​Son Goku, el héroe de la ruta de la seda nº 4 (Kazuo Koike y Goseki Kojima

Son Goku, el héroe de la ruta de la seda nº 4 (Kazuo Koike y Goseki Kojima). ECC, 2016. Rústica con sobrecubierta, 384 págs. B/N, 13,95. 

En entradas anteriores dedicadas a este título ya se comentó la influencia del texto original  a lo largo de la cultura asiática. Se trata de un relato fundacional en el cual se basa miles de relatos, sin tener en cuenta los cientos de adaptaciones como la archiconocida de Akira Toriyama o el mismo sobre la que estamos escribiendo aquí.  En este volumen asistimos a como el Mariscal de los Juncales Celestes se convierte en el cerdo  salido que conocemos de los primeros volúmenes. En volúmenes anteriores vimos como sucede lo mismo con Son Goku. En su travesía tras la transformaciones vemos las penurias que este sufre y como el especismo se ceba con el de mala manera.

Sin embargo, me interesa mucho más atacar un tema en esta breve reseña, y es de la cosificación de los animales como algo que uno de manera transversal todas las culturas de la tierra. El cerdo sufre mil perrerías solo por el hecho de serlo pero nuestro protagonista tiene un elemento que lo convierte en un ser preciado para ser maltratado como forma de entretenimiento. Tras haber ingerido melocotones de un jardín celestial este vuela. Los humanos tras descubrirlo intentan hacerlo volar a su antojo y para ello lo queman, lo ahorcan, lo entierran, y lo que haga falta. El cerdo empieza a dejar el estigma una vez recupera una estima, por decirlo de alguna manera: humana. Se viste como tal y empuña un arma para poder defenderse. 

Quizás por todo lo mencionado anteriormente Son Goku, el héroe de la ruta de la seda es una obra interesante tanto por cómo se ejecuta la adaptación, sino también por la manera en que habla de la relación de los seres humanos con los animales y con todo aquello que difiere de la maldita normalidad.

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Relatos Terrorificos 1 (Junji Ito)

junji_ito_relatos_terrorificos_1Relatos Terroríficos 1 (Junji Ito). ECC, 2016. Rústica. 160 págs. ByN. 5,95 €

Con el éxito que está teniendo el re descubrimiento de Junji Ito en nuestras fronteras era lógico que nos terminara llegando el grueso de su producción de historias cortas. Esto puede entenderse como un inteligente movimiento editorial, el autor vende y es comprensible que se quiere poner al alcance de los compradores todo lo editable. Pero por fortuna, en el caso de Junji Ito creo que nos encontramos con una gran oportunidad, pues si en algo reluce su genio es en la creación de pequeñas historias, por su duración, no por su calidad o escala.

Así que no podemos más que alegrarnos de tener entre manos la colección Relatos Terrorificos, que aúna toda la producción corta del mangaka, la cual ha desarrollado en diversas publicaciones. El primer volumen es un ejemplo práctico de lo que encontramos en cualquier obra de Junji Ito, ideas potentes que explotan en el rostro. Con el añadido de que podemos observar la evolución artística del autor, tanto en sus guiones como en su trazo. Siendo sinceros hay que señalar que donde más notable se percibe la mejora de Junji Ito es en su dibujo, que con el tiempo se ha vuelto más conciso para el detalle y exceso para lo grotesco, siendo capaz de fundir el realismo más trivial con la fantasía más abyecta. Unión donde reside su genialidad.

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En Relatos Terroríficos 1 encontramos el relato en dos partes Los escalofriantes hermanos Hikizuri, que bien podría ser un resumen de toda la obra de Junji Ito, una historia gótica con gran influencia del grand guignol y con estructura de chiste, con esos grandes finales a los que nos tiene tan bien acostumbraos. Estructura que se repite en las dos historias que acompañan, La mansión del dolor fantasma y La mujer de las costillas sueltas. Si en la primera historia tenemos una familia de inadaptados clásica del genero, las otras dos rondan más otro tema también muy querido por Junji Ito, la salud, tanto en su vertiente de la enfermedad como de la belleza. En fin, que más Junji Ito siempre es bien recibido y Relatos Terroríficos nos garantiza un suministro continuo de su obra.

