Spain is pain #340: el noir de finales de los noventa

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Camaleón (Carlos García “Perro”). La Cúpula, 2018. Rústica, 100 págs. B/N, 13,50 €

El Víbora de finales de los noventa y principios del siglo XXI sigue pasando un tanto desapercibida, sobre todo con respecto a los gloriosos orígenes de la película. Sin embargo, la labor de los editores, que seguían trayendo nuevos autores internacionales y descubriendo ya afianzando a los nuevos valores nacionales. Pero el declive de la revista de cómics, que tan gloriosas fueron durante los ochenta, ya estaba ahí y la influencia de las mismas iba perdiendo fuelle frente al manga como un fenómeno que empezaba a consolidarse y el cómic de superhéroes que empezaba a revitalizar el interés de los lectores.

Por eso sigue siendo necesario hablar de ese periodo y reivindicar las obras publicadas en esos años. Una de estas es Camaleón de Carlos García “Perro” que comparte algunos rasgos con ese underground inicial con el que se funda la revista. En primer lugar, la proximidad de los escenarios del relato; Barcelona sigue siendo una fuente de inspiración para ambientar relatos de género, lo mismo puede ser una ciudad inundada por la luz que plagada de una oscuridad emocional. Y en segundo lugar, sigue investigando en la geografía humana de la sociedad de los bajos fondos; drogas, muertes, sexo, prostitución y degradación moral presiden los bajos fondos, la diferencia con los primeros autores del víbora es el tono. Si en aquellos momentos nos encontramos con todo eso envuelto de un entorno lúdico vinculado a las recientes libertades adquiridas, en Camaleón todo tiene un regusto mucho más oscuro y una desazón interior que hace que el personaje admita la corrupción del sistema y de sus propias acciones sin una pizca de remordimientos.

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Aunque comparta muchos aspectos con ese cómic de antaño la obra de Carlos García “Perro” es por encima de todo una obra de género negro que maneja a la perfección los rasgos de esta manera de contar. Femme fatales esporádicas que capitalizan algunos de las páginas, muertes por resolver que finalmente tienen una resolución más fácil de lo que parece, un grupo de secundarios que rodean al personaje principal dotados de una gran profundad a partir de unos parámetros muy sencillos y un personaje principal que nos sirve a modo de guía en un safari turístico para introducirnos en lo más oscuro de una Ciudad Condal tocada de muerte y alejada de la euforia de los Juegos Olimpicos sufriendo a su manera la crisis de final de milenio.

En ese sentido nos encontramos con una obra brutal como síntoma de la dejadez de los seres humanos tanto por sí mismo como por aquellos que les rodean, la ley de la selva como una forma de supervivencia en un medio urbano. En Camaleón también nos encontramos con algunas resonancias a Alack Sinner de José Muñoz y Carlos Sampayo o Sin City de Frank Miller, tanto en esa mostración sin ningún tipo de parapetos de la violencia, como por la forma de hablar de lo social, así como el mostrar cierto gusto por experimentar con el dibujo. El autor burgalés rechaza la plasmación de la realidad a nivel fotográfico, consigue trasmitir esa suciedad moral con un trazo grueso y desigual en unos personajes que tienen más de lo que arrepentirse, que no lo hacen, que mostrar con orgullo. Camaleón es un título de necesaria revisión, no debemos considerarla como otra obra más de la producción nacional de El Víbora sino como una obra con entidad propia a la que el tiempo no le ha pasado factura, sigue siendo igual de fresca que hace dos décadas y de necesaria revisión.

