Spain is pain #184: Back to the Spraycan.

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Mitos del Pop (Miguel Ángel Martín) Fundación Colección Thyssen Bornemisza, 2014. Rústica, 30 x 23 cm. 44 págs. Color. 12 €

Muchas veces cuesta entender que el comic tiene otras funciones más allá del mero entretenimiento: lo educativo, pedagógico, incluso lo histórico. Pero esto último visto desde otro enfoque, no el de relatar momentos pasados sino lo presentes y en algunos casos, dependiendo de la habilidad del autor, futuros. Siempre he defendido el valor de la crónica en la obra de Miguel Ángel Martín, nunca me cansare, y de la capacidad de crear a unos personajes capaces de explicar y denunciar la sociedad en la que viven tan solo con su presencia, y mostrarnos un futuro de pasado mañana, pero siempre sin lecturas morales.

Entre esos personajes esta Bitch, la grafitera, un personaje seminal a partir del cual se emancipan diferentes narrativas, al igual que el Shigekumi Honda de la Tetralogía del mar de la fertilidad de Yukio Mishima. Esta aparece en uno de los primeros capítulos de la que podemos considerar uno de los mejores, si no el mejor, trabajos del autor leonés Surfing on the Third Wave, para reaparecer mucho más tarde dentro de esta misma obra. Más tarde Bitch tendría su propia serie en El Víbora pero lejos de ser una continuación de las aventuras  de esta artista callejera se desarrollan historias previas a lo contado en Surfing…., siendo la primera viñeta en la que aparece esta, dentro de este cómic, una de las últimas que aparece en el cómic que lleva su nombre.

Esa obra reivindica, también, esos valores de la crónica en un momento en el que el terrorismo yihaidista azotaba occidente y cualquier guerra contra países islámicos parecía estar justificada así porque sí, en el que la sociedad como tal empezaba a despertar y a concienciarse de lo que implicaba formar parte de movimientos sociales. También era un reflejo de lo que era el movimiento okupa en Italia. Pero nos mostraba otra cara, la radicalización del discurso de la violencia publica y como se empezaban a asumir como naturales ciertas ideologías políticas que parecían enterrados después de la Segunda Guerra Mundial.

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Ahora en 2014 Martín vuelve a mostrarnos otra faceta de Bitch, la de aficionada al arte, teniendo como excusa la exposición “Mitos del Pop” organizada por el Museo Thyssen Bornemisza. Un trabajo que nace con una premisa muy sencilla no ser una guía para la muestra sino como un valor añadido para la misma. Pero tratándose del autor que es, traspasa esa idea de lo complementario para abordar la obra como un elemento de debate  y opinión en el que recupera aquella estructura narrativa en la que pequeños capítulos eran introducido por un título y seguidos por una cita, antiguamente de algún asesino en serie, y en este caso del pope del Pop Art: Andy Warhol.

Mitos del pop no es la mejor obra de Martín pero si una que rompe una de las reglas básicas del autor y confirma otras. Rompe aquella por la cual este no habla nunca, o casi nunca, en primera persona; norma solo rota con ocasión de su última historia publicada en el último El Víbora y que llevaba por título Neuro World. Aquí la función de la primera persona es diferente, por cierto, de paso también rompe definitivamente con su asepsia narrativa y estética; aquí utiliza a Bitch para dar su opinión sobre el arte en general a través del pop volcando todo su conocimiento sobre el tema.

La regla confirmada es la manejabilidad de los personajes que crea, si Brian the Brain podría aparecer en las cajas de cereales y Bitch podría ser una creación con un recorrido comercial muy amplio, destinado a un sector de edad muy determinado, algo que en el caso del primero se ha ido realizando a pequeña escala y que en cuanto a la grafitera sigue funcionando a través de sus cómics. Mientras seguimos calentando motores para la próxima aventura de Brian…

@MrMiquelpg

@lectorbicefalo

Tu pequeño vecino yokai

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Kitaro (Shigeru Mizuki). Astiberri, 2010. Rustica. 17 x 24 cm. 224 págs. B/N. 18€

