Katanas y mutantes, libertad y fascismo

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Ronin (Frank Miller). ECC Ediciones, 2014. Rústica. 17 x 25,5cm.  312 págs. Color. 26€

Lo que llevamos de siglo XXI no está siendo todo lo esperanzador que debería, aunque de una cosa deberíamos de estar contentos, de que no se hayan cumplido las profecías fascistas que se hicieron durante los años 80 del pasado siglo. Durante la segunda mitad de los ochenta y los primeros años de los noventa, la sociedad norteamericana estaba preocupada por la llegada del superdepredador, término que empleaba los sociólogos para una juventud hiperviolenta centrada sólo en la droga, las armas y medrar dentro de una banda criminal de estructura paleolítica. La película Depredador 2 de 1990 es un perfecto ejemplo de esto, donde veíamos un Los Angeles de 1997 donde los agentes de policía eran prácticamente bárbaros y paladines enfrentados a caudillos y señores de la guerra, todo con un alto componente racial, que luchaban por controlar una calle más. Por suerte, y como suele ser habitual, los sociólogos y los economistas se equivocaron y el superdepredador desapareció sin terminar de gestarse. Por ahora no tenemos monopatines voladores o ciudades en Marte, pero por fortuna ni Nueva York está gobernado por un nazi gay vestido con una máscara de bondage ni en Central Park acampan mutantes caníbales.

El futuro hiperviolento, como tantas otras cosas, se nos ha negado por azares del destino, pero por suerte aún quedan obras que fantasearon sobre ese colapso económico y moral. Quizás la obra que mejor recoge ese espíritu sea Ronin de Frank Miller, un autor que como pocos ha sabido jugar con la fascinación por la violencia, moviéndose por un desfiladero muy estrecho donde la estética se da peligrosamente de la mano con la filosofía. Como suele pasar, lo que hace Frank Miller, o principalmente lo que hizo durante los ochenta y los primeros noventa, no es nada nuevo, pues no deja de ser una recuperación del Futurismo, quizás la tendencia más valiente y extremista dentro de las vanguardias de principios del siglo XX. Frank Miller, al igual que hicieron sus predecesores italianos y rusos, se maravilla ante el movimiento y el cambio, obsesionándose con conceptos como la velocidad o la fuerza. Frank Miller no tiene espacio en su trabajo para la reflexión pausada, algo que se podría considerar de cobardes, sus obras, el mundo, avanza tan rápido que no queda más remedio que actuar mientras se piensa. En Ronin no hay espacio para las explicaciones, si un personaje duda no puede más que morir. Esto se ha percibido a veces como un fallo por parte de Frank Miller, siendo acusado de no explicar bien sus historias o de dejar cabos sueltos, pero si hay algo que el autor no esté dispuesto a hacer es frenar una trayectoria para explicar sus coordenadas.

Ronin es una narración muy de su época, de ese pesimismo de una década en la que el futuro había muerto, cuando todos se limitaban a esperar el fin del mundo que no terminaba de llegar. En el cómic nos encontramos con un mundo compuesto por los rescoldos de un Armagedón humano donde una máquina pensante parece ser la última esperanza de la humanidad. Sin embargo, este escenario se ve alterado con la llegada de un Ronin, un samurai sin amo, que tras 800 años busca acabar con la existencia del demonio que mató a su señor, vengando así su alma. El Ronin es un personaje totalmente plano porque no tiene más remedio que serlo, entre los dueños de corporaciones multinacionales que buscan dominar el mundo y los panteras negras que tratan de expulsar a los nazis de su barrio, el héroe es una flecha que vuela en línea recta hacia la venganza, al margen de cualquier disputa o juego gris. Los parámetros de la historia podrían moverse a cualquier contexto, pero seguiríamos con la misma idea, el mismo concepto que siempre ha reinado en la obra de Frank Miller, la fuerza de la voluntad de Nietzsche. El mundo es imperfecto porque lo habitan seres imperfectos, todo hasta la llegada de un Mesías, un Übermensch, que trata de imponer el orden y la justicia de la forma más contundente posible, aunque termine inmolándose en una orgia sangrienta.