@bartofg
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Spain is Pain #288: Despejar la incógnita.

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Los dos amigos (Andrés Magán). Fosfatina, 2016. Periódico, 16 págs. Duotono, 6€

Lo difícil de plantear un relato críptico en cuanto a la narrativa y a la forma es la posibilidad, mayor o menor, que ofrece el autor a un lector predispuesto a plantar delante de sus retinas obras marcadas por el riesgo en todos los aspectos. Como ya hemos podido ir viendo en otras entradas de Spain is Pain ese debate entre forma y fondo y las brechas y los nexos que tienen lugar durante su utilización dan lugar a unos tipos de narrativas de carácter convencional e institucionalizadas, por un lado, y más experimentales, por otro.

En Griza zono  Andrés Magán optaba por un punto de narración cero para sembrar más incógnitas que resolución de tramas en un relato áspero que no daba ninguna facilidad a un lector que se planta delante de la acción sin saber de dónde van o donde vienen. Esta obra constituye uno de los hitos del nuevo cómic patrio. En Los dos amigos el planteamiento del autor es un tanto diferente, primero a nivel estético existe una concreción figurativa en torno a la figura humana; aquí son más reconocibles, tanto en la construcción de la figura como en el fondo. Pero son unas pautas que sirven para para sembrar la extrañeza de la soledad compulsiva.

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Un tipo nos narra en primera persona una experiencia que parece sacada de un sueño húmedo de David Lynch. Este relata cómo cree haber tenido una conversación con un amigo/ser que desaparece cuando intenta mirarlo frontalmente. Los restos que deja de su presencia son misteriosos: una cuerda, unas canicas, una llave, una piedra y un trozo de cristal roto, los restos de aquello que parece ser y puede que no sea. La segunda parte es esa elucubración del personaje narrador vagando y desvaneciéndose por el bosque.

Los dos amigos apunta directamente a una ruptura en la que la narrativa, o los mínimos bajo los cuales se sustenta este relato son una excusa para romper con arquetipos y las estructuras mínimas del mismo. Magán no resuelve el enigma, la ecuación se plantea pero la incógnita sigue ahí, la percepción del personaje es la que nos autor casi no podemos otorgarle la credibilidad debida, en la segunda parte ni siquiera sabemos si es un hecho o una ensoñación del narrador. Los personajes son definidos con un esbozo y nos obliga a una contemplación reflexiva ya contemplar la página tal como el protagonista nos contempla a nosotros. Magán es de lo mejor del panorama nacional y lo demuestra en cada una de sus obras, y Los dos amigos no es una excepción.

@Mr_Miquelpg

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Kathy Austin al servicio de su majestad

namibiaNamibia (Rodolphe, Leo y Bertrand Marchal). ECC, 2016. Cartoné. 256 págs. Color. 26 €

El revisionismo histórico es tan necesario como peligroso, pudiendo caer en cualquier momento en el utilitarismo más parcial. Tenemos un ejemplo perfecto en el feminismo, que de forma más que necesaria se empeña en señalar las grandes figuras femeninas que a lo largo de la historia han sido ignoradas o suprimidas por una sociedad totalmente masculina que reservaba a las mujeres el papel de personas de segundo grado, eso siempre y cuando fueran consideradas personas. Pero no podemos obviar que ese mismo revisionismo puede caer en la manipulación y la propia censura para beneficiar opiniones particulares. De este modo, como existe la trampa, se niega cualquier revisionismo y no se tarda en tildar de manipuladores interesados a cualquier persona que coloque el foco en figuras o pasajes poco iluminados de la historia.

