Katanas y mutantes, libertad y fascismo

ronin

 

Ronin (Frank Miller). ECC Ediciones, 2014. Rústica. 17 x 25,5cm.  312 págs. Color. 26€

Lo que llevamos de siglo XXI no está siendo todo lo esperanzador que debería, aunque de una cosa deberíamos de estar contentos, de que no se hayan cumplido las profecías fascistas que se hicieron durante los años 80 del pasado siglo. Durante la segunda mitad de los ochenta y los primeros años de los noventa, la sociedad norteamericana estaba preocupada por la llegada del superdepredador, término que empleaba los sociólogos para una juventud hiperviolenta centrada sólo en la droga, las armas y medrar dentro de una banda criminal de estructura paleolítica. La película Depredador 2 de 1990 es un perfecto ejemplo de esto, donde veíamos un Los Angeles de 1997 donde los agentes de policía eran prácticamente bárbaros y paladines enfrentados a caudillos y señores de la guerra, todo con un alto componente racial, que luchaban por controlar una calle más. Por suerte, y como suele ser habitual, los sociólogos y los economistas se equivocaron y el superdepredador desapareció sin terminar de gestarse. Por ahora no tenemos monopatines voladores o ciudades en Marte, pero por fortuna ni Nueva York está gobernado por un nazi gay vestido con una máscara de bondage ni en Central Park acampan mutantes caníbales.

El futuro hiperviolento, como tantas otras cosas, se nos ha negado por azares del destino, pero por suerte aún quedan obras que fantasearon sobre ese colapso económico y moral. Quizás la obra que mejor recoge ese espíritu sea Ronin de Frank Miller, un autor que como pocos ha sabido jugar con la fascinación por la violencia, moviéndose por un desfiladero muy estrecho donde la estética se da peligrosamente de la mano con la filosofía. Como suele pasar, lo que hace Frank Miller, o principalmente lo que hizo durante los ochenta y los primeros noventa, no es nada nuevo, pues no deja de ser una recuperación del Futurismo, quizás la tendencia más valiente y extremista dentro de las vanguardias de principios del siglo XX. Frank Miller, al igual que hicieron sus predecesores italianos y rusos, se maravilla ante el movimiento y el cambio, obsesionándose con conceptos como la velocidad o la fuerza. Frank Miller no tiene espacio en su trabajo para la reflexión pausada, algo que se podría considerar de cobardes, sus obras, el mundo, avanza tan rápido que no queda más remedio que actuar mientras se piensa. En Ronin no hay espacio para las explicaciones, si un personaje duda no puede más que morir. Esto se ha percibido a veces como un fallo por parte de Frank Miller, siendo acusado de no explicar bien sus historias o de dejar cabos sueltos, pero si hay algo que el autor no esté dispuesto a hacer es frenar una trayectoria para explicar sus coordenadas.

Ronin es una narración muy de su época, de ese pesimismo de una década en la que el futuro había muerto, cuando todos se limitaban a esperar el fin del mundo que no terminaba de llegar. En el cómic nos encontramos con un mundo compuesto por los rescoldos de un Armagedón humano donde una máquina pensante parece ser la última esperanza de la humanidad. Sin embargo, este escenario se ve alterado con la llegada de un Ronin, un samurai sin amo, que tras 800 años busca acabar con la existencia del demonio que mató a su señor, vengando así su alma. El Ronin es un personaje totalmente plano porque no tiene más remedio que serlo, entre los dueños de corporaciones multinacionales que buscan dominar el mundo y los panteras negras que tratan de expulsar a los nazis de su barrio, el héroe es una flecha que vuela en línea recta hacia la venganza, al margen de cualquier disputa o juego gris. Los parámetros de la historia podrían moverse a cualquier contexto, pero seguiríamos con la misma idea, el mismo concepto que siempre ha reinado en la obra de Frank Miller, la fuerza de la voluntad de Nietzsche. El mundo es imperfecto porque lo habitan seres imperfectos, todo hasta la llegada de un Mesías, un Übermensch, que trata de imponer el orden y la justicia de la forma más contundente posible, aunque termine inmolándose en una orgia sangrienta.

Ronin Frank Miller 1983 (5)

En cierto sentido, Frank Miller ha sido uno de los autores más comprometidos de su época, pues obras como Ronin no son más que un llamamiento a la acción directa, una invitación al cambio social a cualquier precio. Podemos no estar de acuerdo con su ideario político o su agenda, pero su activismo y compromiso social están fuera de toda duda. Una toma de partido que como hemos comentado antes no se hace a través de largos discursos, si no a través del movimiento, algo que no se aplica sólo a la historia, pues también es extensible al arte del autor. El dibujo de Frank Miller es literalmente vibrante, imágenes planas que se niegan a permanecer estáticas, las figuras, las perspectivas y la narrativa se mueven, se revuelven y luchan. Al gusto de los futuristas, el arte de Frank Miller no es atractivo por estético, sino por vivo, por poseer un pulso y estrés que se desplaza al lector. Cuando el Ronin recorre una Nueva York dividida entre los restos de un siglo XX fracasado y la esperanza de un siglo XXI de plástico verde y biocircuitos, la acción parece salir de las páginas, el viaje tras el demonio Agat es una fábula que no deja lugar para el descanso.

Pero Frank Miller no sólo crea una obra política y sociológica con Ronin, también es un precursor dentro del mundo del cómic. A día de hoy es fácil leer Ronin y encontrar todas las referencias, las cuales van desde el manga hasta el cómic francobelga. Pero no se debe olvidar que la obra fue realizada entre 1983 y 1984, cuando los grandes mercados del cómic, especialmente en su producción, permanecían aún en estados estancos. Todo vuelve nuevamente a las vanguardias, pues al igual que casi 80 años antes los autores europeos habían buscado inspiración más allá de su continente, Frank Miller enriquece su obra trayendo elementos estéticos y narrativos del viejo continente y del otro lado del Pacífico. Después llegarían otras obras que ayudarían a redefinir el medio, especialmente El regreso del caballero oscuro, pero ninguna será tan personal y atemporal como Ronin, una odisea a través del tiempo y el espacio con un pasado lejano en una tierra exótica y un futuro imposible a la vuelta de la esquina.

@bartofg

@lectorbicefalo

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