Quiz Kids

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Niño prodigio. Mi padre, el genio de los concursos (Michael Kupperman) Blackie Books, 2019). Cartoné, 240 págs. B/N, 19,90€

El episodio 93 de The Simpsons , “Bart Gets Famous”, Bart se convierte por accidente en una estrella de la televisión con frase recurrente incluida: “yo no he sido”. La brevedad de la popularidad de Bart es tan efímera como la propia juventud. Los niños con talentos, o sin ellos pero graciosos, han sido uno de los pilares sobre los cuales se cimentado el éxito de la televisión desde sus inicios. Tanto como receptores de contenidos, que en muchas ocasiones estaban protagonizados por infantes que destacan por tener ciertas aptitudes. Y no, no es un modelo caduco ejemplos actuales de televisión en directo lo confirma, los programas de talentos están plagados de participantes menores y algunos muy pequeños.

El libro de Michael Kupperman tiene dos grandes puntos de interés. El primero es de carácter histórico, nos encontramos ante no solo el origen de los programas concurso sobre conocimientos y los de talentos. Sino ante la consolidación como medio de comunicación de masas y la llegada de la televisión. Poniéndose esta última en el centro del ecosistema medíatico durante más de medio siglo. Kupperman narra la vida del pasado oculto del padre, Joel Kupperman. La fama de los primeras estrellas infantiles radiofónicas y televisivas les hizo rodar por todo el país, tener merchandising, apariciones en películas, publicidad, etc. Y con esto una idea primitiva de la estrella multiplataforma, más como una forma de explotación de la popularidad infantil. En un momento en el que se empieza a construirse la imagen del adolescente como un consumidor más.

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El segundo punto de interés es la forma en que Kupperman busca cierta explicación en el propio relato, indagando el motivo por el que su padre apenas habló a lo largo de su vida sobre su popularidad. El autor investiga en los recortes de prensa de la época, las fotografías, la publicidad y los productos derivados de los programas en los que su padre participó. Pero la realidad del documento no nos lleva necesariamente a la verdad. Los porqués son muy importantes en toda la narración, y en cierta manera muchos quedan sin respuesta.

Cierta conclusión sobre no olvidar el pasado, pero no vivir en él, o en este caso huyendo, nos lleva a pensar en acordarse muchas veces del cómo soterra el qué. La popularidad del personaje nos hace olvidar las circunstancias, Joel Kupperman abandona el programa porque se ve como un macguffin en sí mismo, una excusa para implantar un modelo de infancia irreal. Que no se corresponde ni con la realidad social ni económica del país

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El beso como campo de batalla

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El beso número 8 (Colleen Af Venable y Ellen T. Crenshaw). La Cúpula, 2019. Rústica, 324 págs. B/N, 19,90 €.

El beso número 8 es uno de los tebeos más jóvenes que he leído últimamente. Joven en el sentido vital y emocional, no quizás por el tema y la utilización del drama y el romance, sino cómo las autoras juegan con estos elementos para revitalizarlos de cara a un público más joven y predominantemente femenino. Las relaciones sentimentales y sexuales, los conflictos que esta sociedad tiene con los nuevos tipos de identidad, la intimidad interpersonal como una forma aprendida de amar y una sexualidad líquida rampante. Pero quizás el tema más relevante es como poco a poco la sociedad va superando ese enfrentamiento contra la rigidez de las formas y apariencias tanto en las familias como en las comunidades más próximas.

El punto de partida para mostrar una evolución en las formas es un status quo presentado en forma de una familia feliz que oculta a su hija Mads, la protagonista de este título, el pasado de su abuela. Dicha felicidad se sustenta en una ocultación, las fiestas para adolescentes, el padre con el que tiene hobbies comunes, misa los domingos, partidos de béisbol, etc. El prototipo de vida familiar anglosajona en el ya no tan nuevo continente. La calma se ve perturbada por la el deseo de conocer de una adolescente en plena efervescencia sexual.

