Juventud derrotada

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Hechizo total (Simon Hanselmann). Fulgencio Pimentel, 2014. Rústica. 19 x 26,5cm.  176 págs. Color. 22,95€

Yo no sé como pueden ser los años universitarios de los estudiantes de ciencias, tenía varias amigas en medicina y lo que hacían básicamente era encerrarse a estudiar como locas para en sus escasos días libres salir a darlo literalmente todo para después volver a enclaustrarse. Para los de humanidades, Comunicación en mi caso, los días, semanas y meses pasaban como una disciplinada anarquía en la que tú tenías que encontrar tu entretenimiento. Yo he hecho de todo, he construido fuertes con colchones, paseado a las tres de la madrugada por mero aburrimiento o participado en carreras de sillas de ruedas. Sí alguien tiene alguna duda puede preguntarle a Antonio Hitos, con el que mandé un vídeo para Fama; o a Miquel Ángel Pérez-Gómez, que tiró un vaso de Licor 43 con Postobón encima de mi ordenador. Pero casi todo eran charlas, conversaciones infinitas sobre cine, cómic o literatura comiendo cualquier porquería y con el programa de televisión más estúpido de fondo. Eso era, y es, para nosotros la cultura y prácticamente la vida, consumir y debatir, opinar hasta el infinito mientras atascábamos nuestras arterias. Soñar con los ojos abiertos, intentando dejar de lado la puta mierda que es el mundo, quejándonos de eso también, pero dejándolo detrás del último cómic de Mike Allred.

Es de suponer que este proceder se expande como mínimo por todo el mundo occidental, con jóvenes a los que se les ha negado un lugar en el mundo adulto de sus padres, quienes tratan de sobrevivir con lo que salga mientras no dejan de alimentar sus ansias de cultura popular, creando su propio credo, con sus mitologías, cronologías, neuras  y psicosis particulares. Esto es lo que podemos leer en Hechizo total de Simon Hanselmann, una obra que sin duda está llamada a ser una de las mejores del año, uno de esos ejemplos que demuestran sin paliativos que el cómic es a día de hoy uno de los medios más poderosos, incisivos y bellos, para contar cualquier tipo de historia. La base de Hechizo total es una comedia sencilla en la Australia actual, donde la bruja Megg comparte piso con su novio Mogg, un gato; y Owl, un búho antropomorfo que trabaja en una centralita telefónica. Estos personajes dejan pasar la vida sin demasiados problemas, enganchados a la tele, fumando marihuana y alternando con amigos de su calaña, como el hechicero Mike, alguien que sólo quiere agradar; o Werewolf Jones, un hombre lobo obsesionado con ser siempre el rey de la fiesta.

Así que poco importa que nos encontremos rodeados de koalas, ñus o liebres, el universo de cemento es el mismo, con casas compartidas llenas de suciedad, parques sin personalidad y centros comerciales que luchan a duras penas por meramente sobrevivir. Simon Hanselmann sabe crear un universo sin fisuras, tocando la tecla idónea en todo momento para conseguir la identificación del lector: las continuas referencias a Los Simpson o la obsesión de Megg y Mogg por iCarly no son más que demonios personales y placeres culpables que compartirá cualquier idiota que orbite la treintena, alguien que no sabe que hacer con su vida pero que no tiene problemas en pasar la tarde viendo Hora de aventuras o enganchándose a cualquier serie que emitan en Disney Channel. En Hechizo total nos encontramos con la cara menos amable del concepto kidult, adultos que no han dejado atrás sus gustos infantiles, no haciéndolos sólo compatibles con los adultos, sino llegando a hibridarlos.

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Pero donde realmente llega a cotas inimaginables Simon Hanselmann es cuando se pone serio, algo que hace sin abandonar en ningún momento el tono de comedia imperante. El autor de Hechizo total no opta por frenar el discurso para soltar una moralina, sino que al igual que en la vida real deja que la historia se vea inundada por el drama. Temas como la sexualización infantil o el abuso de drogas se plantean con la mayor naturalidad y crudeza posibles, como parte de la realidad que nos rodea y de la cual no se pueden separar. Simon Hanselmann crea de esta manera un slice of life total en el que la comedia toma el papel protagonista no como una construcción lúdica de la realidad, sino como un acto de defensa ante un mundo que se desmorona sin posibilidad de salvación. Ante el apocalipsis sólo cabe tomarse la vida con pasotismo, con el hedonismo más cutre posible.

Todo lo anteriormente expuesto queda expuesto en Megg, quizás uno de los personajes más complejos creados en el medio, un personaje femenino lleno de complejidad, ternura y fuerza. Simon Hanselmann habla de todos nosotros cuando Megg tiene que enfrentarse al lado más amargo de la vida, ya sea la enfermedad de su madre o el peso aplastante de no estar uno a gusto en su propia piel. Leyendo Hechizo total te vas a reír mucho, muchísimo, posiblemente comparando a la pandilla de Megg, Mogg y Owl con la tuya propia, pero una vez que reposes la lectura te vas a poner triste, muy triste. Y eso es bueno.

@bartofg

@lectorbicefalo

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4 comentarios en “Juventud derrotada

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