Spain is pain #302: Roco Vargas Strikes back.

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Roco Vargas, Júpiter (Daniel Torres) Norma Editorial, 2017. Cartoné, 80 pags. Color, 18€

Lo onírico suele ser un elemento narrativo descrito para diferenciar la realidad de aquello que construye el subconsciente por su lado, pero como una nota a pie de página. La utilización como recurso es una característica de aquellos relatos que transitan tanto por los escenarios de la realidad ficcional planteada como en la psique de los protagonistas. La idea de utilizar los sueños funciona como un medio para explicar aquello que no se puede contar con los existentes de la realidad, sirve a modo, cuando se utiliza mal, de Deus ex Machina cuando la narración principal cojea por algún lado y el narrador utiliza un punto de escape de un callejón sin salida.

En otras ocasiones en aquellos relatos que utilizan lo onírico dentro de un texto en el que los sueños forman parte del universo, para ello se deben de plantear las reglas de funcionamiento desde el principio. Definir el sueño y todo lo que sucede en el como una parte más del relato para hacer entender al lector que lo que sucede en la mente del protagonista durante esos momentos es tan relevante como aquello que sucede en la realidad ficcional. En Júpiter, la última aventura de Roco Vargas, Daniel Torres apuesta por situar lo que sucede en la mente del aventurero durante un coma de dos meses será relevante y vital para el desarrollo de esta aventura.

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La ciencia ficción que se desarrolla en las aventuras de Roco Vargas se destila cierto gusto por los textos clásicos del género siendo a veces comparado como una versión actualizada del Flash Gordon de Alex Raymond en el que desaparecen ciertos referentes del mundo real para elaborar un universo que se valga por sí mismo. En Júpiter a parte de seguir con la narrativa el anterior álbum, se deshace la idea de resetear al personajes tras cada entrega, aportando una linealidad que se recoge como parte de un relato global que no olvida a los clásicos de Torres con este personaje como es el caso de La estrella lejana, que ya supuso en su momento un punto y aparte, un pequeño cierre.

Júpiter funciona a modo de fin de ciclo con un perfil estético completamente diferente al resto de aventuras basándose en el sueño inicial de Vargas, este delimitará el espacio narrativo del resto del álbum. Con una escena inicial que debemos de clasificar de obra maestra el autor da continuidad a La balada de Dry Martini unificando el universo con un espacio dominado por el verde, no solo en los colores sino también en la temática. El resto consiste en dejarse llevar viñeta a viñeta para ver cómo se desarrollan el resto de páginas. Sorprendentemente el volumen presenta un equilibrio que respeta tanto aquellos lectores asiduos a las aventuras de estos personajes como de aquellos que por primera vez descubren a Roco Vargas, un personaje lo suficientemente consolidado como para poder gustar a todo tipo de lectores a través de un relato clásico pero con un punto de vanguardia visual capaz de maravillar a cualquiera.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is Pain #301: Medievo (VVAA)

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Medievo (VVAA). Termita Press, 2017. Rústica, 104 págs. B/N, 10 €

Los volúmenes colectivos suelen tener como principal inconveniente la falta de definición temática, la variedad de estilos de dibujo y gran disparidad en la forma de narrar. Por otro lado se suele pensar que este tipo de títulos suelen funcionar a nivel comercial ya que el atractivo del autor principal se disipa con autores que o no son tan conocidos o no predican con los estilemas del volumen. Evidentemente no estamos hablando ni de revistas ni fanzines que son, sobre todo estos últimos, la base del comic colectivo por esencia y cuya misión consiste en mostrar diferentes vertientes de la historieta de una manera más o menos seriada.

En cierta manera la solución pasa por una unidad temática, estilística y de concepto, pero no por homogeneizar ni forma ni fondo, porque en estos casos el tono es necesario para que cada uno de los autores puedan mostrar los valores de su trabajo. Eso es lo que sucede con Medievo un volumen colectivo que gira en torno a ese periodo histórico desde diferentes vertientes, desde ficcionalizaciones que juegan con el concepto que todos tenemos sobre ese momento tan oscuro de la historia de la humanidad se juega con el desapego hacia la vida y con el poco valor de la misma.