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En cierto sentido, Frank Miller ha sido uno de los autores más comprometidos de su época, pues obras como Ronin no son más que un llamamiento a la acción directa, una invitación al cambio social a cualquier precio. Podemos no estar de acuerdo con su ideario político o su agenda, pero su activismo y compromiso social están fuera de toda duda. Una toma de partido que como hemos comentado antes no se hace a través de largos discursos, si no a través del movimiento, algo que no se aplica sólo a la historia, pues también es extensible al arte del autor. El dibujo de Frank Miller es literalmente vibrante, imágenes planas que se niegan a permanecer estáticas, las figuras, las perspectivas y la narrativa se mueven, se revuelven y luchan. Al gusto de los futuristas, el arte de Frank Miller no es atractivo por estético, sino por vivo, por poseer un pulso y estrés que se desplaza al lector. Cuando el Ronin recorre una Nueva York dividida entre los restos de un siglo XX fracasado y la esperanza de un siglo XXI de plástico verde y biocircuitos, la acción parece salir de las páginas, el viaje tras el demonio Agat es una fábula que no deja lugar para el descanso.

Pero Frank Miller no sólo crea una obra política y sociológica con Ronin, también es un precursor dentro del mundo del cómic. A día de hoy es fácil leer Ronin y encontrar todas las referencias, las cuales van desde el manga hasta el cómic francobelga. Pero no se debe olvidar que la obra fue realizada entre 1983 y 1984, cuando los grandes mercados del cómic, especialmente en su producción, permanecían aún en estados estancos. Todo vuelve nuevamente a las vanguardias, pues al igual que casi 80 años antes los autores europeos habían buscado inspiración más allá de su continente, Frank Miller enriquece su obra trayendo elementos estéticos y narrativos del viejo continente y del otro lado del Pacífico. Después llegarían otras obras que ayudarían a redefinir el medio, especialmente El regreso del caballero oscuro, pero ninguna será tan personal y atemporal como Ronin, una odisea a través del tiempo y el espacio con un pasado lejano en una tierra exótica y un futuro imposible a la vuelta de la esquina.

@bartofg

@lectorbicefalo

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Ritornerò

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 Come prima (Alfred). Salamandra, 2014. Rústica. 17 x 24 cm. Color. 232 págs. 25 €

Las historias de hermanos enfrentados es tan vieja como la historia de la humanidad, incluso en textos fundacionales como la Biblia que tiene uno de los textos más recurrentes sobre el tema: el fratricidio de Caín y Abel. En parte el título que nos ocupa hoy tiene como punto de origen el relato cainita en el que un hermano mata a otro y el asesino está condenado a vagar por el mundo con su culpa. En Come Prima de Alfred sucede algo parecido, pero no tan extremo.

Giovanni y Fabio encarnan a dos hermanos separados por un pasado que ya ha quedado muy atrás pero que Fabio parece no querer olvidar. Fabio encarna en cierta manera la figura de Caín, un joven, impresionable como todos, que se dejó seducir por el discurso, la estética y las formas de los camisas negras. Es esa idea fratricida ligada a los fascismos el detonante que le hace huir o escapar de Italia, por temor a lo que le pudiera suceder en contra suya cuando el Duce y los suyos desaparecen del poder. Fabio se constituye como un ser errante que ya no habla su lengua natal, solo habla en francés, y que ha ido de sitio en sitio cambiando de profesión y con un miedo brutal a comprometerse. Come Prima es en esencia la redención de este personaje, que comienza siendo muy arisco a causa del miedo pero que poco a poco se va dando cuenta que nadie le espera y que ha pasado demasiado tiempo para que alguien se acuerde de él y de sus actos.

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Por otro lado Giovanni es, en comparación, la otra cara de la moneda; aun así no olvida que su hermano se fue en el peor de los momentos aunque está dispuesto a perdonarle y a empezar de nuevo. Este viaje personal de redención y perdón se enmarca en el retorno de Fabio a Italia. Lo que él, en un principio, cree como una vuelta a los fantasmas del pasado es realmente es una llegada al presente, a rendir cuentas, si, pero más de carácter emocional que de otro tipo. Ese regreso a los orígenes está rodeada de muchísimos topos ligados a la cultura italiana: desde el título “Come Prima” popular canción que en 1957 interpreto Tony Dallara, el Fiat 500 que utilizan para volver a Italia o el cartel de la película I soliti ignoti dirigida por Mario Monicelli. De forma que el viaje de vuelta se produce desde la primera página, a pesar de que Fabio no lo decide hasta más adelante y de manera involuntaria huyendo de alguno de sus chanchullos.