Sí a lo largo de su historia Occidente se ha caracterizado por algo ha sido por el fuerte carácter maniqueísta de sus creencias, no dejando lugar en ningún término para los tonos grises: la luz más radiante como fuente de todo lo bueno y las sombras, ya ni siquiera la oscuridad absoluta, como refugio de todo lo impuro y perverso. Esto ha provocado que la mitología se divida radicalmente en entes positivos y negativos, y aunque durante la Europa pagana y grecolatina había espacio para lo sobrenatural burlón, la hegemonía judeocristiana acabó con cualquier matiz. Todo lo bueno estaba directamente relacionado con Dios, la luz, ya fuera el propio Padre Supremo, su hijo, los ángeles o los santos. Todo lo demás, ya fuera una criatura puramente infernal o un monstruo pagano, debía ser por entero maligno. En el centro teocrático, en la Iglesia, habitaba la luz, todo lo demás era territorio del maligno y las fuerzas del mal, ya habláramos de Lucifer, un trasgo o un lobisome.

Por su parte, Oriente ha vivido una evolución que poco tiene que ver, manteniendo el mundo sobrenatural, lo mágico en un terreno de grises que juegan sin problemas con los arquetipos de la moral, permitiéndose que los buenos no sean tan buenos y que los malos tengan cierto alivio. En el caso de Japón esta situación es especialmente notable, ya que aunque el budismo encontró cobijo en las tierras niponas, sus gentes no han abandonado nunca el sintoísmo, creencia que otorga carácter casi divino a casi cualquier cosa, desde un río o montaña hasta un simple árbol o un animal. Son característicos los llamados yokais, criaturas monstruosas o fantasmales que viven en el mismo plano que los seres humanos pero sin rendir cuentas al cielo o al infierno, así podemos encontrar tanto yokais que ayudan a los viajeros perdidos como yokais que no tienen reparos en entrar en una casa para devorar a bebés recién nacidos.

Actualmente no es difícil encontrar continuas referencias al sintoísmo y a los yokais en la producción cultural que nos llega de Japón, pero siempre es de agradecer contar con obras más clásicas, como Kitaro de Shigeru Mizuki, una obra central para entender el concepto de lo mágico en Japón. La obra de Shigeru Mizuki es difícil de comprender fuera de la óptica humanística del autor, un veterano de la Segunda Guerra Mundial que perdió su brazo izquierdo durante un bombardeo para después posiblemente convertirse en el mejor mangaka de terror de la historia, sin dejar de lado otras obras como una biografía sobre Adolf Hitler. Un hombre que habló de los mayores monstruos, tanto reales como irreales, pero sin olvidar jamás el respeto por la vida. Quizás por eso el protagonista de Kitaro, quien da nombre a la obra, es el último hijo de una estirpe de monstruos japoneses, un paria que viaja por todo el país tratando de conseguir algo de paz entre los seres sobrenaturales y los humanos que han conquistado sus territorios.

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Desde el comienzo, Mizuki juega con una delicada difuminación entre monstruos y humanos, desde la propia gestación y primeros años de Kitaro, quién queda al cuidado de un trabajador japonés. Así que no es raro que a lo largo de la historia no sólo se mezclen aviones con templos milenarios o mafiosos yakuzas con viajes al infierno; todo sin despertar demasiadas dudas entre los japoneses que habitan la obra, que presencian a los yokais como un peligro más, sin sobrecogerse por su carga sobrenatural. En cierto modo, Kitaro podría entenderse como la antítesis del terror cósmico, ya que las criaturas no son aterradoras por sus capacidades más allá de la lógica, lo son simplemente por su peligro real. Asistimos a una especie de realismo mágico en el que el Japón de los años sesenta del pasado siglo está habitado sin mayores problemas por espíritus de todas las clases.

Shigeru Mizuki desarrolla una obra que vista hoy podría ser considerada como un Suehiro Maruo edulcorado, ya que la perversión del autor actual se ve reemplazada con ternura. El mal existe en el universo de Kitaro, pero no es una fuerza indestructible que lo infecta todo, es un mal palpable que puede ser combatido y vencido, incluso sin recurrir a la fuerza. Buscando paralelismo, hay cierto matiz Disney en la obra, pues todos los problemas se solucionan mediante el ingenio de un pequeño monstruo siempre al servicio de los más necesitados. Aunque quizás todo esto no sea más que una lectura occidental de una obra netamente oriental, la cual trata de encorsetar una forma de ver la vida dentro de unas estructuras que le son del todo ajeno. En todo caso, ya sea por el gusto de disfrutar de la obra de Shigeru Mizuki por el placer de dejarse llevar por la mitología yokai, o simplemente por hacer arqueología del manga, Kitaro es un cómic a tener siempre presente.