El beso número 8 es el recorrido vital de Mads a través de los primeros besos de la adolescencia mucho más allá del acto físico; es la búsqueda de su propio yo con respecto a las personas que le rodean le descubre que el amor no viene predeterminado por el género, ni tan siquiera por una identidad de género sesgada sino por las relaciones que establezca con cada individuo. En este trayecto descubre que es capaz de enamorarse de hombres y mujeres. Pero la situación de Mads no es una reevaluación del pasado, y si una apuesta de futuro. Lo oculto en la vida familiar de la protagonista es el pasado de su abuela, nacida mujer pero que con el tiempo hace la transición para convertirse en hombre para convertirse en un abogado pionero en tratar temas de transexualidad.

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La idea es sencilla, pero muy bien planificado, y se resume en una historia de crecimiento personal que nos habla de evitar el dibujar y estereotipar las nuevas identidades como sucedió en el pasado. En cierta manera estereotipar es convertir al diferente en disidente y de ahí a su ocultación. Y eso se convierte en una puesta a cero constante de las luchas sociales. En ese sentido cabe destacar como la forma de reivindicarse como individuo ha cambiado con el tiempo, desde las masivas manifestaciones que pedían cambios legislativo y reales, a una pelea constante,  siguiendo la máxima de Donna Haraway, “el cuerpo es un campo de batalla”, en la que debemos de enfrentarnos a normas estandarizadoras y locos deseos de supuesta normalidad.

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Fantastic World (Ryo Hirano)

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Fantastic World (Ryo Hirano). Héroes de papel cómic, 2019. Rústica, 282 págs. Color, 19,95€

Más de una vez o dos se ha hablado en este blog sobre la creación de universo como una constante dentro de la ficción contemporánea. La creación de universo como un amarradero en el que tienen que confluir todas las narrativas y sobre todo las reglas de juego de ese territorio ficcional. Si bien en la realidad la disolución de la idea de mapa y territorio como una gran realidad vertical es un hecho, la ficción por su lado delimita ambos espacios en función de lo que muestra o no muestra al lector. Mientras que en la ficción lo mostrado es canon, y el territorio crece en función de si este se muestra específicamente, muchas veces al principio de los textos viene un mapa, como una sugerencia de mundo del que verdaderamente no tenemos más certeza que cuando este aparece en el relato con los protagonistas viviendo y desarrollándose en este espacio.

De manera que crece el personaje a través del entorno pero este adquiere otros niveles. La lectura de Fantastic World  de Ryo Hirano supone una construcción de la relación simbiótica entre personajes y escenarios diferentes. El autor nos plantea un universo disparatado, con un referente muy claro en la Hora de aventuras. Un mundo sin reglas en las que vemos como los personajes se mueven con mayor o menor soltura, pero del que nosotros aprendemos las reglas del juego poco a poco. Hirano nos muestra una variante, somos unos espectadores privilegiados a la hora de ver como la narrativa crece en riqueza visual en cada capítulo. Los personajes crecen, los escenarios también, pero en cada uno de ellos el estilo de dibujo varía, las formas y la luz de los escenarios, los personajes, y a veces hasta las reglas del juego. Un mundo en desarrollo continuo como un trabajo progresivo que nos muestra ese territorio ficcional como un gran patchwork que todavía se tiene que cerrar.

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Hirano se inspira en  el libro The Smoky God, or a Voyage Journey to the Inner World (1908) de Willis George Emerson. Un relato que narra la vida de un aventurero de la superficie terrestre que pasa una larga temporada con los habitantes que viven en el interior del planeta y tienen las mismos problemas de libertas, conflictos políticos y religiosos y cuyos habitantes deben de someterse a totalitarismos estúpidos. Dicha madurez aparece oculta entre una historia y un dibujo falsamente infantil. Biko, el protagonista, tiene como rasgo principal ser el único ser humano en Shambhala, y y su compañero de viaje es un diente, al que llama Dientecin, que es hijo derivado genéticamente de Biko. Ambos se explicaran el mundo el uno a otro para intentar resolver cuales son los mecanismos que hacen que ese espacio funcione. El trabajo de Ryo Hirano, es divertido e interesante, las páginas recogen estilos gráficos diferentes pero llevados a su territorio. Especialmente dedicada para aquellos que les gusta navegar más allá de los mangas más comerciales y prototípicos.