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En este cómic Alfred nos muestra una historia más o menos predecible, pero en la que lo que es realmente importante es el viaje, y el camino recorrido, que no es tan solo los más de mil kilómetros que hay entre en el punto de salida y el destino sino los años que han separado a los hermanos y a Fabio de sus orígenes. Juega también la baza de la reconciliación familiar, nacen nuevos hijos que brindan, o al menos lo tendrían que hacer, una esperanza de reconciliación. Pero mi pregunta es otra, se podrían hacer este tipo de historias, es decir aquellas de dos hermanos separados por una ideología teniendo en cuenta, además, de una guerra civil y una dictadura de por medio; y que fuesen plausibles que no pareciesen demasiado encajonadas o poco creíbles, me gustaría ver que si pero eso está por ver.

@MrMiquelpg

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Spain is pain #179: “Eres entrañable freak”.

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PutoKrío (Jorge Riera y VVAA). Edicions De Ponent, 2014. Rústica con solapas. 23 x 26,6 cm. 192 páginas. B/N. 22 €

Hace unos cuantos años cuando todavía tenia tiempo, y ninguna responsabilidad, solía ir de salón en salón de cómic por toda España. En una ocasión, creo que era uno de los primeros Expocómic, estaba esperando en una cola para que me firmaran algo o simplemente deambulando cuando de pronto me encontré a Jorge Riera, creo que era cuando todavía dirigía Kabuki y si no por ahí andaba la cosa. Me acerque a él y le pregunte algunas cosas sobre la revista, que había pasado con la polémica televisiva de la revista, hablamos de mujeres y eso que se me ocurrió pedirle una firmita, le di mi libreta destinada para esas cosas y ni corto ni perezoso dibujo un monigote, un símbolo de Batman y un enorme pene con la siguiente dedicatoria: “eres entrañable freak”. La hoja en cuestión todavía la guardo, no se donde pero por ahí debe de andar.

Pues eso, a Jorge Riera lo sigo desde la época de Kabuki, la polémica revista sobre manga y anime cuyo giro hacia la subcultura oriental les granjeo el desprecio de gran parte del mundillo (sea lo que sea o quienes sean) del incipiente fenómeno manga en nuestro país, y ahí es en mi modesta opinión donde comienza las aventuras de PutoKrio, el alter ego de Jorge, con las crónicas de los viajes al salón del cómic de Barcelona, las fiestas de presentación, etc. Y es que si algo caracteriza a este hombre es por hablar siempre en primera persona con total sinceridad que no objetividad, porque ahí esta la gracia de PutoKrio.

Después de unos cuantos años y de seguir de manera intermitente su trabajo me reencuentro con este personaje/autor, uno no sabe donde empieza y acaba cada uno de estos dos roles, con un biopic que podríamos definir como coral egocentrista. Él guioniza todas las historias y estas son dibujadas por una selección de los mejores autores del país. Pero a la hora de definir el genero me cuesta, se que es una autobiografía pero también es un suicidio social en toda regla hablar de uno mismo de esa manera, con tanta sinceridad y sin guardarse nada. De manera en vez de llamarlo biopic lo definiremos como harakiri creo que es la manera más justa de definir esta obra, al menos desde el punto de vista del guionista.

Otra duda que me surge como lector es como leer este trabajo, básicamente tengo dos opciones: o me lo tomo en serio o como un mockumentary del autor sobre si mismo. La primera opción, y hablando estrictamente de autobiografías, es un ejercicio crítico escrito sin desparpajo y sin importarle realmente quien lo pueda leer o que puedan pensar cuando estén delante de este cómic no deja de ser un harakiri. Desde este punto de vista ante una crónica cruda del pasado de Jorge Riera en la que este aborda sin ningún tipo de remordimiento los aspectos más polémicos de su vida.