@Mr_Miquelpg

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Once upon a time in Vietnam

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Holy Dragon Imperator (Nguyen My Anh, Nguyen Thanh Phong y Nguyen Khanh Duong). Dibbuks y Amok Ediciones, 2018. Rústica, 160 págs. B/N, 16 €

Esta más o menos claro que el cómic se ha convertido en los últimos años en un gran vehículo para hablar de la historia de los pueblos, no solo por la capacidad de sintetizar que necesita sino porque la vertiente visual del medio nos permite sumergirnos en las estéticas de los diferentes países. A diferencia del cine, que se vale más del icono estereotipado que pueda ser reconocido por todos los públicos, el comic permite profundizar mucho más en estos aspectos. Otro factor que ha favorecido a este medio sobre otros es la llegada a las librerías de multitud de obras de diferentes culturas que nos permiten adentrarnos en su idiosincrasia, por su lado el cine o la televisión son mucho más reticentes a programar obras ajenas al ámbito eurocéntrico.

Si bien el lector español ha podido adquirir y leer obras de casi todo oriente van quedando algunos países que empezamos a descubrir cómo Vietnam. Creo que no hay mejor obra para empezar este recorrido por una nación que en nuestro imaginario está lleno solo de guerra y colonización. Nuestras ficciones es lo que tienen, solo cuentan como importante aquello que protagonizamos nosotros convirtiendo el resto en algo anejo. Holy Dragon Imperator tiene dos factores para valorar su importancia, el primero es Phong, el dibujante, el más importante del país y el que más reconocimientos ha tenido fuera de su país. Es importante que la primera toma de contacto con los cómics vietnamitas se haga con un autor de este tipo, mostrándonos lo mejor y no con alguien que haya tenido un éxito puntual. El segundo factor es el tema de la obra, en este caso la vertiente histórica conectando dos periodos de su historia, presente y pasado.

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El nexo de unión es una niña que sostiene una leyenda griega por la que un tipo determinado de niños almacena en su memoria la historia de todo lo que ha vivido esa comunidad a lo largo de su evolución. La niña protagonista se convierte en el nexo de unión entre el presente y 1279. Por un lado la Vietnam moderna que aúna lo rural y más tradicional y lo urbanita como una especie de occidentalización adaptada que tiene en los centros comerciales su mayor imagen de representación. Una señora mayor que parece lleva buscando desde hace tiempo encuentra a la niña y a su madre, esta desea explorar ciertos momentos de la historia de Vietnam. Concretamente el momento en el que los mongoles intentaban inventar el país. Por medio, o mejor dicho, para narrar ese momento utilizan el secuestro de la hija de un jefe de distrito que está a punto de casarse. Esto despliega una serie de narrativas entorno a las forma de vida de ese momento, la vida en el campo, en la ciudad, cuestiones políticas y de clase social.

Holy Dragon Imperator es un cómic notable que utiliza lo histórico desde la ficción de manera muy amena, nada de recargar datos para comprenderlo todo, como suele suceder las tramas son universales, aunque el contexto no lo sea. En cuanto al dibujo nos encontramos con la evidente influencia el manga, que ha marcado la estética de gran parte de los tebeos de extremo oriente, pero con una identidad propia. Este es el primero de 5 volúmenes, en esta entrega se marca un ritmo moderado de narración que ayuda a profundizar en la lectura y en acostumbrarse a los estereotipos locales. En definitiva, es una obra para aquellos que disfruten tanto explorando nuevas fronteras geográficas del cómic como para aquellos que tengan interés en la historia de países de extremo oriente, pero sobre todo para descubrir una forma de contar y a un gran autor.

@Mr_Miquelpg

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Spain is Pain #339: Una cierta sensación de derrota

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Linea editorial (Arnau Sanz). AIA Editorial, 2018. Rustica, 128 págs. Color, 18 €

Allá por 2012 la ya extinta Edicions de Ponent publicaba Genio y Figura de José Tomás una obra que buscaba hacer una crítica directa más que al sistema editorial del cómic español a lo mediático que lo rodeaba. El tono de esta obra es el característico del autor valenciano, socarrón, pero tirando a dar; para ello utiliza el estilo gráfico de Juanjo Sáez, uno de los autores consagrados a principios de década y habitual de los medios de comunicación y prensa dedicada al ámbito cultural. Por lo general no nos encontramos obras que buscan indagar, ya no tanto en los entresijos editoriales, si no en las miserias que lo rodean de una industria cultural, que como casi todas en España, tienen que hacer equilibrios para seguir ejerciendo.

