Spain is pain #187: Aber wir Modernen.

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Las meninas (Santiago García y Javier Olivares) Astiberri, 2014. Cartoné 18,46 x 26 cm. Color 192 páginas.18 euros.

La obra de Velázquez es por definición inevitable, cuando uno estudia la historia del arte siempre hay artistas que van y vienen, otros que dependiendo de los teóricos y críticos que estén en boga en ese momento adquieren mayor o menor valor. Sin embargo, Velázquez es inevitable, ni sale ni entra, siempre está ahí y siempre estará ahí. Existe una línea muy clara entre el arte pictórico actual que nos lleva a través de Picasso, hacia Goya y de ahí a Velázquez. Velázquez como ese gran moderno que engloba todo lo que vino después.

El sevillano a pesar de ser el pintor de cámara de la casa real también fue el aposentador real,  uno de los muchos cargos que ocupo dentro de la casa del rey, labor que le ocupaba cada vez más tiempo. Encarnando no solo la idea del artista como profesión adquirida a través de la maestría sino a través de la vocación. Aunque Velázquez cobraba por su trabajo artístico sí que existía en esa dicotomía una rotunda afirmación: el artista lo es a pesar de no vivir de sus ingresos como tal, aunque sería lo deseable. Situación en la que están muchos artistas hoy día y si miramos al ámbito del cómic esta situación se acentúa todavía más.

De Velázquez conocemos su obra pero ¿qué sucede con él? La persona, el genio, aquel que a día de hoy es el más importante de los pintores españoles. Ese es el misterio que tratan de resolver Santiago García y Javier Olivares en Las meninas, saber quién era ese pintor que a día de hoy ha alcanzado el estatus de mito. Adoptando la forma de una puesta en abismo, o dicho de otra manera, a modo de cajas chinas; se nos narra una historia que contiene a otra pero que todas tienen como centro neurálgico a Las meninas, la que es sin ningún tipo de dudas su trabajo más reconocido tanto a nivel popular como por los entendidos en arte. Y es que la obra de García y Olivares copia en cierto sentido la estructura de un cuadro que encierra otros muchos, cuyo nivel de composición va más allá de la mera representación de los personajes que aparecen en escena.

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Siguiendo esas pautas la obra editada por Astiberri despliega una serie de recursos que no son capaces de dejar indiferente a nadie: en primer lugar el mencionado anteriormente, la centralidad temática de la obra del pintor y luego del pintor. A partir de ahí reverberan una serie de ecos que se reflejan en artistas posteriores como: Foucault, Dalí, Goya o Picasso. Que revelan no solo la importancia de la obra en cuestión sino la necesidad de poner en valor y de manifiesto los referentes muchísimo más allá de la mera copia u homenaje.

Pero los ecos no se disparan hacia el presente sino también hacia el pasado mostrando la grandeza del maestro, aprendiendo y recurriendo de artistas anteriores a él. A continuación le sigue otro tipo de dispersión narrativa, está en torno al pintor, su vida y las personas y personajes que le rodearon en todo momento. El mensaje está claro no se puede entender a una figura a la altura de Velázquez sin conocer su contexto, el genio nace del momento del que vive, no aislado ni elucubrando a espaldas del mundo. Todo, sin embargo, marcado con el inconfundible estilo de Javier Olivares, aunque es mucho mejor decir con los estilos de Javier Olivares, porque el artista madrileño es capaz de dotar a cada uno de los espacios temporales y temáticos de una personalidad propia con un cambio de estilo que se adapta perfectamente al registro elegido por Santiago García.

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Las meninas de Velázquez es una de las obras más importantes de la humanidad, la de Santiago García y Javier Olivares, va a ser como mínimo una de las más importantes del año porque aparte de lo desplegado narrativa y estéticamente confiere valor al cómic como transmisor de cultura, (no como cultura que ya lo es) y aunque sea un poco pretencioso, porque a veces hay que serlo, ponerse como uno de esos ecos que reverberan de la obra original, del texto primario, debiéndole todo y a la vez nada. Para mí el mejor trabajo de Santiago García como guionista y el más personal de Javier Olivares, las gotas de sudor que salen de Velázquez en las primeras páginas del libro no son otras que las del dibujante de esta obra.

@MrMiquelpg

@lectorbicefalo

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