@bartofg

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Spain is Pain #183: Against Massive Cult Texts.

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No Option! 3 y 4 (Pep Pérez) Entrecomics Cómics, 2014. Cuaderno Grapado, 16,5 x 23 cm. 32 págs. Color 5 € c/u

¿Que fue de las revistas de cómic? , que demonios, ¿Que sucedió con las revistas pulp? En una época donde el cine de atracciones está triunfando más allá de los nichos a los cuales solía estar acotado, que no eran más que aquellos destinados a aquellos sectores capaces de recoger y descodificar todo el cumulo de información que en estas cintas contienen, en las que el canon y el conocimiento previo de los textos es indispensable para entender el global del universo planteado.

Sin embargo, la pregunta es otra  ¿que sucede cuando unos textos destinados a unos públicos mínimos, ya no son tal cual? A día de hoy es casa imposible rebatir lo accesible  popular que se han convertido los géneros fantásticos  y cualquiera se vanagloria de ser un friki y tener un conocimiento acumulativo del cómic, cine, videojuegos, etc. Me gustaría definir estos trabajos como textos de culto masivo. Textos de culto destinados a una audiencia masiva dispuestos a consumir un producto desde diferentes plataformas.

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Esos textos de culto masivo van en cierta manera en contra de las tres características que Matt Hills enuncia como básicas para la elaboración de una obra de culto: autoría, hiperdiegesis y una narrativa diferida de manera indefinida. Algo, sobre todo esto último que se aparta por completo de esa tendencia de los textos de culto masivo actuales que buscan, cada vez más, cierta cerrazón programada.

Ahí entra en juego, y nunca mejor dicho, lo meta e intra textual de No Option! de Pep Pérez, que se encuentra en su tercer y cuarto número, y que encarnan y ponen de manifiesto las características enunciadas por Hills, apostando sobre todo por la baza de la hiperdiegesis. El espacio narrado por el autor va desde un espacio cósmico, habitado por Mr. Electron, que es inconcreto y habitado por un dios; hasta el espacio concreto de Rotten World que se desarrolla en una Barcelona futurista y postapocalíptica. Y en ese macrocontexto espacial cabe absolutamente todo como parte de la intrahistoria: desde los textos introductorios a la falta sección de fans.

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Lo pulp en la forma del tratamiento como elemento metatextual forma parte de una baraja de posibilidades que da pie a una lectura del concepto de culto aplicado a la búsqueda de un público mínimo, por así decirlo, redundando en las pautas del cine de atracciones que tan bien funciona en la actualidad, a través de una conceptualización sencilla en el tratamiento de la historia. En No Option! se busca ir a lo fundamental del relato dejando la atracción en favor de la sensación y de lo esencial imprescindible.

Nadie duda que ciertas narraciones han perdido fuste, y más aquellas que van destinadas a un público masivo. Acaso alguien duda que Lost hubiese sido una serie de los ochenta no hubiese tendido una trama con nazis como villanos o un capitulo titulado “Necessary Evil. A eso se le llama lugares comunes o familiaridades de los textos. Algo que se recupera en parte en No option!, sin dejar de lado los valores autorales de la obra. En resumen, la obra de Pep Pérez sigue adelante con paso firme experimentando pero siguiendo los pasos formales de aquellos textos de culto más descerebrados y psicotronicos, creando vastos espacios de desarrollo narrativo. Una joyita que poco a poco se ira revalorizando.

@MrMiquelpg

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Autopsia del ser amado

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Don’t go where I can’t follow (Anders Nilsen). Drawn & Quarterly, 2012. Cartoné. 17 x 21 cm. 96 págs. Color. 19,95 $

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The End (Anders Nilsen). Fantagraphics, 2013. Cartoné. 19,5  x 26,5 cm. 80 págs. Color. 19,99 $

Arthur C. Clarke defendía que el ser humano había sufrido dos evoluciones igual de trascendentales: la primera la biológica, con la cual el propio cuerpo se convertía en la base de la humanidad; la segunda la instrumental, cuando a través de la creación de herramientas el hombre daba un salto expandiéndose más allá de sus limitaciones fisiológicas. En cierto sentido, a nivel social y afectivo hemos sufrido un proceso parejo, pues mientras un cerebro superior nos daba un potencial cognitivo, no ha sido hasta después que hemos sobrepasado sus límites creando códigos y procesos que más allá de la sinapsis nos hacen humanos.  Sólo desde que nuestros ancestros comenzaron a enterrar a sus muertos, únicamente desde que el amor romántico suplanto a la pura necesidad de reproducción, sólo entonces, nos convertimos en personas. Evidentemente, creando un mundo mucho más complejo de habitar, haciendo que vivir sea la más intrincada ceremonia del té del cosmos.