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 Pero ¿y si todo lo que nos cuenta es mentira? Aun siendo así que nos importa me parece la aproximación más interesante: Jorge Riera dibujando un pasado a su medida como un grand guignol: macabro y poético, en la que describe una caída a los infiernos de la que parece que no acaba de salir o en la que se mantiene ahí con relativa calma. En esa construcción referencial de su pasado juega en gran parte el conocimiento que el resto tenemos de él y en gran medida en reconocerse en ese espejo que son sus amigos y sus lectores/espectadores/seguidores.

 Para mi PutoKrio es un juego metatextual bastante bien explotado no solo por la utilización de su alter ego visto por diferentes autores, sino por el riesgo tomado por el autor en la recta final del relato en la que abandona la batuta de director y pide a algunos autores que al parecer solo conoce a través de las redes sociales, o al menos eso es lo que parece, que hablen de su relación con Jorge. En resumen, el volumen es en su totalidad una puesta en abismo, una apuesta por el vértigo que supone describirse así mismo. Jorge Riera es a la vez Jimmy Stewart y Kim Novak en Vértigo de Alfred Hitchcock; un ser que quiere moldearse así mismo como si él mismo fuera una tercera persona.

 Quizás todo esto suene superlativo, pero conociendo la trayectoria de Jorge puede parecer que en primera instancia nos vayamos a encontrar con otro tipo de texto más del montón; sin embargo, y a medida que van pasando las páginas uno se da cuenta que más que una narración ególatra estamos ante un pequeño experimento que se ha saldado con bastante buena nota y que abre la puerta a continuaciones en las que el guionista reescriba un pasado a su medida.

P.D.- Los autores que han colaborado en esta obra junto con Jorge Riera son: Sequeiros, Juaco Vizuete, Enric Rebollo, Javier Peinado, Natacha Bustos, Pablo Vigo, Cristóbal Fortúnez, Pablo Rios, Carla Berrocal, Miguel Ángel Martín, Francisco Redondo, Miguel Porto, Borja Gonz´alez Hoyos, Dario Adanti, Mortimer, Félix Ruiz, JAB, Alberto Gonz´alez, Eugenio Merino, Jordi Costa, Joaquin Aldeguer, Álex Mendibil, Mauro Entrialgo, Néstor F., Álvaro Ortiz, María Rubio, Felipe H. NAvarro y Sergio Bleda. Con prologo de Oscar Aibar y Hernan Migoya al epitafio (ambos entrando en el juego del biopic.)

@MrMiquelpg

@lectorbicefalo

Juventud derrotada

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Hechizo total (Simon Hanselmann). Fulgencio Pimentel, 2014. Rústica. 19 x 26,5cm.  176 págs. Color. 22,95€

Yo no sé como pueden ser los años universitarios de los estudiantes de ciencias, tenía varias amigas en medicina y lo que hacían básicamente era encerrarse a estudiar como locas para en sus escasos días libres salir a darlo literalmente todo para después volver a enclaustrarse. Para los de humanidades, Comunicación en mi caso, los días, semanas y meses pasaban como una disciplinada anarquía en la que tú tenías que encontrar tu entretenimiento. Yo he hecho de todo, he construido fuertes con colchones, paseado a las tres de la madrugada por mero aburrimiento o participado en carreras de sillas de ruedas. Sí alguien tiene alguna duda puede preguntarle a Antonio Hitos, con el que mandé un vídeo para Fama; o a Miquel Ángel Pérez-Gómez, que tiró un vaso de Licor 43 con Postobón encima de mi ordenador. Pero casi todo eran charlas, conversaciones infinitas sobre cine, cómic o literatura comiendo cualquier porquería y con el programa de televisión más estúpido de fondo. Eso era, y es, para nosotros la cultura y prácticamente la vida, consumir y debatir, opinar hasta el infinito mientras atascábamos nuestras arterias. Soñar con los ojos abiertos, intentando dejar de lado la puta mierda que es el mundo, quejándonos de eso también, pero dejándolo detrás del último cómic de Mike Allred.