Entre los diferentes capítulo también podemos encontrar algunos relatos que buscan indagar sobre algunos personajes reales como Trótula de Salermo, una de las primeras doctoras de las historia, a cargo de Marina Vidal; Juana García de Arintero, escrito en castellano antiguo de la mano de Javi de Castro o Simeón por Miquel Muerto. O jugar con algunos de los topos habituales relacionados con la Edad Media, como la alquimia, la brujería o las disputas entre diferentes señores medievales.

Este volumen escrito  y dibujado por Anabel Colazo, Cristina Serrat, Fran Collado, Ferro, Javi de Castro, Manel Vílchez, Marina Vidal y Miquel Muerto, con Borja González como dibujante del ex libris, es un ejemplo de un buen volumen colectivo en el que no hay ningún autor puesto por rellenar y el que todos aportan una visión de ese periodo. Aun es más difícil encontrar cierta unidad visual en la que cada uno de los creadores con su propio estilo no desentona con el resto. Resumiendo, Medievo  es un título que se aleja de los inconvenientes mencionados al principio del post y que además es entretenido y divertido.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

El cuarto mundo Vol. 1 (Jack Kirby).

 

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El cuarto mundo Vol. 1 (Jack Kirby). Ecc, 2017. Cartoné, 400 págs. Color, 35 €

Kirby es posiblemente, y sin el posiblemente, el autor más relevante que ha dado la industria mainstream del cómic. Es una afirmación que nadie o casi nadie podrá rebatir, por algo recibe el apelativo de El Rey. Este autor ha tocado todos los géneros narrativos desde el romántico al de aventuras pasando, por supuesto, por el de superhéroes. Siendo en este último en el que el nivel de experimentación dentro del canon narrativo ha sido mayor. Un ejemplo de esto es El cuarto mundo, un universo narrativo que Kirby recrea dentro del universo de DC sentando las bases para un nuevo evangelio superheroico basado en la eterna lucha entre bien y mal en este caso encarnada en los personajes de Highfather y Darkseid.

Esta apuesta necesitaba de una extensión mayor de lo que estaban acostumbrados tanto editores, autores y lectores. Aunque quizás sean estos últimos los que más agradecieran un relato concatenado a través de diferentes colecciones. La apuesta de DC y Kirby apuntaba a unos desarrollos de personajes y tramas, tanto horizontales como verticales, mucho más amplias, que diesen lugar a la creación de un universo coherente en el que existiese cierta organización espacial de lo explicado. Para ello se crea una trama transversal que recorre colecciones como Jimmy Olsen, el amigo de Superman, Los Nuevos Dioses, Los Jóvenes Eternos y Mr. Milagro lo cual marca cierto paradigma a la hora de presentar nuevos personajes, casi uno por entrega del relato.

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El vínculo con el resto del universo DC parte de una colección que evidentemente no fue un éxito de ventas, era hija de la explotación de productos relacionados con Superman: Jimmy Olsen, el amigo de Superman. Aquí se plantea un punto de partida, Kirby siembra  de existentes esta colección para utilizarla en favor de la historia que nos va a explicar a posteriori, tales como: Morgan Edge, la Zona salvaje, la Zoompista o el Boom tubo entre otros. Es decir, utiliza esta colección para proporcionar un marco que abra la gran narrativa que es El cuarto mundo. Se trata de una maniobra impecable, incluso a nivel mercadotécnico, en la que tres números de dicha colección suponen una apertura que parece que nos va a contar lo mismo de siempre, pero que guarda una sorpresa en su interior. Para ello se sirve de un Superman con cierto protagonismo, pero con cierto carácter instrumental. En este caso interpretando el papel de ayudante, tanto de Jimmy Olsen como de la Legión de repartidores.

Todo eso nos lleva al planteamiento que Kirby hace del universo  que desarrollará a partir de unas narrativas más bien convencionales. La idea es generar un nuevo mundo sin olvidar el viejo, o más bien solaparlo sobre uno ficcional en vías de consolidación. Kirby tenía muy claro que lo principal era contar una historia que no fuese precisamente esclava de una cronología del relato, sino que este diese de si todo lo que pudiese en función de un mitoarco argumental en el que los nuevos personajes fuesen moldeando el global del planteamiento narrativo. Para ello la introducción de nuevos personajes, casi en cada número, hace incrementar el impacto que recibe el lector ante una propuesta cambiante en cada número.