Pero al margen de esferas sociales e intimas, aún seguimos siendo un animal desprovisto de defensas naturales, criaturas desnudas en mitad del bosque, llenas de barro e incapaces de gestionar todo lo que nos pasa por el cerebro y el corazón. Esto puede llegar a provocar auténticos colapsos existenciales cuando un individuo se enfrenta a situaciones más allá de la razón y el entendimiento. A finales del año 2005 murió Cheryl Weaver, una diminuta unidad dentro de la grotesca estadística de los fallecidos por cáncer. Cheryl tenía menos de 30 años y estaba planeando su boda con Anders Nilsen, quizás uno de los mejores autores de cómic del panorama internacional y en aquel momento alguien que no pudo lidiar con la muerte de su prometida. Sin embargo, o como consecuencia, Anders Nilsen plasmó su experiencia, la perdida del ser amado, en dos obras capitales que desentrañan los misterios del amor cuando es sesgado sin el más mínimo aviso. El primero de ellos fue Don’t go where I can’t follow, un cuaderno de viajes al centro de una relación romántica; el volumen fue seguido tiempo después por The end, un ensayo teórico sobre el mismo acontecimiento.

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Anders Nilsen explica al final de Don’t go where I can’t follow que nunca pretendió que la obra se publicara para el gran público, ya que se había concebido como un regalo para amigos y familiares cercanos, como un último recordatorio de Cheryl y lo que había significado para él. Afortunadamente para los lectores, voyeurs del alma humana, Anders Nilsen aprobó una reimpresión para que todo el mundo fuera partícipe de su viaje. Sí hablamos de la obra, no deberíamos catalogarla como un cómic, pues entre sus páginas se mezclan una carta manuscrita de Anders a su hermana, muchas fotografías y postales enviadas entre ambos junto a algunas páginas llenas de dibujos y notas. El autor se convierte en un explorador que se encuentra con una odisea jamás deseada, pasando de ser un novio enamorado más, al guardián de una llama que se apaga sin ninguna esperanza de cambio. Ante este panorama podría ser sencillo caer en el sentimentalismo más obvio, pues una mera sinópsis de la historia ablandaría hasta el corazón más duro, pero para fortuna del lector, Anders Nilsen presenta la historia de una forma mucho más pura y desnuda, huyendo de cualquier recurso fácil para ganarse la empatía del lector. Don’t go where I can’t follow no busca que sintamos lástima en ningún momento ni de la chica que muere de cáncer ni de su novio que queda atrás, en su lugar se nos presentan unos hechos sólidos como rocas, un recordatorio de lo hermoso, triste y absurdo que puede ser el amor y su pérdida.

Pero no es hasta The end cuando Anders Nilsen eleva la apuesta hasta quebrar cualquier límite entre una obra autobiográfica y un ensayo teórico. En Don’t go where I can’t follow, los cimientos de la obra son las vivencias y recuerdos del autor, con lo que la experiencia lectora se convierte en un ejercicio de identificación, todos hemos amado y hemos perdido. En The end ya no se busca ningún lugar común con el lector, Anders Nilsen abandona cualquier coordenada reconocible para hablar única y exclusivamente de sí mismo, consiguiendo que la subjetividad absoluta se convierta en metafísica. Mientras que la obra anterior podría entenderse como un ejercicio de arte terapéutico, The end es una inmolación creativa en la que Anders Nilsen, muchas veces a través de algo que sólo podría considerarse locura, alcanza unos niveles de genialidad descarnada.