Es de suponer que este proceder se expande como mínimo por todo el mundo occidental, con jóvenes a los que se les ha negado un lugar en el mundo adulto de sus padres, quienes tratan de sobrevivir con lo que salga mientras no dejan de alimentar sus ansias de cultura popular, creando su propio credo, con sus mitologías, cronologías, neuras  y psicosis particulares. Esto es lo que podemos leer en Hechizo total de Simon Hanselmann, una obra que sin duda está llamada a ser una de las mejores del año, uno de esos ejemplos que demuestran sin paliativos que el cómic es a día de hoy uno de los medios más poderosos, incisivos y bellos, para contar cualquier tipo de historia. La base de Hechizo total es una comedia sencilla en la Australia actual, donde la bruja Megg comparte piso con su novio Mogg, un gato; y Owl, un búho antropomorfo que trabaja en una centralita telefónica. Estos personajes dejan pasar la vida sin demasiados problemas, enganchados a la tele, fumando marihuana y alternando con amigos de su calaña, como el hechicero Mike, alguien que sólo quiere agradar; o Werewolf Jones, un hombre lobo obsesionado con ser siempre el rey de la fiesta.

Así que poco importa que nos encontremos rodeados de koalas, ñus o liebres, el universo de cemento es el mismo, con casas compartidas llenas de suciedad, parques sin personalidad y centros comerciales que luchan a duras penas por meramente sobrevivir. Simon Hanselmann sabe crear un universo sin fisuras, tocando la tecla idónea en todo momento para conseguir la identificación del lector: las continuas referencias a Los Simpson o la obsesión de Megg y Mogg por iCarly no son más que demonios personales y placeres culpables que compartirá cualquier idiota que orbite la treintena, alguien que no sabe que hacer con su vida pero que no tiene problemas en pasar la tarde viendo Hora de aventuras o enganchándose a cualquier serie que emitan en Disney Channel. En Hechizo total nos encontramos con la cara menos amable del concepto kidult, adultos que no han dejado atrás sus gustos infantiles, no haciéndolos sólo compatibles con los adultos, sino llegando a hibridarlos.

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Pero donde realmente llega a cotas inimaginables Simon Hanselmann es cuando se pone serio, algo que hace sin abandonar en ningún momento el tono de comedia imperante. El autor de Hechizo total no opta por frenar el discurso para soltar una moralina, sino que al igual que en la vida real deja que la historia se vea inundada por el drama. Temas como la sexualización infantil o el abuso de drogas se plantean con la mayor naturalidad y crudeza posibles, como parte de la realidad que nos rodea y de la cual no se pueden separar. Simon Hanselmann crea de esta manera un slice of life total en el que la comedia toma el papel protagonista no como una construcción lúdica de la realidad, sino como un acto de defensa ante un mundo que se desmorona sin posibilidad de salvación. Ante el apocalipsis sólo cabe tomarse la vida con pasotismo, con el hedonismo más cutre posible.

Todo lo anteriormente expuesto queda expuesto en Megg, quizás uno de los personajes más complejos creados en el medio, un personaje femenino lleno de complejidad, ternura y fuerza. Simon Hanselmann habla de todos nosotros cuando Megg tiene que enfrentarse al lado más amargo de la vida, ya sea la enfermedad de su madre o el peso aplastante de no estar uno a gusto en su propia piel. Leyendo Hechizo total te vas a reír mucho, muchísimo, posiblemente comparando a la pandilla de Megg, Mogg y Owl con la tuya propia, pero una vez que reposes la lectura te vas a poner triste, muy triste. Y eso es bueno.

