Mata a tu vecino y honra a tu padre

nick-bertozzi-jerusalc3a9n-forro

 

Jerusalén: Un retrato de familia (Boaz Yakin y Nick Bertozzi). La Cúpula, 2013. Cartoné. 15 x 21 cm. 404 págs. B/N. 28 €

Cuando le pides a cualquier persona que te nombre algún ganador del Premio Nobel de la Paz, lo más probable es que te responda Mahatma Gandhi, el pensador y político indio que prácticamente se ha convertido en sinónimo del pacifismo. Pero no, Gandhi jamás fue un digno candidato para el Parlamento de Noruega, como si lo han sido otros grandes políticos y militares como Mohamed Anwar Al-Sadat y Menachem Begin, presidente egipcio y primer ministro israelí, premiados en 1978, quienes con los acuerdos de Camp David pusieron fin a la guerra entre ambos países, hecho que propició el asesinato de Al-Sadat en 1981 por compatriotas egipcios. El conflicto árabe-israelí volvió a ser digno del Nobel de la Paz en 1994, cuando fueron premiados el palestino Yasir Arafat junto a los israelíes Shimon Peres e Isaac Rabin, aunque este último no pudo disfrutar mucho el premio, ya que fue asesinado, también por los suyos, en 1995. Así que mientras el líder indio jamás fue galardonado, el Parlamento Noruego parece empeñado en premiar a militares y terroristas, a ambos lados del conflicto, por simplemente dejar de asesinarse mutuamente durante pequeños periodos de tiempos.

Sí algo se puede haber hecho mal en Palestina, desde los tiempos del protectorado británico hasta el actual estado de Israel y los Territorios Palestinos, nadie puede poner en duda que la peor de las opciones es la que se ha llevado a cabo. En la actualidad el conflicto es una amalgama de muerte e incomprensión, un arma arrojadiza incluso para los ajenos al conflicto que ven en el mismo una perfecta metáfora para criticar al capitalismo, al colonialismo, al terrorismo, al integrísimo religioso, a la escalada bélica o al tráfico de armas; de este modo podemos encontrar desde manifestaciones neonazis a favor de la independencia de Palestina hasta negacionistas del holocausto que piden que Gaza y Cisjordania sean borradas del mapa. Durante décadas, dos pueblos históricamente masacrados se han especializado en asesinarse mutuamente en una escalada donde Israel ha ido ganando inexorablemente territorio y poder destructivo, ante una Palestina que en todo momento se ha negado a rendirse.

La mayoría de los defensores de la paz han optado siempre por la creación de dos estados independientes, que aunque no puedan coexistir en paz al menos tengan líneas claras en la tierra para vivir de espaldas. Sin embargo, ambos pueblos siempre han negado tal propuesta, queriendo llevar el exterminio de su enemigo hasta las últimas consecuencias. Como siempre, el conflicto es mucho más complejo de lo que pudiera parecer, por lo que es recomendable buscar fuentes objetivas y formadas para conocer no sólo su presente, sino también para escarbar en los orígenes del torbellino de sangre. Con este fin, pocos textos pueden ser tan clarificadores como el cómic Jerusalén: Un retrato de familia, obra de los autores norteamericanos Boaz Yakin, cineasta y guionista de origen judío; y Nick Bertozzi, autor de cómics y dibujante de la obra. En Jerusalén: Un retrato de familia asistimos a un drama familiar que bebe directamente de la mitología bíblica más pura, presentando a dos hermanos enfrentados por celos: una amargura de un hermano mayor, Yakov Halaby, un triunfador en la floreciente Jerusalén de los años 40 del pasado siglo; e Izak Halaby, un pequeño comerciante ahogado por deudas con su hermano. Aunque lo más particular de la obra, más allá de las intrincadas relaciones familiares, es su contexto espacio-temporal, situándose en la ciudad tres veces santa durante su época más conflictiva, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la creación del moderno estado de Israel tras la salida de los británicos.

La historia de los Halaby, y especialmente del pequeño Motti, es la crónica de un conflicto íntimo en mitad de un campo de sangre donde no todo es como debería ser, pues mientras varios primos intentan ser amigos a pesar del odio de sus padres, el odio racial y el genocidio sobrevuelan su futuro. De este modo, somos testigos de como los padres enfrentan a sus hijos al mismo tiempo que el padre político de Israel y Palestina, el Imperio Británico, desatiende totalmente sus labores, haciendo precisamente lo contrario de lo que debería, caldeando por igual a judíos y palestinos, creando el peor clima posible. Boaz Yakin sabe manejar a sus personajes para jugar con la empatía del lector, quien no puede evitar comprender la toma de partido de todos y cada uno de los personajes de la familia Halaby, desde el joven furioso que lucha por su pueblo hasta el moderado pacifista que sueña con un futuro donde árabes y judios compartan la tierra prometida en una nación de justicia e igualdad. Sin embargo, al igual que Jonathan y Devorah no pueden consumar su amor debido al odio fratricida de sus padres, los grupos paramilitares surgidos en la zona poco a poco van creciendo ante el clima desestabilizador creado por los británicos, algo que no puede más que terminar explotando en un géiser de violencia sin fin.

Jerusalen-pagina-2

La historia de Jerusalén: Un retrato de familia se presta a una enorme cantidad de relatos, incluyendo un drama bélico fundacional, donde los judíos, tras haber sufrido literalmente una de las peores masacres de la historia de la humanidad, deben encontrar su lugar de descanso, incluso frente al desprecio británico y el empuje de los árabes, en aquel momento más numerosos y mejor armados. Incluso podríamos asistir a un relato de redención en el que los judíos actuales pidieran perdón por los pecados de sus padres, intentando justificar las atrocidades actuales con una gestación que debieron ganarse con sangre y vísceras. Pero no, Boaz Yakin prefiere dejar todo el dramatismo y la carga emocional, la cual existe y está muy presente, en la historia familiar de los Halaby, vaciando de cualquier romanticismo el contexto histórico. En este sentido, la obra se aleja de un posicionamiento maniqueísta, como podría ser el mostrado por Marjane Satrapi en Persépolis sobre la revolución islámica de Irán, y acercándose a obras como Bye Bye Babilonia, donde Lamia Ziadé expone sus vivencias en la guerra de Beirut durante los setenta. Evidentemente, Jerusalén: Un retrato de familia marca más distancias al ser una obra puramente de ficción, pero su óptica alejada de cualquier toma de partido la acerca a la propuesta de la libanesa.

Como es lógico, Jerusalén: Un retrato de familia no convencerá a los conversos, pero si puede ayudar a ver que tras los titulares interesados yace una historia mucho más complicada, la cual difícilmente tendrá solución, pues Israel y Palestina, al margen de su desequilibrada situación, no dejan de ser dos perros rabiosos cuyos pueblos están a las órdenes de gobiernos que sólo verán como resultado óptimo la eliminación de su enemigo, para así tomar totalmente el control de su tierra prometida. Quizás lo más esperanzador en el cómic de Boaz Yakin y Nick Bertozzi sea lo más triste, la figura de Avraham Halaby, un excombatiente de la Segunda Guerra Mundial reconvertido en comunista utópico, quien sueña con un territorio común donde él y su amigo Elías Habash puedan convivir en paz. Por desgracia, las familias y pueblos de ambos les arrojarán a un duelo donde la utopía deja de tener cabida.

@bartofg

@lectorbicefalo

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s