La escopeta de Hideo

portada

 

I am a hero (Kengo Hanazawa). Norma Editorial, 2013. Rustica con sobrecubiertas. 11,5 x 17,5 cm. 240 págs. B/N. 8,50 €

Cuando Francis Fukuyama habla del fin de la historia, el concepto no debe entenderse como un Apocalipsis que acaba con todo, sino con la ruptura de los parámetros pasado, presente y futuro, los cuales quedan diluidos en un único tiempo donde los cambios son tan rápidos que no somos conscientes de los mismos, quedando todo supeditado a un aquí y ahora inestable e infinito. Esta sensación no hace más que alimentar las fantasías catastróficas, donde cualquier variación en el status quo es bienvenida, ya que la sociedad, al igual que el individuo, ansía la mutación como señal inequívoca de su propia existencia. Ante este panorama no es extraño que el retorno a una nueva edad oscura sea más que apetecible, un mundo más violento y simple donde comenzar a reconstruir una nueva civilización. En el fondo no dejamos de ser animales fascistas que prefieren imponer la ley del más fuerte, creyéndonos siempre los más aptos, en lugar de perfeccionar el dominio de la sociedad actual, un complejo baile de máscaras donde todo está medido al detalle.

Sin embargo, lo que no comprendemos es que en dicho cambio posiblemente seríamos los primeros en caer, los primeros afectados por una epidemia mundial o los primeros zombies creados sólo varias horas después del estallido. Hay una diferencia entre creernos fuertes y ser fuertes. Los grandes textos apocalípticos, desde Apocalipsis de Stephen King hasta Los muertos vivientes de Robert Kirkman, incluso El tiempo del lobo de Michael Haneke, coinciden en mostrarnos héroes perfectamente integrados en el mundo presente pero que a través de unas mínimas experiencias catárticas pasan a ser los señores del páramo: nunca son asesinados, violados, esclavizados o devorados, con fuerza de voluntad y con un poder interior que desconocían, siempre sobrepasan la ola. Esto deja fuera de lugar cualquier crítica posible a una sociedad actual donde el grueso de la población está constituido por consumidores y usuarios finales, sabemos hacer una ensalada pero no plantar un tomate, podemos conducir un coche pero no arreglarlo. Por suerte existen autores cuerdos como Kengo Hanazawa que saben que la única salida con cordura es la locura máxima, pues al final, tras el fin, no surgirán pequeñas ciudades estado basadas en el comercio de lana ni señores de la guerra tomarán el control de carreteras de arena. Sólo será cuestión de tiempo lo que nos permite el nuevo contexto sobrevivir, mientras en el monte sobreviven campistas y cazadores.

Esto es precisamente lo que le sucede a Hideo, el protagonista del manga I am a hero de Kengo Hanazawa, un treintañero de Tokio envuelto sin quererlo en un Apocalipsis Zombie. Hideo Suzuki es un mangaka de 35 años que está lejos de conocer el éxito, tras publicar una serie sin repercusión, sobrevive como ayudante de otro autor mientras deja pasar los días entre una novia a la que no quiere y un miedo atroz a la oscuridad. A diferencia de lo que pudiera parecer, el estallido apocalíptico no convierte a Hideo en un héroe de acción, más bien en un superviviente fortuito que sabe esquivar el peligro de una forma más o menos eficiente. Kengo Hanazawa convierte a su protagonista antes en un espectador que en un motor de la historia, Hideo no tiene problemas en dejarse llevar, en convertirse en el acompañante de cualquiera que se cruce en su camino, simplemente dejándose hacer y tratando de sobrevivir únicamente porque es lo que biológicamente le demanda su organismo. El protagonista de I am a hero podría haber muerto perfectamente en los primeros compases de la serie, pero la buena suerte y la ayuda externa marcan siempre la mínima diferencia necesaria para que pueda continuar siendo un día más un cronista de los últimos días del mundo.

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Con esta premisa en la cabeza, es lógico que I am a hero carezca de un desarrollo lineal o de cualquier cosa parecida a una misión. Hideo no quiere acabar con los zombies, ni cruzar todo Japón en busca de su amada, siendo suficiente sobrevivir un día más. Esto permite a Kengo Hanazawa jugar de una forma plástica con la trama, haciendo que su protagonista corra en círculos o vuelva atrás en todo momento. El guión puede dejar de lado la progresión lógica de cualquier relato épico para centrarse en pequeños detalles o ideas del autor, así que no es raro encontrar capítulos dentro de la obra que se alejan incluso de la propia historia de Hideo para desarrollar pequeños juegos, tanto narrativos como visuales que sirven para que Kengo Hanazawa explore tanto el mundo apocalíptico como el medio gráfico que sustenta su obra. Merecen especial atención capítulos como el dedicado al foro donde los internautas tratan de descubrir que ha sucedido en Japón, o el que se desarrolla casi exclusivamente en planos subjetivos. Estos juegos del autor hacen que I am a hero gane en complejidad y tenga un ritmo más lento de lo esperado, dándose incluso el caso de conceptos o ideas que son trabajadas por Kengo Hanazawa durante unos números para después ser abandonados. Así por ejemplo durante todo el primer tomo somos testigos sólo de la presentación de Hideo, asistiendo casi a un slice of life de un ayudante de mangaka, tramo donde se desarrolla una pequeña subtrama de un amigo imaginario de Hideo, la cual después es totalmente superada por los hechos.

La lectura de I am a hero es obligada para cualquier amante del cómic, no sólo porque sea difícil encontrar obras seinen de calidad, más allá de la producción de Naoki Urasawa o de la obra magna Homunculus de Hideo Yamamoto; sino porque la creación de Kengo Hanazawa tiene un poder, tanto conceptual como dramático, fuera de toda duda. El apocalipsis de I am a hero está alejado de cualquier fantasía paramilitar o bárbara, en el sentido más fantástico, tanto por la óptica del autor como por el contexto japonés, haciendo que los pequeños detalles conformen un universo mucho más original, creíble y aterrador. La propia escopeta de Hideo, quien practica tiro deportivo, es un símbolo de gran fuerza dentro de la obra, aunque la misma se dispare en ocasiones mínimas, nos hace ver el fin del mundo de otro modo, en el que una única arma de fuego se convierte en un elemento de poder absoluto en manos de alguien totalmente alejado de las dinámicas de liderazgo, alguien que está ahí por un mero capricho del azar.

@bartofg

@lectorbicefalo

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Un comentario en “La escopeta de Hideo

  1. Pingback: Tokyo bajo el terror de los muertos | El lector bicefalo

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