El punk vive en los tebeos

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Blobby Boys (Alex Schubert). Koyama Press, 2013. Rústica. 14 x 21,5cm.  52 págs. Color. 10$

Si la cultura debería tener alguna utilidad social, ésta debería ser sin duda propiciar el cambio social, siempre que sea posible hacia un estado más positivo. Para este fin, con cultura no nos referimos en ningún caso a la mal llamada alta cultura, sino a la más popular y común. Se podría pensar que lo ideal es que un sociólogo idee una mejora para gestar una sociedad mejor, y que dicha innovación se impulse mediante los artistas más intelectuales. Pero lo cierto, y puede que por suerte, es algo bastante diferente, ya que el cambio suele surgir a través del malestar de la mayoría de la población, sentimiento que se transmite rápidamente entre los creadores de dicha clase social, que no dudan no sólo en quejarse, sino también en hacer mofa, para hacer aún más visible el desasosiego, generando un ciclo que por suerte termina explotando con un movimiento social, puede que hacia delante o hacia atrás, pero movimiento al fin y al cabo.

Si buscamos a estos interruptores sociales, no los encontraremos en ningún suplemento cultural de un gran diario de tirada nacional, no son ni dramaturgos experimentales ni pintores no figurativos. Se debe ir más hacia abajo, buscando la horizontalidad social, para encontrar a gente como Jhonny Ryan o José Tomás, el dibujante, no el torero, quienes usan sus lápices para visualizar las carencias, incongruencias y errores de nuestro maravilloso status quo. Los nuevos autores de cómics, que saltan sin problemas entre fanzines, autopublicaciones, revistas de tendencias y blogs, son las nuevas estrellas del punk, ya que cuando la música ha perdido todo atisbo de rebeldía, el cómic viene a ocupar su lugar. Dentro de esta hornada podemos encontrar a Alex Schubert, alguien quien sin problemas pasa del cómic a la ilustración o la animación, colocando sus creaciones donde le dejan, ya sea en las últimas páginas de la revista Vice, en su tumblr personal o en un recopilatorio, como es el caso de Blobby Boys, editado por Koyama Press.

El nexo común de Blobby Boys es el grupo musical del mismo nombre, una banda que parece dedicar más tiempo a drogarse que a componer; aunque podemos encontrar otros personajes como un huraño camello preocupado por la moda, un multimillonario interesado sólo en las fiestas, o un melancólico robot. Por si fuera poco, el universo de Alex Schubert se expande más allá de las viñetas, dejándonos en Blobby Boys algunas ilustraciones de gran calidad. Quizás al igual que las canciones punk eran caóticas y rápidas, la obra de Alex Schubert es tremendamente veloz, con historias de pocas páginas, en muchos casos no más de una, que se van hilvanando por suma hasta crear un único discurso que parece cachondearse de todo, cuando realmente realiza una denuncia sin paliativos.

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Estamos ante ese juego en el que aparentemente cualquier cosa importa una mierda hasta el punto de que todo se toma a guasa, aunque con un poco de ojo crítico vemos que la obra es absolutamente demoledora, sin concesiones. Porque si hay algo que no encontramos en la obra de Alex Schubert es azar, tras los chistes de hipsters y las líneas simples se encuentra un depurado trabajo no sólo reflexivo en las ideas, sino también en el propio acabado gráfico, donde haciendo suya la máxima de menos es más nos encontramos con grandes soluciones visuales para conseguir con una notable economía de recursos una obra llena y de gran estilismo.

Blobby Boys es una creación de nuestro tiempo, ya que la mayoría de las páginas se pueden encontrar en Internet, principalmente en el propio tumblr de Alex Schubert. Esta democratización de su trabajo no debería hacer que nos lo tomáramos a la ligera, como desgraciadamente puede suceder. En Blobby Boys encontramos varias cartas de fans, suponemos que emails o mensajes a través de las redes sociales, donde la mayoría felicita a Alex por su trabajo tras encontrarse con el mismo a través de varios enlaces o descubriendo una página suya en una revista de tendencias. Estas misivas digitales quizás no auguren el mejor futuro económico al autor, pero sin embargo son una prueba más del poder subversivo de su obra, que como un disco punk mal grabado viaja por la sociedad, transmitiendo su mensaje, sus ideas estúpidas, sus chistes malos y la llave del cambio.

@bartofg

@lectorbicefalo

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