Decía que existen pocas obras que traten estos temas desde un punto de vista crítico. Linea editorial de Arnau Sanz, uno de los autores más notables de esta generación, pero que por desgracia no ha tenido el reconocimiento que debe; busca narrar la desesperación del autor frente a una industria que se mueve entre la producción el gran público y aquella que busca innovar ya sea por la manera de profundizar en el contenido a través de la forma y darle más importancia al contenedor, el formato por encima de la obra en cuestión. Frente a todo esto están todos aquellos creadores que deciden tener una línea creativa personal y que las editoriales no les hacen caso, pero que tampoco se sienten llamados por esa forma de publicar que busca un tipo de lector casual.

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De camino Sanz carga contra todo lo que le rodea, las ferias protagonizadas siempre por las mismas personas, la hipocresía de la publicación en risografía y la repercusión que tienen estas obras; centrándose más en esa forma de impresión que lo explicado en dichas páginas, premios, becas, etc. En definitiva, el poder vivir de su trabajo como creadores de tebeos, algo que se presagia como imposible para esta generación que está desarrollando su labor a base de autopublicarse, trabajar con editoriales pequeñas con tiradas cortísimas o directamente en el ámbito digital. Y este último que parecía haber supuesto una tabla de salvación para todos ellos tampoco ha acabado siendo un buen método para rentabilizar su trabajo, no se vive ni de likes ni retuits; a eso hay que sumarle a aquellos que piratean sus contenidos y los monetizan en beneficio propio.

Lur, la protagonista de Línea editorial, sirve para profundizar en esa derrota diaria que supone vivir en nuestros tiempos en el que parece que todo el mundo se dedica al ámbito de la creación con éxito. Ella sobrevive en esto del cómic más que de resultados que de ilusión, se imagina concediendo entrevistas y recibiendo premios. Pero la realidad la aplasta, la mantiene su pareja y su familia. Al final sucumbe al viejo y traicionero sistema capitalista, asumido por ella con una cierta sensación de derrota, trabaja de teleoperadora en un espacio de esos que parecen los panales de la abeja obrera. Arnau Sanz abandona esta vez el relato autobiográfico, a pesar que se le ve respirar ahí en los comentarios sobre mundillo.

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La obra de Lur, que aparece de manera fragmentada a lo largo de su odisea personal, recuerda en el tratamiento de la imagen a sus primeras obras, para el resto sigue con esa idea de un color que lo inunda todo, a pesar de que su trabajo no es precisamente optimista. El autor catalán sigue mostrando un compromiso muy fuerte a la hora de hablar de temas que le atañen personalmente y con un discurso visual, personal y muy consolidado y con unos rasgos que lo definen como único dentro del panorama nacional. Línea editorial es otra gran oportunidad conocer a un autor más que interesante, que además, como siempre, habla desde las entrañas, esta vez no tanto de la tan cacareada burbuja del nuevo cómic español sino de las (falsas) esperanzas que se esconden detrás de esta.

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Spain is Pain #338: lo vital de la puesta en escena.

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Cenit (María Medem). Apa-Apa Cómics, 2018. Cartoné, 120 págs. Color, 19 €

En el cómic más o menos comercial la puesta en escena, que no los escenarios, es algo que se suele dejar de lado en favor de una descripción de escenarios que buscan por un lado ubicar a los personajes a nivel físico, proxémico, a través de las relaciones que estos van a establecer con su entorno, simbólico, mediante el uso de la esterotipia más común o bajo un simbolismo que busca crear capas de significado más allá de los significados más evidentes a nivel narrativo. Pocas veces se dispone el escenario a modo de puesta en escena en el que los personajes establecerán una relación entre ellos a través de los objetos.