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Dolor y poliamor

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Dame un beso (El don Guillermo). La Cúpula, 2019. Rústica, 204 págs. Bicolor, 19,90€

Tulsa en una de sus mejores canciones, Seguramente me lo merezco, en cierto momento cantaba “Ya sé que he debido de hacerme mayor, porque ya no creo en el amor, y algo más en el dolor”. Una tema sobre los amores de tira y afloja con un punto de nostalgia intentando recuperar el tiempo entre lo dado y lo recibido. Todo como un ensueño con algún que otro reproche hacia uno mismo y alguno que otro a esa pareja del pasado, aunque este no vaya a saber nada de este monologo.

El amor como una forma de nostalgia que camina entre el reproche y el desgarro emocional, vinculado a un pasado mítico en lo personal, es un gran tema, pero siempre ha sido narrado a través de duetos. Sin embargo, en este momento, ya metidos de lleno en este S. XXI, las relaciones se han convertido en liquidas, la pareja consolidada parece que se está quedando obsoleta entre los más jóvenes, y las parejas abiertas, los tríos, o el no tener una orientación sexual definida, hace que el paradigma de los amores desgarradores entre dos personas no estén en el centro de interés narrativo.

El don Guillermo apuesta por una formula poco habitual, pero muy fresca, en este tipo de relatos de amores a tres bandas. Por lo general siempre es una pareja heterosexual que se ve tentada, casi siempre por otra mujer. El autor francés acentúa la idea de una organización sexual más orgánica y relacionada con el momento personal de cada uno. En este caso los protagonistas son una pareja de hombres que viajan desde Francia a un pueblo costero español para encontrarse con su pasado y con Cristina. Esta aparece tras una noche de pasión en la playa y se encuentran a la mañana siguiente como si fuera una ensoñación a Cristina, una amiga del pasado.

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La aparición de esta supone un acicate sexual para ambos, que va mucho más allá de la idea de orientación sexual y adentrándose en la idea de poliamor, centrado en el amor al individuo por encima de cualquier otra consideración Estos conviven en una casa abandonada con un chucho que sirve como mediador entre ese mundo que no sabemos si es onírico o real o no dejan de ser unas vacaciones. La fantasía o no, no solo se afianza con esa aparición si explicación. Sino en ese espacio que se mueve entre la imaginación y la realidad, una casa aislada por un cañizal y una baldosas que son el camino para llegar a esta.

Dame un beso confirma que el cambio de paradigma sexual de la nueva generación que consiste en abrir la idea de pareja a más de una y basado en vivir el momento. Sin embargo, los dos personajes protagonistas si están anclados a esa idea de relación a dos, pero mucho más basada en el dolor, en aprovechar el momento para echar en cara algo. El don Guillermo busca, y encuentra, la forma de articular un relato centrado en tres personajes, uno de ellos no sabemos si existente o no, que funciona como una fábula sobre las nuevas formas de abordar el amor, teniendo como punto de partida una relación más convencional basada en los tics propios de la pareja, pero con cierta idea de reconversión personal.

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Spain is Pain #364: los ochenta de otra manera

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Rompepistas (Rosa Codina, basado en la novela de Kiko Amat). La Cúpula, 2019. Rústica, 232 págs. Blanco y negro y color, 21,50€

Para los que nacimos a lo largo de la década de los setenta, recordar y reimaginar la década de los ochenta es casi una obligación, o más bien un derecho. Fueron años de crecimiento social en los que la diversidad social empezó a emerger y a consolidarse permitiendo que en los noventa hubiese una explosión cultural y social. Esta apología de los ochenta está abarcando todo tipo de ámbitos desde aquellos más comerciales y machacones que recuerdan el sistema educativo que cursamos, aquellos vídeos o memes que hacen una exaltación de ese periodo como mejor que el actual. Aunque también están aquellos textos que reflexionan sobre aquellos años que buscan explicarlos desde dentro, de cómo se generó la cultura adolescente desde dentro, sin ampararse en la cultura mainstream comercial. Como es el caso de Rompepistas, la novela de Kiko Amat.