@bartofg

@lectorbicefalo

Patriota exiliado

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Los surcos del azar (Paco Roca). Astiberri, 2013. Cartoné. 17 x 24cm.  328 págs. Color. 25€

En Salamanca se encuentra el Archivo General de la Guerra Civil Española, centro que he visitado dos veces en mi vida. La primera cuando pasé un año estudiando un máster en la Universidad Pontificia y la segunda cuando visité la ciudad en un viaje rumbo a Cantabria y el País Vasco. Para quien no lo conozca, la zona abierta al público se divide en una exposición permanente y una itinerante. En la primera visita me encontré con una exhibición de juguetes bélicos y en la segunda con un compendio de cartas y dibujos realizados por niños víctimas de la guerra. La exposición permanente está dedicada a la masonería, incluyendo la recreación de una logia. Ni el más mínimo rastro de algo que tuviera que ver con la Guerra Civil Española. Hasta cierto punto el elemento masón me pareció un chiste, pues al margen de misterios y conspiranoicos, la masonería no es más que una excusa, ideada por el Dictador Francisco Franco y sus herederos, para que ciertos elementos indeseables subyugaran a todo un país durante cuarenta años.

¿Pero que se puede esperar de un país como España? En la mayoría de las dictaduras, por no decir todas, el ejército ocupa un papel clave para el control del pueblo, ejerciendo con eficacia la disciplina del miedo, algo que termina provocando que la sociedad rechace completamente a sus fuerzas armadas. Algo que en nuestro país va más lejos, hasta el punto que buena parte de la sociedad llevó el rechazo a los símbolos al extremo, desarrollando repulsa hasta por el propio concepto de patria. Los nacionales no ganaron sólo el control político, también se apoderaron de España, dejando millones de apátridas hasta nuestros propios días, nacidos en España que no se sienten españoles. Aunque tomar esta postura puede parecer la más combativa ante los rescoldos, aún calientes, de la dictadura, lo cierto es que más que eso es un insulto hacia los que perdieron la Guerra Civil, quienes murieron durante el conflicto, las represalias posteriores o en el exilio, por una España mejor, más libre. En el bando legítimo de la República, una amalgama desde republicanos moderados hasta anarquistas radicales, no luchaban contra España, luchaban por su España. Y precisamente sobre esto versa la obra Los surcos del azar de Paco Roca, un cómic sobre héroes de guerra españoles que expulsados por el fascismo en su país lucharon contra el mismo en dos continentes durante la Segunda Guerra Mundial, con la idea siempre de volver a España, de volver a instaurar un régimen de libertad y justicia.

La idea que da forma a Los surcos del azar es una falsa reconstrucción periodística, donde el propio Paco Roca recrea la vida de Miguel, un español exiliado en Francia que tras abandonar España tras la Guerra Civil dará tumbos por el norte de África y Europa, para terminar formando parte de la división que liberó París, compuesta en su mayoría por antiguos soldados republicanos. Para dar mayor verosimilitud a su relato, Paco Roca emplea una estructura en paralelo, compaginando su propia entrevista con el veterano de guerra, con la recreación de sus hazañas. Esta dualidad personaliza a Miguel, ya que ambas mitades van dando forma a una única personalidad, el héroe de acción y el veterano enfermo, una única unidad que en diferentes momentos acentúa diversos aspectos de su personalidad. Para enriquecer aún más su apuesta formal, Paco Roca juega con el color pero de forma contraria a lo esperable, apagando el presente, convirtiéndolo en recuerdo, y coloreando el pasado, llenándolo de vida y dándole una carga mucho más espectacular. Propuesta que casa perfectamente con lo expuesto, pues no es lo mismo asistir a una batalla de carros acorazados que escuchar a un anciano sentado en su sillón favorito.

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El funcionamiento de Los surcos del azar es tan perfecto que pudiera parecer que Paco Roca a construido un reloj de cuco en lugar de un cómic, ya que el ritmo se adapta perfectamente a cada situación, creando una fluidez que muy difícilmente puede no derivar en leer toda la obra de un único tirón, atraídos magnéticamente por su estructura de hierro. Pero no se puede reducir el trabajo a la ingeniería, pues lo que verdaderamente ata al lector es el proceso sentimental, esos caminos del corazón y el azar que llevan a un idealista a no rendirse, a suspirar con hacer del mundo, y de su país un lugar mejor. A lo largo del cómic no encontraremos sólo momentos de pura épica, sino también pequeñas y grandes situaciones que con el sentimentalismo mejor construido son capaces de enternecer a cualquiera al extremo. En España no estamos muy acostumbrados al patriotismo, que indudablemente se suele relacionar con el fascismo, representados con ejemplos tan claros como la película Raza, pero precisamente lo que hace Paco Roca es reclamar ese patriotismo y arrancar de las garras del fascismo la marca España. La historia de Miguel daría cabida a diversas películas de acción, ya sea su periodo en un campo de concentración en África, así como su posterior campaña en el continente contra Rommel; o su formación en Inglaterra y el cruce del norte de Francia hasta liberar la capital. Miguel cambia varias veces de ejército, ya sea por burocracia o por deserción, pero mantiene siempre sus ideales, aplastar al fascismo y liberar España.