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En Don’t go where I can’t follow se dan muchas concesiones, especialmente a Cheryl y su recuerdo, algo lógico si conocemos la génesis de la obra. Por su parte, The end no guarda absolutamente nada en la recámara, Anders Nilsen se entrega sin miedo a la hoja en blanco, desarrollando una exposición sin filtro. Absolutamente todos tenemos pensamientos que jamás compartiríamos con nadie, principalmente por el miedo al efecto que podrían provocar; esto parece no importar al autor, quién de forma totalmente desinteresada expone su cerebro, corazón y alma ante el lector. The end funciona a tantos niveles, consiguiendo mezclarlos todos, que es imposible separar un único hilo de la tela de araña, desde el guión hasta la narrativa visual o el dibujo de Anders Nilsen, todo crea un capullo en el que habita un loco, parecido a todos los locos que habitan dentro de nosotros, con la diferencia que el de Anders además de tener que bregar con la locura de la propia existencia, debe superar la desaparición de su compañera. La lectura de este díptico es obligatoria no sólo para cualquier amante del medio, sino para cualquier persona cuyo día a día consista en algo más que dormir, comer, cagar y follar. Una obra tremendamente triste pero al mismo tiempo con un poso de esperanza y unas dosis tanto de belleza como de lucidez difíciles de encontrar.

@bartofg

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Spain is pain #182: Atravesando el espacio-tiempo.

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Habitaciones íntimas (Cristina Spanó) Bang Ediciones, 2014. Tapa dura.17 x 24 cm 112 págs. Color, 20 €

Hace poco más de una semana mi cuñada intentaba meter a mi sobrina en la ducha, esta entre lloros suplicaba por no entrar para bañarse. La cosa lejos de trágica, a pesar del cuento que la niña le estaba echando, resultaba cómica, pero por otro lado invitaba a la reflexión sobre la función de los espacios del hogar a lo largo de nuestras vidas. Y pensaba yo, si ahora no quiere ni entrar el cuarto de baño de aquí a siete u ocho años no habrá quien la saque de allí. El cuarto de baño dejara de ser una estancia sin una utilidad concreta para convertirse en un espacio vital para su vida personal.

Para los que ya hace años que nos hemos ido de casa pasa totalmente lo contrario, concretamente con las que habían sido nuestras habitaciones. Pasan de ser un espacio lleno de vida, el que concentramos en un pequeño espacio nuestro pequeño microcosmos de libros, tebeos, películas, posters, cd’s, etc.; a convertirse en un espacio funcional en el que nos conformamos con dormir y poco más. La casa familiar se convierte en la casa de tus padres. Los lugares siguen siendo los mismos pero diferentes, las necesidades personales que vienen con la madurez condicionan la creación de un espacio propio en detrimento de aquello habitados anteriormente.

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De eso va básicamente Habitaciones íntimas de Cristina Spanó, obra en la cual se nos narra la historia de Camilla una muchacha italiana que pasa gran parte de su vida ligada a la casa de sus padres y será a partir de esta en la cual se nos contará a través de los espacios el desarrollo vital de esta en función del espacio que estas habitaciones ocupan en su vida. Vemos la vida entera de Camilla narrada en un espacio cerrado, una casa, un hogar cronotopo femenino por excelencia.

De todos los espacios narrados por la autora me gustaría destacar el último: el recibidor. La única estancia de la casa que no es una estancia en sí misma, si no que es un espacio de transición entre el exterior de la casa, lo que no es hogar, y lo que si lo es. El recibidor define ese paso de casa a hogar, de aquello que fue propio y que ahora es, casi, ajeno. El recibidor es el paso previo a una confirmación: perteneces a ese espacio pero ya no es de tu propiedad. Esa definición viene dada perfectamente por la autora de esta obra que utiliza esta desvinculación del personaje a través de la vinculación de esta al hogar a lo largo de todo el volumen.

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Habitaciones íntimas es una pequeña fábula sobre la nostalgia y el autodescubrimiento, sin grandes catarsis pero con un tempo perfecto y un manejo de las elipsis temporales sencillo pero muy efectivo. En cierto sentido es un slice of life al uso, pero yo lo alejaría de ese subgénero de la biografía y lo desplazaría al de las microhistorias llevadas al extremo en cuanto a la definición espacial se refiere. La contención y la definición de los espacios vinculadas a unas historias mínimas en en su extensión pero inmensas en cuanto a desarrollo abarcan casi 30 años de la vida de Camilla. Un cómic perfecto para leer una tarde de domingo sentado en una terraza, con una copa de vino o un café, para alejarse de estos tiempo tan perturbadores y sentir nostalgia por tiempos mejores.