El juego de luces y sombras, la manipulación ideológica del pasado juega malas pasadas a todo el mundo, pues la herramienta se convierte directamente en punto flaco de la argumentación. Por fortuna, siempre nos quedará la ficción, pues si de algo sirve lo inventado es para desde la propia mentira defender ideas obviando cualquier acusación de alteración historicista. Así tenemos por ejemplo Namibia, el segundo ciclo de cómics inaugurado con Kenia, donde la teoría de la conspiración mezcla la ciencia-ficción con el thriller de espías de la forma más divertida posible. No cabe duda que a lo largo del siglo XX han existido una gran cantidad de mujeres a las ordenes de los diversos servicios de inteligencia nacionales, figuras capaces de equipararse sin problemas al propio James Bond sin necesidad de ser meras comparsas sexuales. Así que es fácil defender que la figura protagonista, la espía Kathy Austin, no deja de ser un remiendo de mujeres que existieron durante los primeros y convulsos años de la Guerra Fría, mujeres de moral gris y ciega lealtad al servicio de su país.

Namibia recopila los cinco álbumes del segundo ciclo de la saga Kenia, iniciada con los primeros cinco álbumes de nombre homónimo. Así que más o menos nos podemos esperar una continuación de todo lo que vimos entonces. Aunque con un pequeño cambio en el equipo creativo, Rodolphe continúa como guionista, al que se suma Leo, dibujante de Kenia, para dejar en manos de Bertrand Marchal las labores artísticas de Namibia. Respecto a este cambio artístico hay que decir que Bertrand Marchal cumple su labor de forma más que notable, con un estilo marcado perfectamente dentro de la corriente realista francobelga, recordando bastante al trabajo realizado por Leo en Kenia, que también pudimos disfrutar en Antares. Un dibujo que podría considerarse dentro del cómic lo que es el cine más comercial, un acabado gráfico que una el realismo más frío con una facilidad de lectura incuestionable, todo con la suficiente personalidad para no encontrarnos con un acabado frío e impersonal. Bertrand Marchal  tiene el dibujo perfecto para un cómic de espías, más si este tiene tantos elementos de ciencia-ficción y aventuras.

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Por su parte, el guión de Rodolphe, ahora junto a Leo, continúa la mitología creada en Kenia, con una trama lenta pero segura que en todo momento atrapa al lector. Puede parecer contradictorio decir que una trama es lenta y al mismo tiempo capaz de capturar al lector, pero es un valor positivo que alberga la obra gracias a la gestión de la información. Leo y Rodolphe llenan las páginas de preguntas e incógnitas, las cuales se van respondiendo poco a poco hasta que su resolución trae nuevos enigmas. Habiendo por fortuna la suficiente acción y suspense como para que la información que cae con cuenta gotas nos parezca aún más importante y misteriosa. Esto funciona tan bien que se puede decir que Namibia pierde algo de fuerza cuando se acerca su resolución, la explicación final orquestada por Rodolphe y Leo es totalmente orgánica y no defrauda, pero como lectores podemos echar un poco de menos esa sensación de peligro constante y de vida junto al abismo, no sabiendo muy bien que pasa y tratando de aunar todas las pistas para esquivar el próximo golpe que surja de la oscuridad.

Aunque si algo hay que señalar del buen trabajo como escritores de Rodolphe y Leo en Namibia es la continuación en la creación del personaje de Kathy Austin, un ejemplo perfecto en lo que a construcción de personajes se refiere. Kathy Austin es una auténtica aventurera que aúna la ironía más fina con el corazón más noble, todo sin caer en el estereotipo de Indiana Jones con pecho. Tras la lectura de Kenia y ahora Namibia, vamos conociendo más y más a Kathy Austin, una trabajadora del MI5 encargada de enfrentarse literalmente a lo desconocido con el fin de salvaguardar al Reino Unido en un mundo que comienza a configurarse en dos bloques antagónicos amenazados por peligros más allá de la propia comprensión humana.

@bartofg
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Spain is Pain #287: Quinquis y yonkis

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Makoki. Fuga en la modelo (Miguel Gallardo y Juanito Mediavilla). La Cúpula, 2017. Rústica, 80 págs. B/N, 12,50€

El final de la década de los setenta y principio de los ochenta prometía a la población española un reseteo a todos los niveles: político, social, económico, etc. Pero una de las cosas que surgiría de ese periodo es un cambio en el paradigma mitológico popular, si durante unos cuarenta años el orden, el militar, lo adecuado y lo correcto definían, o al menos eso se intentaba imponer, a partir de ese momento los delincuentes pasan a primera plana de los medios comunicación, protagonizan películas y se les dedican canciones. Tras tantos años de ocultamiento la España de los barrios de extrarradio constituyen una mina para todos aquellos que desean reflejar la decadencia de un país en producciones de ficción.