Paco Roca repite a lo largo de Los surcos del azar la idea de que la labor de los hombres y mujeres como Miguel no debe de ser olvidada, personas que engancharon la derrota de la Guerra Civil Española con la Segunda Guerra Mundial, soldados universales al servicio de la libertad y la justicia más allá de toda bandera pero sin olvidar sus orígenes. Pues esto es lo que ha conseguido precisamente Paco Roca, el mejor instrumento para hacer conscientes a los españoles actuales de que la historia es más complicada de lo que nos quisieron vender, para que no olvidemos jamás que nosotros también tenemos héroes de los que estar orgullosos.

@bartofg

@lectorbicefalo

Spain is pain #178: Fracaso.

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El Polo Sur (Alexis Nolla). Apa apa, 2014. Cuadernillo grapado. 18 x 24 cm. 40 págs. Color. 10 €

Fracasar y decepcionar es uno de los grandes terrores humanos; sin embargo, hay pocas cosas más atractivas que la historia de una derrota. El polo sur de Alexis Nolla nos narra las peripecias del Capitán Scott y su tripulación en su afán por ser los primeros en llegar al polo sur geográfico. Una expedición destinada no a triunfar ni a ser recordada por realizar dicha hazaña sino por ser los segundos en llegar, y a pesar de eso continuar con el proyecto hasta el final.

La fuerza del trabajo de Nolla se pone de manifiesto en dos aspectos. El primero es la mostración de la rutina los exploradores, el día a día del fracaso llena la narración de resignación en cada una de sus viñetas, hasta la certeza de una muerte inevitable que se convierte parte de esa recta final del trayecto. En este punto se revela la efectividad de la narrativa viñeta a viñeta para mostrarnos este fragmento de la vida de estos personajes como una cuenta atrás hacia la muerte de estos.

La segunda característica en el trabajo de este autor es lo neutro en la narración de los hechos, no se involucra, ni tan solo se muestra como narrador. Quizás tan solo lo hace en la elección de un hecho duro en el que el abismo está presente en todo momento. El autor despoja a los personajes de la heroicidad con la que se ha adjetivado la (no) hazaña de Scott y los suyos, poniendo el foco en los personajes sin poner uno por delante de otros. El capitán lo es dentro del texto, pero no deja de ser un personaje más en la narración. Y es solo a través de este que somos conscientes de la gravedad de la situación a través de las anotaciones de su diario.

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El polo sur es un relato sobre lo que el mundo consideró que era una hazaña heroica que en su momento, al menos en el ámbito anglosajón, eclipsó la exploración de Amundsen que fue el primero en llegar al polo sur geográfico. Pero también es una texto sobre la decadencia de un periodo en el que las formas sociales vinculadas a los topos nacionales se ponía de manifiesto por encima de cualquier otra necesidad. Nolla describe así a unos personajes que son por encima de todo británicos con cierta flema que imponen cierto carácter caballeroso por el que el grupo y el orgullo está por encima de lo individual.

Este título lejos de estar de un relato sobre lo anecdótico, algo que podría parecer en un primer momento, que busca alejarse de lo heroico en favor de una historia sobre lo sucedido alejado de todo artificio, en el que la rutina se convierte en un elemento vehicular de la narración, en un título en la que no se nos muestra ni el principio ni el final de la aventura de estos exploradores.