@MrMiquelpg

@lectorbicefalo

Sinfonía de la identidad

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B. Traven retrato de un anónimo célebre (Golo). Sexto Piso Editorial, 2012. Cartoné. 18,5 x 26,5 cm. 144 págs. Color. 23 €

Un estornudo puede cambiar el mundo. Un conocido director de cine de género me contó una vez la que posiblemente sea la anécdota más aterradora y definitoria sobre el azar y el destino. En cierta ocasión conoció a un excombatiente de la Guerra de Yugoslavia reconvertido en peluquero. Mientras este extraño sujeto pasaba unas tijeras muy cerca de sus orejas le relataba como llevaba a cabo posiblemente el más monstruoso trabajo de la guerra: asesinar civiles para aumentar la tensión y el terror. Desde lo alto de una azotea de Sarajevo, y equipado con un rifle de francotirador, se entretenía en masacrar a cualquiera lo suficientemente desesperado como para cruzar las calles de la ciudad. En cierta ocasión, tenía en su punto de mira a una joven embarazada, hecho que no parecía alterarle demasiado. Cuando se disponía a asesinar a la madre, el monstruo estornudó. Cuando volvió a mirar por la mira óptica, la futura madre había desaparecido, sin inmutarse buscó una nueva víctima, en este caso, un hombre de mediana edad que terminó su vida sobre los escombros de Sarajevo, posiblemente sin que nadie se atreviera a retirar su cadáver. El corte de pelo continuó en silencio, con el peluquero silbando y el director de cine totalmente consciente del valor de la vida humana y del verdadero peligro de los monstruos que habitan entre nosotros.

Es completamente imposible saber qué fue de aquella chica embarazada y de su bebé, la cual posiblemente ni se supo objetivo de la parca, del mismo modo que poco se puede teorizar sobre el futuro del triste receptor de la bala. El azar puede determinar demasiado fuera de cualquier lógica. En cierto momento de B. Traven retrato de un anónimo célebre, cómic del autor francés afincado en Egipto Golo, pseudónimo tras el que se esconde Guy Nadeau, somos testigos de como el protagonista salva la vida más de una vez gracias a la simple fortuna, haciendo que gracias al destino ciego la vida de un activista de izquierdas alemán termine convirtiéndose en la de un famoso escritor afincado en México. Pero Golo no desarrolla ninguna vida llena de peripecias com si se tratara de un moderno barón Münchhausen, ya que tras B. Traven se esconde un autor real que dedicó buena parte de su vida a eliminar casi cualquier constancia de su existencia más allá de la ejecución de la escritura, consciente de su poder como elemento para generar debate y pulsar a las consciencias.

Ret Marut. B. Traven, Traven Torsvan o Hal Croves son diversas máscaras de la misma vida, la cual en parte ha devido ser reconstruida por Golo a través de los estudios del autor y de sus obras, intentando conocer al responsable de un folleto comunista en la Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial, al mendigo en los países bajos, al carbonero en un mercante, al recogedor de algodón, al explorador de la selva mexicana y al representante del autor de la obra El tesoro de Sierra Madre en sus negociaciones con John Huston. Esta amalgama de historias consiguen fluir de forma natural hasta el punto de conformar un único discurso lineal donde Golo nos descubre a un hombre con un único amor, la escritura, y con una devoción absoluta por el trabajo, tanto en su ejecución como en la defensa de los obreros. Golo nos presenta a un general en las trincheras, alguien que no teme escribir novelas de aventuras con discurso obrero ya que el ha vivido la propia aventura realizando los peores empleos para peones no cualificados.

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Sin embargo, esta variedad de elementos a lo largo de la vida de Traven, obligan quizás a Golo a tener que explicar demasiado, creando tres espacios demasiado separados en la obra. En un primer momento tenemos a la etapa Alemana de Traven donde la peripecia del personaje, sobre todo tras la Gran Guerra, queda supeditada a la explicación de la situación política del país y a las crisis provocadas por la inestabilidad política. Es cierto que todo conocimiento es siempre bien recibido, pero nos encontramos con unas páginas quizás demasiado teóricas e historiográficas, muy alejadas del lirismo de la odisea que le llevará a América y del resto de su vida pasado en México. Golo sabe dominar perfectamente los tiempos e incluso los planos, pasando con soltura entre diversas ópticas, pasando sin problemas desde el narrador omnisciente hasta la primera persona, ya sea desde dentro de la piel de B. Traven o a través de los ojos de un testigo de su vida. Estos cambios de óptica, que muchas veces parecen obedecer más a la belleza del texto que a la mera claridad del relato, ayudan a crear ese aspecto casi irreal en el que casi no podemos estar seguros de quién era realmente el autor alemán adoptado por México.