Ese es el punto de partida de la adaptación que realiza Rosa Codina, un cómic en el que se respira esa cultura adolescente apartada de los focos de la televisión y que busca formas de expresión propias en un país que todavía respira cierta ranciedad. En el que los barrios de clase obrera todavía son una trampa que no dejan escapar a aquellos que nacen allí. Rompepistas es un chico de 17 años que vive en un pueblo que al igual que esos barrios deja de lado a aquellos que no cumplen la norma, es punk y su pandilla suelen ser los redskins del pueblo. Sus días pasan por ir a ensayar con su grupo punk compuesto por su colega Carnaval, su exnovia Clareana y el mismo, estar en los garitos con los amigos y hacer el destroy con alguna papelera y estatua. Es decir, una vida sin obligaciones, que no sin preocupaciones, pero sí de crecimiento personal en el que el protagonista debe de empezar a lidiar con las decisiones que toma dentro de la familia, las tropelías que hace con sus amigos o el hecho de haber dejado a Clareana de mala manera.

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Las tramas sobre las que se sustenta el argumento son tres, una menor, pero que sostiene la idea del futuro del personaje, que es la relación tormentosa de sus padres; el intentar recuperar a Clareana asumiendo su culpa y pidiendo perdón, y la que quizás de más fuerza al relato y lo estructura de forma más compacta, las rencillas entre las diferentes pandillas del pueblo. Eso nos lleva a otro punto dentro de este, la consolidación de las tribus urbanas basadas en el sustento y las diferencias culturales entre ellas.

Rosa Codina elabora un fresco muy interesante y con personalidad propia, eso sí, sin perder de vista el trabajo de Amat. Se trata de un equilibrio difícil cuando se trabaja con material ajeno con tanta personalidad como el de la novela. Como el libro va de recordar y añorar, ya sea de una manera u otra, a mí me ha parecido estar leyendo una de las muchas historietas publicadas en El Víbora. Este Rompepistas tiene ese sabor, a explicar las cosas de la calle, con un punto de narración en directo pero sin perder de vista que estar hablando del pasado. Muy recomendable para todos aquellos que recuerdan los ochenta de otra manera, o mejor dicho, a su manera.

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El sustrato de las sociedades posmodernas

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El sombra, el día del sacrificio (Edu Molina). GP Ediciones, 2019. Rústica, 144. Bicolor, 17,50 €

Casi todos los relatos que nos hablan de un futuro de pasado mañana nos describen sociedades caóticas, hipermodernas, en las que existe una amalgama cultural e ideológica que a pesar de todo más o menos conviven. Es decir, se muestra como una especie de hiperlibertad en la que todo el mundo tiene acceso a aquellos bienes de consumo que más deseen, de cualquier tipo. Trasladando cierta idea que desde el ámbito liberal que la libertad y la democracia se basa en la posibilidad de elección del tipo de cereales que podemos comprar. Una especie de círculo del infierno de Dante en forma hipermercado de los instintos.

Edu Molina plantea un espacio posmodernista que domina y transforma a los seres que en el habitan. Podemos encontrar desde el protagonista sacado del imaginario del relato negro, un detective de gabardina y sombrero adicto al jazz y a la drogas que forma parte de ese entramado social basado en las sospechas; le acompaña un chico, el sidekick perfecto, que a pesar de su corta edad tiene todos los recursos del mundo para sobrevivir en ese mundo salvaje; a través de este el relato está trufado de citas literarias que apuntillan cada uno de los momentos del tebeo, y que en cierta manera ayudan como separadores del relato. En un segundo plano, un luchador mexicano disidente que resulta ser la clave de todo, el anciano padre del presidente de esta dictadura ultraliberal y represora, revelando las políticas eugenésicas del gobierno; y un mariachi que ayudará a los protagonistas a dar a conocer lo corrupto del sistema ante toda la población.