Solo cabe recordar que estamos ante un universo planteado a principios de la década de los 70 cuando DC pretendía dar un golpe en la mesa con el fichaje de Jack Kirby. Si bien en un principio esta nueva forma de plantear la estructura narrativa del ámbito de los superhéroes no caló mucho hemos podido ver como en la actualidad es una de las pautas a seguir y El cuarto mundo un referente imprescindible. La diferencia es que ahora este tipo de relatos compartido en diferentes colecciones son más esclavos de una cronología que generada en función de intereses mercadotécnicos. Pero Kirby es más que eso, no podemos olvidar las soluciones gráficas que proporcionas las splash pages la composición de viñeta y de página, a veces con solo pasar las páginas y ver las soluciones adoptadas por el Rey ya nos vale.

@Mr_Miquelpg

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Spain is Pain #300: paranormal-buddy-monster-road comic.

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Sicarios 1-3 (Roberto Corroto y Ertito Montana). Zona 00 cómics. Grapa, 32 págs c/u. Color, 3,50 c/u.

En los relatos de género el espacio juega un papel muy importante, diría que vital, tanto que en muchos casos los escenarios y las localizaciones empleadas, más que convertirse, son un protagonista más, o al menos deberían serlo. Esto sucede cuando el escenario lo llena todo, o más bien inunda no silo visualmente sino también conceptualmente. Eso sucede incluso con los no-lugares, espacios de transito de los cuales no se puede establecer una conexión psicológica directa con el personaje, ni este se puede reflejar a ese nivel con dicho espacio y que tampoco poseen un tiempo determinado, o las marcas del mismo son tan pocas que son irrelevantes.

Pero los no-lugares se puede reescribir a través de una redefinición del espacio que hacen los propios personajes. Esto puede suceder cuando los protagonistas y los secundarios que lo pueblan rompen la hegemonía del espacio, y se apoderan de él dando un significado concreto a este. Solo así se puede convertir una localización en un actante en un elemento narrativo cargado de significados. Esto suele suceder con personajes que se supone que llevan habitando un espacio concreto, con el tiempo le aporta capas de textura de intrahistorias tanto individuales como comunales.

La puesta en escena de Sicarios bebe directamente de esa idea el desarrollo de unos personajes a través del espacio y viceversa. Uno de los riesgos que tiene poner una zona desértica como localización es que esta pueda absorber por completo el relato y dejar a los personajes a la merced de lo que el escenario le pida. Dicho de otro modo, los autores han conseguido que el escenario tenga un carácter tan protagónico como Phil y Riot. Ambos son los conductores por un escenario árido lleno de sorpresas y ellos serán los encargados de hacernos conocer ese espacio.

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Sicarios nos cuenta la historia de dos personajes que como punto de partida se dedican a “solucionar” problemas de aquellos que los reclaman, pero ya en la primera aventura Olmito, vemos como las cosas se desvían cuando intentan liquidar a un maltratador se revela la verdadera identidad de Phil y Riot. Estos no son personas normales tienen una serie de poderes que al parecer atraen todo tipo de monstruos abisales en mitad del desierto rural estadounidense. Todo en un escenario que poco a poco va revelando su importancia en el relato, hasta el punto de dudar quien acompaña a quien.

Roberto Corroto y Ertito Montana apuestan en Sicarios por un paranormal-buddy-monster-road cómic con unos personajes muy bien definidos y que tienen como pauta narrativa principal el crecimiento de los mismos entrega a entrega. Algo que también sucede con los escenarios que poco a poco se construyen en nuestro imaginario complementando las ideas previas sobre el mismo. Eso nos hace pensar en un crecimiento no solo del universo planteado ya que es el tipo de ficción que enamora entrega a entrega y aventura a aventura.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Invasión planetaria evitada por un estudiante de secundaria


Amazing Fantasy (Stan Lee, Steve Ditko, Jack Kirby, Don Heck y Paul Reinman). Panini Comics, 2016. Cartoné. 416 págs. Color. 39,95 €

La gente no lo suele saber, algo lógico si tenemos en cuenta que es un dato que puede extrañar un poco al consumidor medio, pero cuando más cómics se vendían, los superhéroes casi habían desaparecido de las estanterías de ventas, que solían encontrarse en farmacias y tiendas de desavío. El pico de ventas de superhéroes se alcanzó durante la II Guerra Mundial, cuando la gente disfrutaba de sus héroes, clásicos ahora, dándoles jarabe de palo a las malvadas fuerzas del eje. Pero con los primeros años de la Guerra Fría los lectores, principalmente los hijos del baby boom, se cansaron un poco de los superhéroes y se pasaron a otros géneros como el terror, el rey indiscutible de la década de los cincuenta, y la ciencia-ficción, hasta los cómics de vaqueros o las historias bélicas más o menos realistas vendían más que los tíos en mallas pegando saltos y lanzando rayos.