Pero si en algún lugar sobresale sobremanera el trabajo de Golo es en su acabado visual, no sólo ya en la calidad de su trazo, sino en la capacidad de adaptarlo para moldear la percepción del lector. Mientras que para la mayoría de B. Traven retrato de un anónimo célebre nos encontramos con una línea y una narrativa puesta por completo al servicio del avance de la historia, Golo no duda en cambiar de estilo para conseguir los más diversos resultados, desde rememorar la pintura o la fotografía hasta llegar a cotas de surrealismo en algunas páginas donde la poesía sirve de nexo entre diversos aspectos de la vida de B. Traven, el cual sin duda no puede ser el mismo durmiendo en un callejón de Róterdam que rodeado de ruinas precolombinas en Chiapas. Contar la vida de este personaje es una obra titánica, no sólo por la complejidad del mismo sino por los trozos de su existencia que se encuentran diseminados, muchos de los cuales ni siquiera casan entre sí, con lo que en B. Traven retrato de un anónimo célebre, Golo trata de reconstruir la historia del bávaro de Múnich no sólo ya desde coordenadas espacio-temporales, sino desde la complejidad de los sentimientos y las sensaciones.

@bartofg

@lectorbicefalo

A F#ck¡ng Crazy Palimpsest

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That’s Because you’re a Robot (David Quantik y Shaky Kane) Image Comics, 2014. 26 x 17 cm. Color, 28 págs. 3,99 $

Un palimpsesto es un grabado o escritura que conserva restos de una escritura anterior. Para Genette ese hecho físico trasladado a la teoría literaria consiste en la copresencia de dos o más textos en uno solo, y dependiendo de la presencia efectiva de estos se estipulan diferentes grados de transtextualidad. Para que esto tenga lugar ni siquiera hace falta que haya una intervención literal de ninguno de los textos en ese caso se trata de una alusión.

Otra forma de transtextualidad es la parodia, muchas veces entendida como comedia o como un texto derivado directamente de otro, aunque no siempre es así como suele suceder con el pastiche; término utilizado muchas veces de manera despectiva aunque no siempre tiene que ser así. Esta práctica consistente en utilizar o imitar abiertamente diversos autores, estilos o textos y que como resultado de combinarlos de la impresión de que estamos ante un texto independiente. A medio camino entre la alusión y el pastiche nos encontramos con That’s Because you’re a Robot  de David Quantik y Shaky Kane, un cómic de grapa pensado para los lectores más jóvenes.

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Así que imagínate que eres un poli, que eres un poli en Estados Unidos, pero no en un Estados Unidos normal y corriente, sino en uno distópico, aunque decididamente utópico para un lector de tebeos. Pues eso, imagínate que eres ese poli en ese Estados Unidos pop y te presentas junto con tu compañero ante tu superior y éste os dice: “uno de los dos es humano, pero el otro es un robot, sólo que no sabemos cuál es cuál”

Así empieza la aventura de Matt y Jeff, dos polis cuya mayor aventura a partir de ese momento consistirá en saber cuál de los dos es un robot. Sólo que en el camino se encontraran una conspiración psicotrónica en la que están envueltas un villano capaz de cambiar de edad a su antojo y una banda de villanos compuesta por un vaquero, un monstruo de Frankenstein, un leprechaun, un fantasma, etc.

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That’s Because you’re a Robot es el mejor ejemplo de pop art llevado al cómic, una obra de arte en cada una de sus páginas. Con una trama absurdamente sencilla pero descacharrante que ni tan solo se cierra en este número único. Pero realmente da igual, la lectura se disfruta con la mera contemplación del dibujo de Shaky Kane, colaborador fijo de Image, pero al que todavía no se le ha dado una gran serie.

Pero quizás lo mejor de este título es el público al que va orientado, no puede haber mejor experiencia lectora para una persona que está empezando en esto de los cómics que esta obra; y es que junto con Battling Boy de Paul Pope parece que se vuelve a empezar a cuidar y a buscar unos lectores con textos de calidad. Yo no puedo dejar de recomendar That’s Because you’re a Robot a todos aquello que busquen en el cómic algo con lo que sorprenderse y recordar porque empezó en esto de los tebeos. Para mi uno de los títulos del año, y a ver cuándo lo editan por estos lares.

@MrMiquelpg

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