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Esto último sucede, pero el sistema no cambia, las personas que habitan en este círculo del infierno deciden asumir lo injusto y cruel del sistema en el que viven. Da igual que en el futuro ellos sean víctimas de la injusticia o que todo sea mentira, simplemente lo aceptan. Una especie de dictadura del instinto que pone por delante la supervivencia a un sistema justo. En cuanto al aspecto narrativo Edu Molina hace gala de una forma de contar ágil, dinámica y fluida que conjuga a la perfección con un dibujo algo abocetado. El sombra, el día del sacrificio es uno de esos cómics que no debe de pasar desapercibido porque juega muy bien la baza de intercalar un cómic realmente entretenido con un subtexto implacable.

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Spain is Pain #363: nosotros somos el rumor

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No mires atrás (Anabel Colazo). La Cúpula, 2019. Rústica, 132 págs. Color, 16,50€

Miguel, el mago, El cristal imposible, Encuentros cercanos o No mires atrás tienen en común, no solo a la autora, sino la forma de abordar la narración. Cada obra de Anabel Colazo es una pequeña gran investigación sobre un tema concreto, en El cristal imposible se producía un debate entre la pragmática y la teoría a la hora de abordar un problema concreto, en Encuentro cercanos era el fenómeno ovni y las abducciones abordado con cierta distancia para poder narrar el tema con concreción y de manera plena. En No mires atrás, su último trabajo, despliega las mismas herramientas, pero de una forma más extensa, sobre el fenómeno de los creepypasta.

En esta ocasión Colazo despliega más elementos para abordar el fenómeno. Si al final del relato nos encontramos con un breve texto, bien documentado, sobre el fenómenos de los creepypasta, en el que se aborda no solo de manera explícita sino también analizando dicha práctica textual desde un punto reflexivo y cerrando el relato con una idea muy sencilla: el rumor somos nosotros. Somos los propios individuos los que autogeneramos las formas del miedo sobre nosotros mismos con cosas que no existen; de la misma manera que con estas intentamos imponer el miedo a otros. El creepypasta como fenómeno viral y de construcción coral no deja de ser como las antiguas leyendas urbanas que se contaban de boca en boca y a cada versión cada uno le añadía algo de cosecha propia, por lo que el fenómeno es mutable desde sus inicios. Pero la viralidad en la actualidad es textual, queda grabada, ya sea un comentario, una imagen, un vídeo, una imagen o un testimonio oral todo, y a partir de ahí empieza a construirse un relato que busca anidarse a la realidad como una variable más.

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No mires atrás utiliza creepypastas muy conocidos para hablarnos como la sociedad, fuera de las redes vive con estas narrativas. Para ello Anabel Colazo crea una serie de personajes muy reconocibles en el contexto social contemporáneo; empezando por Blanca, una mujer que busca tener la cabeza ocupada para no pensar en el pasado; su amiga Sam, que vuelve al pueblo para darse cuenta que ya no tiene interés en la pasión de su vida, la música; Eric, que quiere entrar en el conservatorio a pesar de su carencia de talento, y Cookiefire, una youtuber de videojuegos con un gran número de seguidores. En cierta manera son un grupo de personas que viven al margen de todo en un pequeño pueblo en el que aparece una chica muerta. Antes de encontrar el cadáver con su amiga Sam ha tenido una serie de visiones sobre un ser fantasmal que la vigila y la atormenta.

Aunque pueda parecer un aspecto vital de la narración, lo es pero quizás a un nivel interno, se puede decir que la chica ha sido asesinada por otras dos chicas de su edad que creían en el creepypasta Don´t Look Back y buscaban cierto favor del ser espectral. La reflexión es aún mayor cuando nos enfrentamos al nivel absorción de estas ficciones por parte de los usuarios de estas páginas como epítome de una sociedad que se mueve cada vez más en lo literal y que abandona cada vez de manera más radical la metáfora y la ironia. Anabel Colazo firma, otra vez, un gran trabajo en el que como siempre el subtexto adquiere una gran importancia, casi más que la narración pura y dura; y como no, yo nunca me canso de recomendar su trabajo, y este menos.

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