En estos casos, en el que los seres tienen que llenar dicho escenario dispuesto para ellos, debe de ser minimalista, no en un sentido de sobriedad sino en uno en el que los personajes le den significado a todo lo que le rodea. En Cenit María Medem opta por esa idea minimal con un concepto estético basada en un eje de narración izquierda/derecha. Dicha propuesta pasa por crear un espacio visual reconocible e identificable desde el primer momento: una gran mesa central en la que se reúnen los dos personajes protagonistas para comer cada uno en su lado, y dos casas cada una a una al lado de la mesa. Esta se convierte no solo en el único nexo que les une sino en una especie de frontera que no deben de traspasar, después de cada comida cada uno se da media vuelta y se vuelve para su casa.

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Los dos personajes tienen una relación en apariencia superficial, pero que quizás sea más estrecha a nivel psicológico, uniéndoles la dificultad que tienen cuando llega la hora de dormir. Insomnio, sueños profundos y continuados y posible sonambulismo de cada uno de ellos son algunos de los problemas con el que se enfrentan a ellos mismos, y que posiblemente haga que esta relación sea tan profunda. Ambos se dedican a hacer cerámica y a trabajar con cristal, pero uno de ellos, tras trabajar toda la noche, cuando se levanta se encuentra toda su obra rota y esparcida por los suelos. Hay empezará a indagar a través de lo que recuerda de sus sueños para saber si es el mismo que deshace del resultado de su esfuerzo.

Como en todo este tipo de trabajos lo que se cuenta es tan importante que el cómo se cuenta. Pero hablando de la cuestión estética el trabajo de María Medem es subyugador, desde esa idea de una puesta en escena rotunda y profunda nos encontramos con una planificación de viñetas realmente atrevidas e interesantes. Desde una taxonomía de planos más o menos habituales a la inclusión de planos subjetivos que ayudan a entender la distancia entre personajes, los planos cenitales y una querencia por enmarcar dentro de la viñeta a través de ventanas. Operación que responde tanto a cierta querencia estética a la puesta en abismo o actuar como una manera de focalizar la acción o en ciertos detalles. El uso de los colores que ahondan a una sensación de antinaturalidad y onírica, pero mucho más que definirlo como tal quizás sería mejor hablar de estar dentro de un sueño o pesadilla. El uso de la perspectiva recuerda al de algunos grabados de retratos de Hiroshige y Chikanobu; y por el camino un pequeño homenaje a Muybridge. En ese sentido nos encontramos con una obra plena y consciente.

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Apa Apa Cómics lleva los últimos años creando el catálogo de cómic de autor más prestigioso del país y la elección de María Medem continua con esa tradición. Tras lo dicho sobra decir lo recomendable de un trabajo en el que lo estético brilla por encima de todo. Pero que en ningún momento deja de lado la cuestión narrativa, si bien se trata de ese tipo de libros en el que más o menos podemos anticipar una parte de la resolución del relato, no se trata tanto de eso sino de leer dentro de esa puesta en escena, esta nos dará muchas de las claves internas para disfrutar, y porque no decirlo, gozar de este trabajo. Ciertos juegos de simetrías de proyección de los sentimientos de los personajes en elementos de la puesta en escena hacen de Cenit un trabajo rico fácil, en apariencia de leer en primera instancia, pero que nos regala alguna de las mejores viñetas que hemos podido ver por estos lares en los últimos años. Must have sí o sí.

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Klingons Come Home!!!

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Star Trek: Destino manifiesto (Mike Johnson / Ryan Parrot / Ángel Hernández). Drakul editorial, 2018. Rústica, 112 págs. Color, 14,95 €

Star Trek, no solo es el referente cultural más potente del siglo XX, por su repercusión popular sino también por la cantidad de homenajes, parodias y todo tipo de reescrituras de las que ha sido objeto. No solo es la serie que cambió el concepto de ficción televisiva sino la relación de los fans con los creadores y los actores de una producción televisiva. También tiene el honor de ser la serio de televisión una vida más larga en cómics, desde los primeros aparecidos en octubre de 1967 por parte de Gold Key ha habido una continuidad, siempre ha habido colecciones de grapa. Con la multiplicación de series, personajes y multiversos todo se amplifica hasta el punto que las viñetas centradas en este universo conforman un corpus ficcional tan extenso como el original.