Dos grandes títulos mantienen vivo el espíritu de aquel momento en el que se pone de manifiesto que los héroes construidos para la mayoría de la población no son válidos. Los deshauciados y los que de manera voluntaria han decidido salirse del sistema encuentran en la trilogía de Perros callejeros de José Antonio de la Loma y en Makoki unos referentes de una época cambiante. Si bien en el primer caso el realizador opta por el relato de redención social, polarizando el discurso y siendo maniqueo por ensalzar la delincuencia juvenil a través de mostrar a una sociedad que se desentiende de estas persona; por otro lado la creación de Gallardo y Mediavilla apunta a otras derivas.

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Si en Fuga en la modelo se utilizan los mismos elementos discursivos que en las cintas de de la Loma, un grupo de personas que se han montado su vida en la periferia del sistema, unos representantes del estado que no cumplen con la ley o se exceden con este y una sociedad completamente ausente, ajena a todo y a la que realmente no le importa lo que suceda al mundo. Aquí vemos como Emo, Cuco y el Niñato se bajan al moro a comprar hachis para llevarla hasta la Barcelona de los ochenta. Si bien les resulta fácil adquirir la sustancia estupefaciente el camino de vuelta constituye el verdadero relato, las dificultades y las peripecias de este grupo son el grueso del mismo; este road cómic muestra a la perfección el momento cambiante representado. Como trasfondo el penoso sistema penitenciario español protagonista gracias a delincuentes como El Vaquilla por su fuga.

Las aventuras de Makoki siguen teniendo a pesar de los años, los temas y la forma de tratados una gran frescura. Me gustaría destacar el valor historiográfico de los mismos no solo como historia del cómic español sino por la puesta en escena que disponen Gallardo y Mediavilla. Se trata en definitiva una gran crónica de los ochenta, la otra crónica, alejada de la de sucesos y más vinculada con un nuevo devenir social derivado de la represión de más de cuatro décadas. A eso hay que sumarle lo imprescindible de este volumen como obra  de ficción y como una de las más representativas del cómic underground patrio.

@Mr_Miquelpg

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Una sinuosa línea recta

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Nubes de talco (Amanda Baeza). Fulgencio Pimentel, 2016. Rústica, 128 págs. Color y B/N, 19,95 €

Considerando la narrativa como un artilugio del cual nos valemos para articular nuestra experiencia vital y como modo de transmisión del relato no es más que una herramienta preconfigurada que facilita la comunicación y la experiencia humana. De ese punto podemos pasar a la carencia de esta como un elemento más vinculado a las formas de expresión artísticas de vanguardia y que buscan que sea el espectador el que establezca dicha narrativa con la obra en cuestión. Luego estarían aquellas formas que están a medio camino pero que por salirse por los cauces más convencionales se sitúan dentro de lo experimental, en ese caso estaríamos hablando de una narrativa antinatural, quizás por no acotarse a las estructuras convencionales y por valerse de recursos ajenos o contrarios a esta.

Amanda Baeza en Nubes de Talco, volumen que recoge el trabajo de la artista chilena residente en Portugal de 2013 a 2016, nos muestra que esta narrativa que hemos denominado como antinatural es posible la mejor manera de hacer una biogeografía emocional de uno mismo. Baeza nos muestra que posiblemente el camino más corto para representarse a uno mismo sea una línea recta, recta pero con muchas curvas y recovecos, dando matiz y textura a cada uno de los momentos que define la existencia de la autora en un relato, eso sí, que aborda la biografía alejándose de los prototipos del género. La protagonista podemos suponer que es la autora y que está lejos de explorarse en una relación antagonista con el mundo que la rodea sino que apunta a una exploración de este a partir de su fuero interno.