@MrMiquelpg

@lectorbicefalo

El punk vive en los tebeos

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Blobby Boys (Alex Schubert). Koyama Press, 2013. Rústica. 14 x 21,5cm.  52 págs. Color. 10$

Si la cultura debería tener alguna utilidad social, ésta debería ser sin duda propiciar el cambio social, siempre que sea posible hacia un estado más positivo. Para este fin, con cultura no nos referimos en ningún caso a la mal llamada alta cultura, sino a la más popular y común. Se podría pensar que lo ideal es que un sociólogo idee una mejora para gestar una sociedad mejor, y que dicha innovación se impulse mediante los artistas más intelectuales. Pero lo cierto, y puede que por suerte, es algo bastante diferente, ya que el cambio suele surgir a través del malestar de la mayoría de la población, sentimiento que se transmite rápidamente entre los creadores de dicha clase social, que no dudan no sólo en quejarse, sino también en hacer mofa, para hacer aún más visible el desasosiego, generando un ciclo que por suerte termina explotando con un movimiento social, puede que hacia delante o hacia atrás, pero movimiento al fin y al cabo.

Si buscamos a estos interruptores sociales, no los encontraremos en ningún suplemento cultural de un gran diario de tirada nacional, no son ni dramaturgos experimentales ni pintores no figurativos. Se debe ir más hacia abajo, buscando la horizontalidad social, para encontrar a gente como Jhonny Ryan o José Tomás, el dibujante, no el torero, quienes usan sus lápices para visualizar las carencias, incongruencias y errores de nuestro maravilloso status quo. Los nuevos autores de cómics, que saltan sin problemas entre fanzines, autopublicaciones, revistas de tendencias y blogs, son las nuevas estrellas del punk, ya que cuando la música ha perdido todo atisbo de rebeldía, el cómic viene a ocupar su lugar. Dentro de esta hornada podemos encontrar a Alex Schubert, alguien quien sin problemas pasa del cómic a la ilustración o la animación, colocando sus creaciones donde le dejan, ya sea en las últimas páginas de la revista Vice, en su tumblr personal o en un recopilatorio, como es el caso de Blobby Boys, editado por Koyama Press.

El nexo común de Blobby Boys es el grupo musical del mismo nombre, una banda que parece dedicar más tiempo a drogarse que a componer; aunque podemos encontrar otros personajes como un huraño camello preocupado por la moda, un multimillonario interesado sólo en las fiestas, o un melancólico robot. Por si fuera poco, el universo de Alex Schubert se expande más allá de las viñetas, dejándonos en Blobby Boys algunas ilustraciones de gran calidad. Quizás al igual que las canciones punk eran caóticas y rápidas, la obra de Alex Schubert es tremendamente veloz, con historias de pocas páginas, en muchos casos no más de una, que se van hilvanando por suma hasta crear un único discurso que parece cachondearse de todo, cuando realmente realiza una denuncia sin paliativos.

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Estamos ante ese juego en el que aparentemente cualquier cosa importa una mierda hasta el punto de que todo se toma a guasa, aunque con un poco de ojo crítico vemos que la obra es absolutamente demoledora, sin concesiones. Porque si hay algo que no encontramos en la obra de Alex Schubert es azar, tras los chistes de hipsters y las líneas simples se encuentra un depurado trabajo no sólo reflexivo en las ideas, sino también en el propio acabado gráfico, donde haciendo suya la máxima de menos es más nos encontramos con grandes soluciones visuales para conseguir con una notable economía de recursos una obra llena y de gran estilismo.

Blobby Boys es una creación de nuestro tiempo, ya que la mayoría de las páginas se pueden encontrar en Internet, principalmente en el propio tumblr de Alex Schubert. Esta democratización de su trabajo no debería hacer que nos lo tomáramos a la ligera, como desgraciadamente puede suceder. En Blobby Boys encontramos varias cartas de fans, suponemos que emails o mensajes a través de las redes sociales, donde la mayoría felicita a Alex por su trabajo tras encontrarse con el mismo a través de varios enlaces o descubriendo una página suya en una revista de tendencias. Estas misivas digitales quizás no auguren el mejor futuro económico al autor, pero sin embargo son una prueba más del poder subversivo de su obra, que como un disco punk mal grabado viaja por la sociedad, transmitiendo su mensaje, sus ideas estúpidas, sus chistes malos y la llave del cambio.

@bartofg

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