Star Trek: Destino manifiesto forma parte de la línea temporal iniciada con la película dirigida por J.J. Abrams en la que Vulcano y la gran mayoría de sus habitantes han desaparecido y en el que los klingons, antagonistas clásicos de la serie original, no han irrumpido con fuerza. Todo a la espera de la posibilidad de que Tarantino lleve a cabo un proyecto en el que los hijos de Kahless tendrán un papel capital, en otra línea temporal. Mike Johnson y Ryan Parrot aprovechan este vacío para introducir a klingons en este universo expandido, quizás dado el éxito de la trama klingon de Star Trek: Discovery, con la idea de introducir dicha cultura en este nuevo universo.

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En esta miniserie aprovechan para hablar de la piedra angular de los cabeza de tortuga: el honor. Un grupo de klingons descastados, que no pertenecen a ninguna familia son lanzados por el Imperio como ariete a nuevos planetas para someter a los habitantes y anexarlos al gran Imperio Klingon. En esa búsqueda ciega del honor el capitán de esa nave decide atacar a la Enterprise no importándole el coste de vidas, ni humanas ni klingons. Por su lado la segundo de abordo decide que esa forma de proceder no corresponde a un klingon y decide contrarrestarlo con la ayuda de una parte de los miembros de la Federación.

Para cualquiera de los millones de fans de este universo, entre los cuales me incluyo, tiene que resultar, en primer lugar, un cómic que encaja a la perfección en el canon que está circunscrito, en segundo lugar, una lectura entretenida y emocionante, y, en tercer lugar, un atractivo la inclusión de los antagonistas tradicionales que ya estaban tardando en llegar a esta línea temporal. Se agradece, al menos para los que no somos muy fans del technobabbling, que los guionistas se pongan demasiado pesados con cuestiones técnicas de esta ficción galáctica, lo cual amplía el mercado de este título a lectores que no sean seguidores acérrimos Star Trek y que lo único que quieran es leer un cómic de acción muy interesante.

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Dorohedoro vol. 5 (QHayashida)

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Dorohedoro vol. 5 (QHayashida). Ecc, 2018. Rústica, 178 págs. B/N, 9,95 €

En la entrada anterior dedicada a los cuatro primeros tomos de Dorohedoro vimos que algunas de las pautas de creación de mundo que QHayashida hacía para esta creación es de libro. En primer lugar, no hay una presentación de personajes masiva, van apareciendo poco a poco, conociendo sus motivaciones; luego vamos conociendo el entorno más cercano, lugares y personajes; y para acabar el funcionamiento de ese mundo llamado Hole, condicionantes sociales, reglas de juego con las que los personajes deben interactuar, y tratándose de una narración sujeta a cuestiones fantásticas, en este caso de magos, como afecta esto a esta sociedad ficcional.

La línea argumental principal es la de Caimán que debe investigar que mago fue el que le convirtió en un reptiloide. Esa trama sigue ahí pero el autor opta en este volumen por describirnos otros aspectos de este universo. Caimán sigue ahí, pero en este caso se convierte en una especie de host para un lector que debe de descubrir las reglas del juego de los magos. Por otro lado, está la trama de En, el mago más reputado de la ciudad, que en este volumen empieza a tomar forma su línea argumental: encontrar un mago que sea capaz de controlar el tiempo. Ambas tramas se cruzan en un festival en el que los magos deben de encontrar una pareja, como acompañante de aventuras, en una relación simbiótica en la que ambos vean potenciados sus poderes. Vemos que el mundo de los magos es cruel y duro, que se mata y se muere por conseguir la pareja adecuada.

