toma mermelada ecológica matando a su vecino con una puñalada durante un duelo. Por fortuna, este intento de traslación tan directa que no termina de funcionar no lastra totalmente la obra, consiguiendo que Olivia Vieweg termine el viaje de Huck y Jin de forma más que notable, logrando que la amistad entre el granuja de Halle y la antigua prostituta asiática tenga poco que envidiar a la del canalla de St. Petesburg y el antiguo esclavo negro. Huck Finn es una adaptación más que notable, aunque también se debe  reconocer que la obra de Olivia Vieweg funciona perfectamente al margen del texto original de Mark Twain, sabiendo la autora crear una obra con personalidad propia, tanto por las decisiones que toma a la hora de trasladar el argumento como gracias a su acabado visual, con un dibujo y una narrativa puesta siempre al servicio de la historia que quiere contar.

@bartofg

@lectorbicefalo