Spain is pain #181: Dimensión sandía.

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Sandia para cenar (Javi de Castro) Thermozero Cómics, 2014. Rústica. 24 x 17 cm. 80 págs. Bitono. 8 €

Unir situaciones comunes de la vida cotidiana con hechos excepcionales es una fórmula que raramente suele fallar. Se trata de una retórica en la que la doble articulación narrativa, esa gran mentirosa, alcanza su máximo esplendor. Eso ya lo sabía y lo demostró durante décadas Rod Serling, el creador de Twilight Zone, entre otras series de televisión, que es con diferencia una de las grandes creaciones de ficción televisiva de la historia. En esos relatos se utilizaba la ciencia-ficción para hablar de cosas del día a día de la sociedad estadounidense, Gene Roddenberry hizo el mismo truco en Star Trek para hablar del racismo.

Esa vertiente fantástica nos remite a un uso distanciado de la realidad presente y de la crítica que se puede realizar con ese distanciamiento. Ahí, en ese juego entra en valor Sandia para cenar de Javi de Castro, un autor que ya nos tiene acostumbrados a ese uso de la doble articulación, pero que lo hace sin grandes catarsis ni pretensiones críticas, tan solo una introspección sobre los usos sociales contemporáneos, lo que si hace es explotar esos aspectos narrativos, tal y como pudimos ver en Agustín o en cualquier otra de sus creaciones pensadas directamente para la web.

Si en Agustín se narraba la historia de un hombre que descubría sus superpoderes y se veía consumido por ellos, literalmente. En Sandia para cenar nos encontramos con Rubén, un tipo normal. Aunque quizás sea mejor calificarlo de vulgar, tanto por su condición como por su aspecto, no destaca en absolutamente nada y no tiene algo que le haga especial, solo que sigue enamorado de la que fue su novia y su madre le trata como un niño y sus amigos con cierta condescendencia.

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A alguien así le tiene que suceder algo excepcional por narices, pero tiene que ser algo extraordinario, tanto como para eclipsarlo, y ese, o eso, es Santi, un amigo salido de una sandía. Ahí entra en juego el elemento fantástico, Santi es una especie de vampiro psíquico que lo anula a todos los niveles convirtiendo a Rubén en una especie de siervo. En este juego, Javi de Castro se sirve de cierto costumbrismo en la descripción de la vida diaria  de Rubén, algo básico para el desarrollo del relato y que sin ella este no sería concebible. Es por eso que la intrusión de Santi adquiere tanto valor. La ruptura, el hecho excepcional no es tanto que hable la sandía, como que sea una cabrona y que se dedique a hundir a la miseria a Rubén.

Javi de Castro, del que ya hable en su momento, es uno de los grandes valores venideros del comic nacional. Porque Sandia para cenar todavía no es perfecta, pero es mejor que sus anteriores trabajos lo cual indica que su talento va asentándose y creciendo poco a poco. No es uno de esos autores de vanguardia, ni tampoco uno de esos retrógrados que se apropia de la definición de lo que es un cómic. Se siente cómodo en el relato canónico de tres actos experimentando en la forma de la página algo que se debe en gran medida a las incursiones en sus webcómics.

Esta obra brilla en la descripción de espacios y personajes, breves pero contundentes, y en la utilización de las elipsis. Aunque si tengo que poner un pero es la moralina final, pero que es un relato de estas características sin esa retranca en el último giro de la historia.

@MrMiquelpg

@lectorbicefalo

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