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En este recorrido se esboza una visión personal del mundo que cuestiona por completo el orden de las cosas, la fe, las creencias ciegas, la lógica de la comunicación y relación entre personas y cosas. Se trata de una descomposición que a nivel visual nos lleva a una autora que opta por explorar el universo de lo personal a través de diferentes estilos diferenciados que van desde cierto figurativismo a coquetear con la  abstracción, jugando a desprenderse del color en las páginas en blanco y negro, revolverse con los grises y desbordar la retina del lector con colores que hacen rebosar la viñeta.

Nubes de talco es una apuesta tanto por parte de la autora, Amanda Baeza, como por la editorial, Fulgencio Pimentel, para un lector ávido no solo de novedades editoriales sino de aquellos autores que buscan nuevas fronteras en el desarrollo de sus relatos. De los caminos escogidos el elegido por Baeza es uno de los más complejos se abona acierto tipo de narrativa pero sin acabar de fundirse con esta pero con una querencia por darle una importancia fundamental a la forma sin que esta le reste nada a lo primero. La autora rompe una lanza por una representación de la figura humana más cercana a las vanguardias, basada en todo tipo de descomposiciones, pero sin perder la referencias espaciales, también reimaginadas y reestructuradas una y otra en vez en función del estilo elegido en cada relato. Este volumen es una de las sorpresas del año pasado en este nos encontramos con una autora en constante evolución que sorprende a cada página por la frescura y madurez del trazo.

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Sunny 6 (Taiyô Matsumoto)

sunny_num6Sunny 6 (Taiyô Matsumoto). ECC, 2016. Rústica. 264 págs. ByN. 12,95 €

La odisea humanista de Sunny termina en su sexto volumen cuando quizás Taiyô Matsumoto no ha contado todo lo que se podría contar, pero sin duda si ha desarrollado todo lo que tenía pendiente. Así que más nos vale alegrarnos, con las consiguientes lágrimas que nos dejan las últimas páginas de Sunny, por ese maravilloso sentimiento de querer mucho más pero sabiendo que hemos asistido a algo hermoso. Sentimiento del todo lógico, pues era imposible cerrar todas las historias que se iban desarrollando en el manga, debido principalmente a su naturaleza casi aleatoria heredada de la propia experiencia humana. Crear un único final para todos los personajes hubiera sido tan irreal que toda la historia hubiera perdido la fuerza que tan tenazmente se ha ido construyendo a lo largo de la misma.

Aunque siendo sinceros, si hay cierta experiencia de cierre en las últimas páginas de Sunny, no tanto en un sentido de conclusión como si de mutación, adaptación y cambio. Se podría defender que las aventuras de los infantes de la casa de los niños de las estrellas se transforman para que sus vidas fluyan por otros derroteros. Es complicado soltarles la mano, mucho, porque sabemos que vivirán tantos momentos tristes como alegres, pero no cabe duda de que Taiyô Matsumoto nos ha aleccionado lo suficiente para saber que siempre hay un hueco para la esperanza y que incluso en la mayor de las penumbras puede florecer la más bella de las plantas. Esto dicho así puede quedar un poco cursi, pero por fortuna Sunny es cualquier cosa menos un manga cursi, como las buenas historias humanistas sabe hacer de la crueldad el elemento necesario para añadir realismo y poner la bondad en valor.

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El sexto y último tomo de Sunny es parecido a lo que ya hemos leído, con retazos de la vida de niños huérfanos o abandonados, que adoptan una tortuga, visitan un parque de atracciones o se fugan en busca de sus padres. Esos frescos que por sedimentación han construido uno de los universos más ricos jamás explorados en un cómic, algo menos de una veintena de personajes que con miradas y acciones cotidianas son capaces de poner el corazón de cualquiera a mil, humedecer cualquier ojo y conseguir que la vida sea menos agresiva. Como es lógico me gustaría poder seguir leyendo las vivencias de estos niños durante incontables páginas, pero con una muestra de sabiduría, una que se suma a las incontables ya llevadas a cabo, Taiyô Matsumoto termina su historia porque sabe que no la puede terminar, que Sei y Haruo y el resto de los niños de las estrellas no son más que proyecciones generales llenas de detalles de cualquier ser humano. Sunny es sin duda una obra de arte a la que todo lector debería enfrentarse, porque tendrá que volver una y otra vez a lo largo de su vida.

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