A día de hoy puede parecernos algo alocado, pero había años que Stan Lee sacaba más pasta escribiendo cómics de chicas aspirantes a secretaria, tratando de copiar el modelo de Archie, que gracias a los superhéroes, si es que aún quedaba alguna colección que se publicara. Todo hasta Comic Code Authority, que todos más o menos conocemos o si no te invito a que investigues un poco y veas como un sólo hombre con la mirada sucia acabó con EC, la mejor editorial de cómics de todos los tiempos. La cosa en resumen era que los cómics se consumían como si no hubiera mañana y de repente el buque insignia había sido destrozado por la liga de madres beatas, con lo que DC y Marvel corrieron a llenar el hueco, huyendo un poco del terror más descarnado y refugiándose en la ciencia-ficción, mezcla muchas veces de la aventura de folletín y la fábula con moraleja más que obvia. Así nacieron cabeceras como Amazing Fantasy, un oasis de creatividad, diversión y defensa del american way of life.

Realmente la colección tuvo tres nombres durante sus 15 números de vida, Amazing Adventures hasta el número 6, Amazing Adult Fantasy del 7 al 14, y Amazing Fantasy durante su último número. El propio Stan Lee se encargó en persona, o al menos firmó sólo él, de los guiones de todos los números, mientras que en los lápices encontramos a gente como Steve Ditko, Jack Kirby Don Heck y Paul Reinman hasta el número 6, para posteriormente encargarse en solitario Steve Ditko de todo el arte hasta el final de la colección. Así que si hablamos sólo de dibujo, tenemos a varios grandes trabajando en Amazing Fantasy, con el trabajo exclusivo, y maravilloso, de Ditko durante 9 números que nos permiten disfrutar de una representación tan pop e histriónica de invasiones alienígenas, desastres nucleares y peligro rojo, tan pegadas a la época y al mismo tiempo tan disfrutables, que no tenemos en ningún momento la sensación de estar realizando un ejercicio de estudio histórico, porque el dibujo es tremendamente bueno, si quieres puedes hacer la prueba de ver el dibujo como algo atrapado en el tiempo, pero yo me veo incapaz de ver como algo caduco estas líneas y colores, no son un ánfora romana tras una vitrina al lado de otras doscientas, es el puñal con el que Marco Junio Bruto asestó el golpe final a Cayo Julio César.

Aunque Amazing Fantasy no se disfruta sólo por el gran trabajo artístico, ya que no podemos dejar de lado los guiones de Stan Lee, los cuales sin duda hay que entenderlos como una producción en serie donde abundan más las ideas en bruto que las narraciones refinadas y pulidas. Pero para ser sinceros, esta fuerza bruta en los guiones de Amazing Fantasy están lejos de ser un problema, ya que pegan totalmente con la fórmula de la colección, mostrándonos escopetazos tras escopetazos de puro genio. Sin dejar en ningún momento el espectro de la ciencia-ficción de su época, con sus monstruos gigantes y robots con sentimientos, Stan Lee crea un corpus casi filosófico donde defiende tanto la paz mundial como el estilo de vida americano, es curioso que pocas veces se habla de los rusos como un enemigo a derrotar, siendo más las veces en las que se los presenta como un elemento necesario para acabar con un peligro exterior que atañe a toda la humanidad.

Así que cualquiera que quiera disfrutar de un dibujo pop más allá de los eternos ochenta, y de unas historias que te hacen disfrutar como un niño de ocho años pero dejándote un poso de reflexión, Amazing Fantasy es tu tomo recopilatorio, historia tan petrificada como viva de los cómics occidentales que recogen el pulso de una época como pueden hacerlo las novelas de Stephen King o el cine de John Carpenter. Además, en el último número puedes leer la primera historia de Spiderman, cuando los superhéroes tenían que colarse entre alienígenas y fantasmas.

