I was a teenage comic book collector

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Tiempo de canicas (Beto Hernández). La Cúpula, 2014. Cartoné. 17 x 23 cm. B/N. 148 págs. 18,50 €

Hay autores que nunca defraudan, y uno de esos es Beto Hernández, un creador capaz de hablar de un pasado cargado de nostalgia pero alejado de cualquier tipo de penuria. En Tiempo de Canicas (LaCúpula, 2014) aborda la historia de la infancia de su generación a través del crecimiento y descubrimiento intelectual de los personajes, todos ellos adolescentes y preadolescentes cuyos intereses se centran, en el caso de los segundos en el coleccionismo de cómics y cromos, y en el caso de los primeros el descubrimiento del sexo opuesto. Brilla por encima de todo en el caso de las narraciones de los adolescentes de no darle a esos primeros encuentros un tono épico, y digamos sexocentrista que abunda en muchas de estas narrativas, aunque tampoco lo niega.

En este título del autor estadounidense nos encontramos ante todo con un relato sobre el crecimiento y el desarrollo personal de un preadolescente, la historia empieza con Huey jugando a canicas con una niña menor que él y acaba dando un paseo con una chica de su edad y cuestionándose el futuro de su crecimiento intelectual. Es el principio del fin para el Huey niño, nada será igual a partir de entonces, este verá como poco a poco se despega de sus rutinas para ir adquiriendo las de sus hermanos. Estamos pues ante un relato redondo sin traumas en el que la evolución de los personajes es pausada y calmada pero en constante desarrollo.

 Tiempo de canicas es eso, jugar a recordar un periodo en el que los niños se divierten y recrean con cualquier cosa y en el que todavía descubrir es sorprenderse; pero diferente al actual, cuando la información llegaba gota a gota y había que generar el conocimiento a través de las propias lecturas y poco a poco, nada de atracones y de acumulación de datos. Pero quizás sea algo más, el relato se aborda principalmente con la perspectiva de Huey, el hermano mediano de una familia de latinos que viven en una barriada de una gran ciudad; la presencia del hermano menor es testimonial, tan solo rompe los cómics de sus hermanos, es decir, se encuentra en un estado primitivo del entendimiento, busca el juego por el juego; sin embargo, de los otros dos hermanos mayores, uno ya ha abandonado la lectura de cómics como forma de ocio y para el inmediatamente mayor a Huey el cómic está ahí pero empieza a perder algo interés. Huey nos sirve como un mediador perfecto de esa época de cambio.

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De ahí que gran parte de la historia se centre en sus peripecias y en las historias que se desarrollan a través de sus aficiones: las canicas, los cómics y los cromos. Huey nos sirve para mostrar las rarezas y las manías de los niños, las costumbres raras que poco a poco se van dejando atrás: la niña que se traga las canicas, el niño que destroza las figuras de acción para divertirse, u otra chica a la que no le gustan las pelis de monstruos. Pero visto de otra forma ¿no es Huey excesivamente formal? ¿no es él el raro? Me pregunto qué niño cuida los tebeos en exceso, lo cromos y cualquier otra cosa con las que otro crío juega despreocupadamente. No dudo, en que muchos nos veamos reflejados con esa forma de actuar y que quizás nuestros mejores recuerdos estén ligados a la lectura del cómic que a lo largo de los años se convierte en algo de carácter fetichista, y que aparece de manera exacerbada en la actitud de este personaje.

Pero ese también es el motivo por el cual todas las narrativas se centran en él y van perdiendo importancia a medida que se van alejando del rango de edad del protagonista, hasta el punto en el que los adultos desaparecen del mapa convirtiendo el barrio en el que vive el protagonista en una especie de ciudad de los niños en que solo sus necesidades y sus gustos son los que presiden las calles de esa ciudad virtual.

En resumen, Tiempo de canicas es una burbuja en el tiempo otro relato sencillo contado con toda la naturalidad que permite el discurso del cómic  de la mano de uno de los especialistas en este tipo de historias. Que ademas nos servirá para hacer un recorrido por la cultura popular de los 60, no solo los cómics y el cine de monstruos sino también por la televisión y la música.

@MrMiquelpg

@lectorbicefalo

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