Mientras todo eso sucede, a diferencia de muchos mangas comerciales, el tiempo narrativo no es acelerado deja pasar el tiempo en la medida de lo necesario. El estilo gráfico sigue siendo potente y el diseño de personajes, la aparición de nuevos, sigue siendo muy atractivo. Dorohedoro es uno de esos mangas que funciona en el boca a boca, tiene personajes hiperatractivos pero el conjunto es más que satisfactorio, desde los protagonistas a los secundarios que funcionan como un reloj, al diseño de escenarios. Es uno de los mangas a los que hay que darle una buena oportunidad.

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“Y los muertos aquí lo pasamos muy bien”

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La danza de los muertos (Pierre Ferrero). La Cúpula, 2018. Rústica, 148 págs. Color, 16,90€

Cada vez más nos encontramos como cómics contemporáneos beben de obras gráficas antiguas, ya sean concretas o inspirándose en épocas o estilos artísticos, beber de obras concretas o incluso realizar cierta ficcionalización. En ese sentido el cómic ha sabido absorber no solo ciertos discursos narrativos desde el cinematográfico al literario, diferentes estéticas, sino que se encuentra desde un ángulo incomparable para acoger cualquier tipo de discurso y hacerlo propio. La idea de Pierre Ferrero es coger los famosos grabados de Hans Holbein de su obra La danza de la muerte. Las danzas de la muerte eran un tipo de relatos recurrentes en las que normalmente se mostraban como la muerte, en forma de esqueleto, invitaba a personas de diferentes estamentos, edades, y condición social a bailar alrededor de las tumbas. Como un recordatorio de lo efímero de la vida y que de la muerte no está a salvo nadie.

Pierre Ferrero quizás lo enfoque desde otro punto de vista, aquí la muerte es todavía más brutal. Un nigromante es el encargado de gestionarla, este quiere ser un emperador del mundo y para conseguirlo debe de hacer crecer su ejército de muertos. Para ello envía a sus secuaces a los cementerios, a.k.a. ciudades con personas vivas, que estos se encargarán de asesinar, luego el nigromante les devolverá la vida convirtiéndose en fieles seguidores. La historia se desarrolla en un momento clave, en el que parece que el rey de los vivos va asestar un golpe estratégico al nigromante, pero este se adelanta y consigue hacerse con todas las tierras.

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Ese sería el cuento central, pero, por un lado, aparte de esta gran narrativa, están Miguelito y Boubaquere, dos muertos que se dedican a rapiñar en los campos de batalla para conseguir algo de dinero para beber, colocarse y pasar una noche con alguna mujer. Participan en las contiendas, aunque en beneficio propio, alejándose de la idea de los muertos que siguen al nigromante ciegamente. Estos dos solo buscan estar tranquilos para fumar marihuana y echar unas risas. Por otro lado, está Pistugrí una superviviente que consiguió huir del ataque de los muertos a su ciudad, esta, en apariencia personaje secundario donde los haya, consigue el dominio de las artes mágicas y reestablecer el orden, aunque en realidad lo que hace es matar a todo aquel que le lleve la contraria.

Pierre Ferrero, elabora un cuento sencillo con resonancias de una obra del siglo XVI, examinando los grabados de Holbein con el trabajo del autor francés encontramos, no similitudes directas, pero si una forma de contar que se parece. Cierta forma de recochineo con el que la muerte trata a los vivos en los grabados reaparece en el trabajo actual. El nigromante y el rey de los vivos parecen ser grandes personajes históricos, pero no dejan de ser seres ridículos cegados por la ambición, ni siquiera los muertos consiguen deshacerse del ego, el orgullo, los vicios, etc. Visualmente es una obra divertida y efectiva, un dibujo con un cierto toque naíf que utiliza colores muy llamativos, que se insertan en los globos a modo de tipografía con vida. Todo recuerda a cómics de finales de los setenta y principios de los ochenta. Es una obra muy divertida y atrevida, y bastante gamberra, pero no nos olvidemos que, a veces, la muerte hay que tomársela a cachondeo.

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