@bartofg
@lectorbicefalo

Tan normal que ofende


Ordinary (Rob Williams y D’Israeli). Grafito Editorial, 2017. Rústica. 104 págs. Color. 16 €

Hay algo que todos debemos de tener más o menos claro, algo que no acepta ningún tipo de discusión, los superhéroes ni existen ni se les espera. A día de hoy la ciencia, sobre todo la que trabaja en el terreno militar, ha creado exoesqueletos con los que un soldado puede cargar con media tonelada mientras lanza granadas desde su espalda, pero no es muy probable que de aquí a poco alguien consiga hacerse invisible o volar sin ayuda técnica. Y en el caso de que estos dotados existieran no es que optaran demasiado por robar bancos o salvar el día, más bien les veríamos en algún reality o en su propio canal de YouTube. Al fin y al cabo no serían más que personas extraordinarias altamente valoradas por las empresas de relaciones públicas.

Así que está bien jugar con los superhéroes y los superpoderes para hablar de otras cosas. Los ejercicios de héroes realistas pueden ser muy interesantes, con algunos ejemplos más que notables, pero al final la inmensa mayoría terminan convirtiéndose en relatos de psicópatas cuya excusa moral es que se entrenan mucho y sus víctimas se limitan al hampa y otros criminales. Lo divertido al final es convertir al superhéroe en una metáfora más dentro del gran juego de la ciencia-ficción a la hora de hablar de nosotros y de ahora. Como bien ocurre en el cómic Ordinary de Rob Williams y D’Israeli, la enésima historia de un tío sin superpoderes en un universo donde hasta la abuela de tu amigo de desviación curricular es capaz de doblar vigas de acero como si fueran bloques de plastilina.

Ordinary comienza como tantas otras historias con una pandemia global que provoca las más diversas mutaciones en todos los seres humanos. Lo curioso es que la parte médica está escrita de una forma más o menos coherente por Rob Williams, lo que le da una base de realismo bastante interesante, pero cuando se trata de ver los diversos superpoderes con los que cuenta cada mutado, la imaginación de Rob Williams se dispara, dándonos las mutaciones más variadas posibles, desde un clásico hombre metálico hasta un reportero cuya cabeza ha sido suplantada por una cámara de televisión. Así tenemos desde los poderes más clásicos hasta las metáforas visuales más imaginativas, algo que sin duda agradecen los lápices de D’Israeli, que se permiten jugar enormemente, plantándonos desde referencias a la cultura popular hasta caprichos personales que llenan cada página de dinamismo y sensación de maravilla.

Pero no nos confundamos, Ordinary no es una historia de “cómo mola, todos somos superhéroes”, más bien nos encontramos con un relato de “todo el mundo es potencialmente un arma de destrucción masiva”, así que las muertes y las desgracias se cuentan por millares. Y en medio de todo tenemos a Michael Fisher, un fracasado en el más amplio sentido de la palabra, uno de esos personajes que hay que ser valiente para escribir, pues no hay absolutamente nada que le salve, obligando al lector a empatizar con el personaje por lo que le pasa, pero jamás por sus actos. Michael Fisher no es un hombre con mala suerte, es un cobarde vago experto en arruinarse la vida por mera cutrez, no tiene las excusas de la mala suerte o la estupidez, ni siquiera es malvado, simplemente es un mezquino que nadie quería como familia política. Un idiota que encima, en mitad del evento más extraño y fantástico de la historia humana, se queda sin poderes.

Como es lógico, la historia ni se queda ahí, Rob Williams crea dos tramas condenadas a encontrarse, por un lado, Michael Fisher recorre media Nueva York en busca de su hijo, más obligado por quienes le rodean que por un sincero amor paternal; mientras que al mismo tiempo, una científica trata de descubrir que ha sucedido para revertirlo, más que nada para evitar el fin del mundo. Como es lógico, la solución de todo se encuentra en el único infeliz que no ha obtenido poderes. De este modo tenemos una más que entretenida trama de aventuras, llena de acción y peripecias, con un protagonista héroe para su desgracia, mientras el mundo colapsa ante las entidades todopoderosas que hace unas horas repartían el correo o dormitaban ante la televisión. Ordinary es el cómic que más o menos tienes en la mente sin habértelo leído, pero con el fantástico dibujo de D’Israeli y un guión que va mucho más allá de lo que crees, con un protagonista atípico al límite de lo tolerable viviendo la aventura de su vida, para su desgracia y para nuestro enorme disfrute.

@bartofg
@lectorbicefalo

Spain is pain #299: sociología del rock

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Heavy. Los chicos están mal (Miguel B. Núñez). Sapristi, 2017. Rústica, 184 págs. Color, 17,90€

Entre tanto revival descafeinado de los años ochenta uno tiene muchas veces dudas si algunas de las personas que escriben sobre estos temas vivieron en la misma década que yo. Los ochenta fueron lo que fueron, nos pillaron desprevenidos a todos incluso a los más niños. Todo era nuevo y todo estaba por inventar, pero nos entreteníamos con lo que teníamos y ya está. Me pregunto si muchos de los que no vivieron en ese periodo y sienten esta nostalgia artificial mediada por las ficciones contemporáneas soportarían vivir como vivíamos y como nos entreteníamos entonces.

Posiblemente la clave para entender correctamente una época relativamente cercana y recientemente distorsionada es la nostalgia. Pero no una artificiosa creada para entretener sino una narrada desde dentro. Esta tiene que pasar por el filtro de la microhistoria, para los adolescentes los grandes hitos históricos no son macro son micro: un concierto, una pelea, una película, una fiesta, etc. porque es cuando tenemos esos años que revelamos nuestro autentico ser vivimos para complacernos y para probar cosas nuevas, y de camino vamos comprobando como vamos gestionando las situaciones más peliagudas. Aquí entra en juego otro factor: la amistad. Esta que se genera a través del aburrimiento cuando no sabes que hacer y encuentras a personas en la misma situación. Son en esos años en los que posiblemente se construyen las amistades imperecederas y las que van a quedar en el recuerdo.

En Heavy. Los chicos están mal, continuación de Heavy 1986, Miguel B. Núñez le da más profundidad a estos conceptos integrando mucho más en la narrativa la cultura del heavy de los ochenta en la vida de los personajes dándole un valor intrínseco al relato. Aquí no cabe una nostalgia artificiosa sino una real de lo vivido y lo añorado con el tiempo, o lo que visto con distancia posiblemente fuese más trivial de lo que parecía en aquel momento. En esta continuación seguimos con el mismo grupo de amigos: Pepe, Adela, Suso, Marta, Richi, el Judas, etc. con ellos navegamos en algo que va mucho más allá de la idea trasnochada y vulgar de la tribu urbana vinculada a una serie de ritos violentos, es más el autor insiste a lo largo del volumen que eso era algo marginal y que no atañía a todas las tribus basadas en un origen musical.

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Con esta aproximación narrativa, que deja de lado el retro reconstruido, podemos observar como la música se convierte en un nexo capaz de crear amistades que superan todo tipo de fronteras. Las tribus urbanas de los ochenta se construían bajo una serie de parámetros muy concretos entre los cuales los pilares eran la música y la vestimenta. Ahí en ese punto el autor encuentra uno de los aciertos de este libro, el hacer una sociología del rock en la España de los ochenta, yendo mucho más allá de lo que podíamos encontrar en el primer volumen. Esta elaboración casi importada del ámbito anglosajón pero no ajena a la cultura de la dictadura tan solo recordar los incidentes causados por los Teddy Boys patrios o el primer concierto de Bill Halley en España, sin olvidarnos de las fans de Raphael y su poder de convocatoria. En Heavy. Los chicos están mal incide en la importancia que tuvo para esa juventud la militancia musical y estilística.

Miguel B. Nuñez ha apuntado mucho más alto en esta entrega que en la anterior, posiblemente porque los personajes están mucho más rodados, principalmente en la confluencia del relato personal con el de una cronología de la cultura popular del momento. Creo que es así como se gestiona la nostalgia, o al menos como debería hacerse. El autor nos habla de su experiencia personal, sus mutaciones, sus recomendaciones y de quienes fueron y son su ídolos; y todos sabemos la importancia de tener alguien a quien admirar con esas edades. Así pues si os gusto Heavy 1986 este os encantará, si el primero os dejó fríos este segundo os hará recuperar la esperanza sobre cómo se deberían narrar los ochenta, una década que nos pilla muy lejos pero que vivimos intensamente.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo